ACTUALIDAD|02 feb 2013, 11:40 AM|POR EFE
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Volgogrado vuelve a ser Stalingrado para conmemorar la histórica batalla

Imagen de la épica batalla de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial. EFE
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MOSCÚ.- La ciudad rusa de Volgogrado se despertó hoy como Stalingrado por un día para conmemorar así el 70 aniversario de la victoria soviética en la histórica batalla contra la Alemania nazi que cambió el devenir de la Segunda Guerra Mundial.

Alrededor de 20,000 personas asistieron a la solemne marcha militar en la Plaza de los Luchadores Caídos, encabezada por el mítico tanque soviético T-34, núcleo del arma acorazada del Ejército Rojo durante aquella contienda, y protagonizada por 650 soldados, oficiales y cadetes del Cuerpo de Cosacos de Volgogrado.

El presidente ruso, Vladímir Putin, se desplazó a la ciudad para depositar flores en el Panteón de la Gloria, coronado por la estatua de la Madre Patria.

Poco después, durante el concierto en honor de la victoria y los veteranos de guerra, el presidente ruso recordó que la batalla de Stalingrado es recordada y homenajeada no sólo en Rusia, sino en decenas de países y ciudades del mundo y sobre todo Europa, donde calles y plazas llevan el nombre de la ciudad.

"Stalingrado será por siglos de los siglos el símbolo de la unidad y la invulnerabilidad de nuestro pueblo, símbolo del auténtico patriotismo, de la gran victoria del soldado libertador soviético. Y mientras seamos fieles a Rusia, a nuestra lengua y cultura, a nuestras raíces (...) Rusia será invencible", exclamó.

La legendaria ciudad del sureste ruso, bañada por el río Volga, recordó el capítulo más sangriento de la historia, la primera batalla urbana a la que se tuvo que enfrentar, entre julio de 1942 y febrero de 1943, el hasta entonces prácticamente invencible Ejercito alemán.

Alrededor de dos millones de personas, entre civiles y soldados soviéticos y alemanes, perecieron a orillas del río más grande de Europa durante los 200 días exactos que inclinaron la balanza de la contienda a favor de la Unión Soviética y los aliados.

Entre las víctimas de Stalingrado estaba Rubén Ruiz Ibarruri, el único hijo de la dirigente comunista española Dolores Ibarruri Gómez, más conocida por "Pasionaria", que había emigrado a la Unión Soviética tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil que desgarró España entre 1936 y 1939.

El único hijo varón de la "Pasionaria", que ya había combatido en su país natal, falleció el 14 de septiembre de 1942 en Stalingrado, tras lo cual fue distinguido a título póstumo como Héroe de la Unión Soviética, la máxima condecoración en el país comunista.

En la Stalingrado de hoy, rebautizada como Volgogrado, donde vive más de un millón de personas, todo o casi todo recuerda el pasado heroico de la Stalingrado del pasado.

La ciudad está salpicada por innumerables monumentos a la victoria soviética que con su tamaño y dramatismo inmisericordes oprimen al visitante y no dejan olvidar el sufrimiento y la muerte.

Muchos supervivientes de la guerra y también no pocos de sus descendientes, cultivados en el recuerdo del estoicismo de la ciudad, quisieran que el nombre que por un día recuperó hoy su patria chica quedara para siempre.

Para ellos han puesto a circular desde hoy y hasta el próximo 9 de mayo, cuando los rusos celebran el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi, cinco "stalinobuses", los controvertidos autobuses con la imagen del dictador soviético Iósif Stalin.

La iniciativa, muy criticada por los defensores de los derechos humanos y la oposición liberal, quiere destacar el papel crucial de Stalin en la victoria sobre los alemanes, lo que consideran un acto de "justicia histórica".

Poco importa que ese papel del dictador, según la mayoría de los historiadores contemporáneos, condenó a muerte a millones de personas y redujo prácticamente a cenizas la ciudad. "Es hora de frenar la retirada.

Ni un paso atrás", rezaba la arenga de Stalin a las tropas en julio de 1942, la famosa directiva 227 que no dejó lugar a la opción de retroceder y por la que se crearon los batallones punitivos, que debían ametrallar a todos aquellos que se batieran en retirada.

La ciudad fue arrasada por la aviación y la artillería alemanas, pero con los soviéticos al pie del cañón, las tropas del mariscal Von Paulus se vieron obligadas a combatir casa por casa sobre las ruinas de los edificios en medio de un crudo invierno con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero, algo que no pudieron aguantar.

Stalingrado supuso el comienzo de la gran contraofensiva soviética que comenzó con la expulsión del invasor nazi y acabó con la captura de Berlín en 1945.

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