Argentarium|08 nov 2012, 12:00 AM|5|POR Diario Libre

Yo aspiro a una pensión digna (3 de 3)

Cualquiera que ha leído las ideas de esta columna, sabe que confío en las fuerzas del mercado y que me opongo a cualquier tipo de control de precios por un ente centralizado, sea burocracia estatal o cartel privado.

El ejemplo más concreto ha sido mi oposición a que se dicten las tasas en las tarjetas de crédito. Mi reclamo es, y siempre ha sido, que éstas se transparenten, publiquen y socialicen entre los usuarios, para que ellos, que fijan la demanda, establezcan un equilibrio.

Cada regla tiene su excepción. En el caso de las comisiones que cobran las administradoras de fondos de pensiones (AFPs), se hace evidente que sus niveles absolutos, o la metodología de cómo se aplican, van en detrimento de los 2,655,998 afiliados del sistema y a favor de solo un puñado de AFPs.

A diferencia de las tarjetas, realmente cualquier libertad de elección que tienen los afiliados, aunque en teoría existe, se ejerce mínimamente.

En el 2010, de cada 10,000 afiliados criollos, solo 14 escogieron traspasar sus cuentas de una AFP a otra.

Esa tendencia a la pasividad, inercia o indiferencia del usuario en cuanto a quién es el administrador de los fondos para su retiro (es decir, su futuro) no es algo nuevo. Ha sido, de hecho, la norma desde que inició el sistema.

Compare nuestra tendencia desde el 2003 hasta el 2010, con el relativamente mayor dinamismo que muestran los afiliados en otros países.

Puntualmente, y siempre a diciembre de 2010, la República Dominicana mostraba el menor nivel de rotación entre sus afiliados previsionales de toda América Latina. En la región, de cada 10,000 afiliados, 380 cambiaron de proveedor ese año, es decir, 27 veces más (en promedio) que en el país.

A diferencia de una tarjeta, quien aporta (conjuntamente con su empleador) casi el 10% de su salario para una futura pensión, no puede optar a cotizar o no. Tiene, por ley, que hacerlo.

En el caso de una tarjeta, se puede seleccionar una de cientos de tipos de plásticos, provistas por veinte proveedores con diferentes modalidades de financiamiento. Lo que es más, el cliente tarjetahabiente no solamente puede escoger consumir o no, sino que también puede decidir financiarse o no y por qué tiempo lo hace.

En el caso de las AFPs, además de que son solo cinco, y que las barreras de entrada son mucho más elevadas, la cotización es obligatoria y por un plazo también establecido por ley.

Volviendo a la "complementaria"

Desde su concepción, la ley de Seguridad Social establece un tope o techo a las comisiones complementarias de "hasta 30%" del rendimiento que obtiene una AFP a favor del afiliado en exceso a lo que pagan los depósitos a plazo en la banca.

Observe (en la tercera gráfica), que hasta el 2008, esta complementaria solo promediaba 20% de los ingresos de las AFPs. También hasta 2008, como vemos en la cuarta gráfica, el rendimiento que obtenían las AFPs para los trabajadores solo fue 22% superior a un plazo fijo.

A partir del 2008, sin embargo, las complementarias promedian el 70% de los ingresos AFPs y los trabajadores llegaron a obtener hasta 129% más por sus aportes que de haberlos invertido en la banca.

¿Qué evento mágico ocurrió en el 2008?

No fue ninguna magia, ni tampoco las AFPs descubrieron una exclusiva o propietaria fórmula para generar tan buenos rendimientos para los trabajadores.

Ese año, simplemente, se permitió que los fondos de pensiones pudiesen ser invertidos en títulos del Banco Central y Hacienda, muchos de los cuales generaban retornos hasta tres veces superiores a los obtenidos en un depósito bancario.

Correctamente se ampliaron las opciones de inversión de los fondos, y se logró, tardíamente en mi opinión, generar un mayor rendimiento para ellos.

Lo que no se hizo fue redefinir, como se debió haber hecho, la base de referencia o "benchmark" contra el cual se debía comparar el valor agregado que, efectivamente, generaban las AFPs en sí.

¿Por qué no? No sé. Pero algo queda claro: en 2001, cuando se aprobó la ley, un trabajador no podía invertir en un título de Banco Central o Hacienda. Era lógico, entonces, pagarles a las AFPs en base a que superaran la referencia de entonces.

Ahora, cualquiera puede invertir RD$100,000 en un papel bancentraliano y obtener un 15%, no un 4.5% que es la tasa pasiva promedio de la banca. Si cualquiera puede hacerlo, ¿por qué se siguen compensando con el 30% las AFPs por un retorno fácilmente replicable?

Fin de una serie de tres

Nada de lo que he escrito es nuevo para los responsables del sistema de Seguridad Social, incluyendo a las mismas administradoras de fondos de pensiones.

De mantener el status quo, en 20 años veremos que las AFPs fueron el mejor negocio del mundo, a costa de limitar la magnitud potencial, y la dignidad, de las pensiones de nuestros trabajadores.

Esta es mi opinión. Recuérdela en 2030.

arg@betametrix.com / @argentarium

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