“Ya no espero nada de nadie. Quien me piense, que me escriba. Quien me extrañe, que me busque...”

Anónimo

Marco Antonio Muñiz interpreta de forma magistral “nadita de nada”, y le tomo el título prestado porque como el béisbol en este bitercio insular “no hay nada, nadita de nada” que pueda igualarse en pasión entre los dominicanos.

Y para esa fiebre que se inicia a partir del jueves 20 no hay antipirético que logre bajarla. Y ese calor y ese sabor viene desde los orígenes del béisbol dominicano, y uno encuentra pruebas de que en 1903 se practicaba este pasatiempo en Santiago, en especial entre los socios del Nuevo Jockey Club con gran respaldo del público.

En 1908 y 1911 hay pruebas irrefutables de que en la región Sur, Baní y San Juan de la Maguana se jugaba béisbol.

En 1913, un 14 de septiembre, se inició la serie de 11 juegos, todos repletos de público entre Licey y Nuevo Club, la cual terminó el 25 de enero de 1914 empatada a cinco y un juego suspendido parejo por oscuridad.

El equipo San Carlos nació en 1913 y hasta 1921 tuvo una gran rivalidad con el Licey.

El 15 de noviembre de 1914 se fundó el equipo Legalista que compitió con el Licey, el Nuevo Club y San Carlos.

La pasión, la fiebre por el béisbol profesional dominicano no comenzó en 1951, a partir de esa fecha lo que sucedió fue darle a Trujillo la paternidad de un pasatiempo que tenía sus orígenes desde los inicios de 1900.

Como la pelota nuestra “no hay nada, nadita de nada”, en materia de competencia deportiva que se le compare, y a partir del jueves, como decía el mariscal escarlata Félix Mario Aguiar “jierro y tolete... romo y jupeo”.

El jardinero Manuel Emilio Jiménez, de las Estrellas Orientales, en el torneo 1959-60, estableció récord en el béisbol de invierno, al recibir 12 pelotazos en la serie regular del campeonato “24 de Octubre”. El récord anterior era de 8, de Woody Held, de los orientales en 1957-58. En 1951 Guillermo Estrella tenía la marca anterior con 6 en 1951.

Un día como hoy: En 1964, Roger Maris y Mickey Mantle, la temible dupla M-M, batearon jonrones sobre pitcheos consecutivos de Curt Simmons, y Joe Pepitone conectó un bambinazo con las bases llenas en el sexto juego y los Yanquis de Nueva York ganaron 8×3 a los Cardenales, en San Luis para empatar 3-3 la Serie Mundial. Ganó Jim Bouton y perdió Simmons.

En 1977, los Yanquis de Nueva York anotaron tres carreras en la primera entrada al derrotado Tommy John, y se enfilaron a una victoria de 5×3 sobre los Dodgers de Los Angeles, en el tercer juego de la Serie Mundial para ponerse adelante 2-1. El ganador fue Mike Torrez. Mickey Rivers empujó con rodado al cuadro en el cuarto la carrera del triunfo.

 Como el béisbol, nada, nadita, de nada
Manuel Emilio Jiménez

Twitter: @bienvenidorv

brojas@diariolibre.com

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