Destacada|30 nov 2012, 12:00 AM|5|POR Diario Libre / Fotos Marvin del Cid
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El manga dominicano, una fusión cultural

En el esforzado mundo de los productores de historietas nacionales, unos pocos están desarrollando un tipo de cómic cuyos orígenes se remontan a Japón: el manga. Son creadores locales que han adoptado la estética de los ojos grandes, las narices estilizadas y las muecas exageradas a sus historias, pero con un giro: la incorporación de elementos dominicanos. 

Tiene una nariz puntiaguda, una sonrisa amplia digna de cualquier comercial de pasta dentífrica, y dos ojos tan grandes que en la vida real pasaría por extraterrestre. Es Paul Paz, el protagonista de la serie de manga dominicano Canquiña. A primera vista, el chico parece un personaje de historieta nipona, pero una serie de elementos lo delata: sus rizos amplios, su vestimenta de pelotero y, principalmente, el bate enorme que lleva en la mano.

Paul Paz es dominicano, habla como dominicano, ha nacido de la creatividad dominicana, pero una parte importante de su estética viene del Japón. El presidente de Moro Studio, el grupo creador de Canquiña, lo resume así: “Siempre buscamos salpicar la cultura criolla en nuestro trabajo”. 
 
 

Y esa es una consigna bastante transversal en los cinco principales estudios que desarrollan manga en el país. Relativamente nuevos, estos grupos fueron apareciendo tras el lanzamiento de las primeras producciones de influencia nipona en 2006, durante el Conanime organizado por Unibe. Impulsados por un gusto común hacia el cómic en general y la ilustración en particular, se caracterizan por estar compuestos de jóvenes apasionados, dispuestos a crear a cambio de muy poco. 

La fusión cultural domínico-japonesa atraviesa a los mangas nacionales, aunque los estudios se diferencian entre sí por la tónica de sus contenidos. Así,  “Project Noa” de Jagua Studio, es una historia centrada en un joven superhéroe y con altas dosis de acción. “Para el año que viene tenemos proyectos más relacionados con la sicología, más occidental y de corte nativo”, explica Breilin Montero, presidente de este grupo. 

Alpha Eve, conocida en el medio local por su manga “Baka, el mito asesino”, rescata las tradiciones dominicanas de una manera particular. “La historia se basa en un senador dominicano obsesionado con capturar bacas para hacerse con el poder” explica Darwin Núñez, presidente y fundador del estudio. 

Rurrubel, en tanto, se caracteriza por centrarse en el género shojo: un tipo de manga donde las protagonistas son mujeres con algún tipo de magia. Apunta más a chicas y sus personajes son estilizados, de cara alargada y trazos finos.  

Telsa Blaze, en tanto, busca la difusión de valores: “La preservación, el compañerismo, el trabajo en equipo, el fin al bullying, la creatividad y la iniciativa a la lectura”, enumera Luigi Paredes, director de arte del grupo. Para ello, se dedican a dar clases y talleres de manga, para distintos niveles.
 


El esfuerzo del arte
“La mayoría de las personas que lo hacen, lo hacen a nivel artesanal en su casa, aunque ya están constituidos como grupo: uno que escribe, otro que dibuja, otro que empagina, y así”, resume Juan Neder, uno de los organizadores de Feria Mundo Anime.
 
 

El esfuerzo de producción es evidente. De los cinco estudios, solo uno cuenta con un espacio físico para laburar: Moro Studio. El resto se las arregla a través del trabajo en casa, con reuniones esporádicas entre sus miembros, cuyo número no sobrepasa las siete personas. 

Las dificultades no se detienen ahí. “Por ahora la distribución es lo que más nos aprieta”, explica Leorian Ricardo, director creativo de Moro Studio. “No hemos encontrado un lugar donde distribuir realmente, porque aquí no hay tiendas de cómic ni quioscos”, explica. Con un pequeño espacio en librerías, y la participación en los distintos eventos del país –como la feria del libro o iniciativas para otakus-, consiguen vender unos 700 ejemplares de las mil unidades que imprimen por tirada. El resto se destina a promoción. 

Los ingresos generados por los mangas están lejos de ser suficientes. Para mantener el local andando, Moro Studio ofrece servicios de ilustración y realización de historietas. Hacen trabajos para libros y editoriales, y manejan una cartera de clientes diversos. Para los últimos Premios Casandra, cuentan orgullosos, fueron los responsables de las proyecciones animadas. 

El trabajo del manga es de largo aliento, pero ellos insisten, optimistas. “Canquiña’ es el único a la fecha con cuatro números seguidos, y esperamos seguirlo hasta el número siete”, cuenta Leorian Ricardo. Paul Paz, el personaje del bate, tiene futuro.
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