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Los ánimos... intactos

Fría mañana para Obama la de después del debate. Desde tres horas antes, a cinco grados centígrados, ya esperaban al Presidente cientos de personas en un parque público de Denver, en su primera aparición tras el primer debate con Romney en esta carrera electoral.


DENVER. Para el Presidente Barack Obama la mañana probablemente comenzó con malas noticias. La prensa había dado por ganador en el debate al candidato republicano Mitt Romney, en lo que muchos analistas consideran la "resurrección" del Partido Republicano en esta carrera por la Presidencia de la República, después de semanas por debajo de las encuestas en más de tres puntos.

Con semblante risueño, buen tono de voz y ganas de empatía, Obama subió al estrado dispuesto a demostrar que su magia sigue intacta. 12,300 seguidores, de acuerdo a datos de la municipalidad de Denver, estaban más que de acuerdo con él.

También aquí, como anoche en el debate, la clase media volvió a ser para Obama la audiencia que debe ser conquistada. Quiere estar seguro de que su mensaje llega correctamente, que quede claro en el electorado, "que no son los republicanos los que la van a proteger". Ambos partidos compiten por explicar cómo se vería afectada por sus respectivas propuestas impositivas. Cómo cambiaría su seguro médico de adoptarse el plan propuesto por Obama para universalizar la cobertura, (aunque más cara para los contribuyentes), o la implementación que sugiere Romney, dirigida fundamentalmente a privatizar muchos de sus aspectos y fomentar la competencia entre las aseguradoras y el derecho a escoger de los usuarios. Qué reforma educativa de las dos favorece más a su grupo.

23 millones de americanos están actualmente desempleados o en busca de su primer trabajo. La clase media como factor de estabilidad económico y social es, pues, un punto importante en el debate.

Obama bromea sobre "el tipo que ayer se hacía pasar por Romney" en alusión a -en su opinión - los cambios que ha sufrido el discurso del candidato republicano sobre la reducción del déficit del país. Dos días antes Romney despertaba la misma fiel respuesta en un hangar museo de la Fuerza Aérea. Ambos candidatos hablaron en Denver ante audiencias cautivas, y, sin embargo, dialogantes que se toman con absoluto espíritu festivo la campaña electoral.



Y esa capacidad de dialogar que evidencian los votantes la reclaman ambos partidos como característica de su propia organización. (En política, ya se sabe, la culpa de que no haya entendimiento siempre es del otro.) Una acusación, la de estar negados al diálogo y la concertación que los demócratas han enrostrado a los republicanos durante los dos últimos años.

Seguidores de Romney llevan camisetas con la pregunta Who is John Galt?, (¿Quién es John Galt?) en directa alusión a la obra de Ayn Rand, filósofa norteamericana que en años 50 desarrolló la teoría del Objetivismo y que es para muchos la corriente de pensamiento que mejor conecta con la personalidad y aspiraciones del pueblo norteamericano.

Y sí, realmente hay una discusión ideológica profunda en este torneo electoral. Matrimonio entre personas del mismo sexo o no. Aborto legal sin restricciones o no. Seguridad Social universal pública seguros médicos privados aunque el gobierno deba subvencionar a los ciudadanos directamente.

¿Podemos dejar a nuestros hijos una deuda que deberán pagar limitando sus propias capacidades financieras y necesidades futuras? se preguntó Romney la noche del debate. ¿Cómo se puede pretender superar la deuda pública y aumentar el presupuesto militar cortando impuestos?, refuta Obama.

Es una diferencia también política. Los republicanos quieren más poder para los gobiernos estatales y locales. Los demócratas, para el Gobierno Federal.

Para los seguidores de Obama en esta mañana de octubre no hace frío. "Cuatro años más" es el grito, dispuestos a animar a su Presidente, que sabe, y hace alusión a ello, que ayer no fue su mejor noche. Obama pide el voto. Pide que pidan el voto. Sólo quedan cinco días de plazo y ambos partidos están volcados en conseguir a los últimos indecisos. Colorado puede ser la diferencia entre ganar o perder la presidencia