DIARIO LIBRE EN CANNES|21 may 2013, 2:00 PM|POR EFE
GUARDADO EN:Paolo Sorrentino, CANNES, FESTIVAL, ROMA

La decadente Roma, teatro para los personajes vacíos de Sorrentino en Cannes

Paolo Sorrentino

CANNES, Francia.- Una de las ciudades más bonitas y decadentes del mundo Roma, sirve de maravilloso escenario a Paolo Sorrentino para situar una historia de personajes extraños y vacíos, liderados por un estupendo Toni Servillo, con la que el director compite en Cannes y que solo busca "mostrar una pobreza" moral.

Así lo explicó hoy en rueda de prensa Sorrentino, un tanto incómodo con las continuas preguntas sobre las similitudes de su filme "La grande bellezza" con "La dolce vita", de Federico Fellini.

"No creo que haya una relación" entre la época en la que se sitúa "La grande bellezza" con la que mostraba Fellini en su película. Pero, agregó: "he interiorizado el cine de todos los realizadores que me gustan" y "mi película trata algunos asuntos parecidos", pero "no tiene nada que ver".

"He tratado de no imitar al gran cine italiano, hubiera sido un error inútil hacer como que ese cine no ha existido y creo que forzosamente ha influenciado a toda la generación actual de directores italianos", matizó.

Por su parte, Servillo resaltó que el lenguaje de Sorrentino "hace referencia a los maestros que le han precedido" pero, mientras "La dolce vita" muestra a una Italia con esperanza y entusiasta, "La grande belleza" se centra en "gente que vive con frivolidad" en una ciudad "que simboliza las ocasiones perdidas" y todo ello con un tono melancólico.

"La grande bellezza" acompaña a Jep Gambardella en su quehacer diario por Roma, en sus citas de trabajo, las entrevistas que realiza y, sobre todo, las fiestas a las que acude o las que el organiza en su terraza, con vistas al Coliseo.

Gambardella es un escritor con un solo libro -un gran éxito muchos años atrás- que vive en un mundo centrado en la búsqueda de la belleza, la diversión, el relax, y todo lo que suponga un placer pero que dé poco trabajo.

Toni Servillo repite con Sorrentino y realiza, como es habitual en él, una fantástica interpretación, de un personaje que pretende ser más vacío de lo que es y que usa la ironía como escudo contra todo y contra todos.

Una película rodada con un extremo preciosismo y en el que Roma aparece a través de lugares conocidos y de rincones mucho menos reconocibles, que sirven para situar a los personajes en entornos que facilitan esa vida fácil y distendida.

"Siempre he anotado pequeñas anécdotas sobre multitud de cosas ligadas a Roma y la idea era que todas esas anécdotas acabaran por formar un filme", explicó Sorrentino, un napolitano que vivió su juventud en la capital italiana.

Y a través de esas imágenes de Roma, lo que ha construido el realizador es una película que "no intenta contar, sino expresar una pobreza que no es material sino de otro tipo", espiritual o moral. Pero no se centra solo en eso. No se trataba de "dar una opinión negativa, si no de simplemente ofrecer una representación general" de Italia.

"El protagonista es un testigo del mundo" y a través de su biografía se representa una historia, la de la gente que ha perdido algo y que trata de recuperarlo, explicó Servillo. Una película que el realizador considera que tiene una clara vocación internacional porque los personajes tienen unos problemas extrapolables a cualquier otro país.

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