Actualidad|13 abr 2013, 10:25 AM|3|POR AP

Se reduce la ventaja de Maduro en las encuestas

El presidente encargado venezolano Nicolás Maduro
CARACAS, Venezuela. — Nicolás Maduro espera aprovechar una ola de dolor para ganar mañana,  domingo, las elecciones presidenciales extraordinarias de Venezuela y obtener el apoyo de los electores para ocupar el cargo del fallecido presidente Hugo Chávez, el adorado y carismático líder que lo escogió para seguir adelante con la desordenada e inconclusa revolución chavista.

Quien sea que gane, Maduro o el retador de la oposición, Henrique Capriles, heredará numerosos problemas.

Aunque todavía es el favorito, la gran ventaja de Maduro en las encuestas de opinión se ha reducido significativamente en las últimas semanas en momentos en que los venezolanos se ven obligados a enfrentar una amplia gama de problemas que muchos atribuyen a la mala administración de la economía y la infraestructura por parte de Chávez: apagones crónicos, inflación muy superior al 10% y escasez de alimentos y medicinas. A eso se agrega la rampante ola de delincuencia; Venezuela tiene una de las mayores tasas de homicidios y secuestros del mundo.

Maduro, un antiguo activista sindical con estrechos lazos con Cuba que fue canciller de Chávez, dio el jueves señales de sentirse abrumado durante el último discurso de campaña ante cientos de miles de fieles con camiseta roja.

"Yo necesito el apoyo de ustedes. Esta tarea que me dejó el comandante Chávez es una tarea muy difícil", dijo Maduro, quien se convirtió en presidente encargado después que Chávez falleció de cáncer el 5 de marzo. "Esto de ser presidente y conductor de una revolución es una vaina bien arrecha (algo muy difícil)".

Capriles, de 40 años y gobernador estatal que perdió a manos de Chávez en las elecciones presidenciales de octubre, criticó fuertemente el historial del gobierno socialista de promesas incumplidas mientras recorría el país en una gira vertiginosa. El guión de su campaña incluyó leer una lista de proyectos inconclusos de carreteras, puentes y ferrocarriles, antes de preguntar qué productos escaseaban en las tiendas.

Maduro, de 50 años, presentó un mensaje sencillo, un tema de la campaña presidencial de octubre. "Yo soy Chávez. Todos somos Chávez", y ha prometido ampliar una amplia gama de programas creados por el hombre a quien llamó el "Jesucristo de América Latina", financiados por un billón de dólares en ingresos petroleros durante los 14 años que Chávez estuvo en el poder.

Maduro movilizó a una burocracia estatal de casi 2,7 millones de empleados creada por Chávez mientras cimentaba un control casi monopólico sobre el poder, usando a figuras leales en el poder judicial para intimidar y disminuir a la oposición, en particular a sus medios de radio y televisión.

Pero no hay soluciones fáciles al desastre venezolano.

Muchas fábricas en el corazón del país operan a media capacidad debido a los estrictos controles de divisas que las han dejado sin la moneda fuerte que necesitan para importar productos. Líderes empresariales afirman que algunas compañías están al borde de la bancarrota, incapaces de ampliar sus líneas de crédito con proveedores en el extranjero.

Chávez impuso el control de cambio hace una década para eliminar la fuga de capital en momentos que expropiaba grandes extensiones de tierra y numerosos negocios privados.

Pero el tiro le ha salido por la culata. En el dinámico mercado negro los dólares se venden a tres veces la tasa de cambio oficial y Maduro ya ha devaluado dos veces este año la moneda nacional, el bolívar.

El gobierno culpa de la escasez de leche, mantequilla, harina de maíz y otros bienes de alto consumo al acaparamiento. Por su parte, la oposición culpa a los controles de precios ordenados por Chávez para controlar la elevada inflación.

"Chávez es algo único en el sentido de que sobrevivió una gran popularidad durante años de estanflación", dijo Siobhan Morden, jefe de Estrategia para América Latina de Jefferies LLC. "Los votos de conmiseración (a favor de Maduro) perderán vigencia, ¿y puede él sobrevivir un período (presidencial) de seis años con estanflación? Si él cree que tiene que impulsar la economía, ¿qué hará dadas las limitaciones ideológicas?", agregó.

Capriles afirma que dará vuelta atrás a las expropiaciones de tierras, que, argumenta, han arruinado algunas granjas y convertido a Venezuela en un importador neto de bienes, como carne vacuna y café.

Pero incluso Capriles dice que los controles de cambio y precios no pueden eliminarse de inmediato sin provocar una pérdida desastrosa en el valor del bolívar. Como forma de inyectar dólares de inmediato a la economía, Capriles ha propuesto poner fin a los envíos de petróleo a Cuba en términos preferenciales.

Capriles también reestablecería relaciones estrechas con Estados Unidos, país al que Chávez denigró después de una intentona golpista en 2002 que Washington apoyó inicialmente.

La campaña de Maduro no ha sido de ideas, sino de alabanzas a Chávez.

Maduro ha seguido el guión de su mentor de culpar de los problemas del país al sabotaje y a los subterfugios de "la extrema derecha", a los paramilitares colombianos, a los que desde Estados Unidos presionan por un golpe y a otras fuerzas oscuras. Pero nunca presenta pruebas. Los sospechosos "capturados" rara vez son identificados.

Y los chavistas aceptan completamente lo que dice la maquinaria mediática del gobierno, poderosa y ubicua. Una de esas personas es Yadaira Núñez, una abuela de 43 años casada con un bombero voluntario que vive con tres generaciones de familiares en una choza de madera en una zona ocupada en las afueras de la cuidada de Valencia, en el centro del país.

Al preguntársele si no estaba harta de los socialistas en el gobierno debido a los apagones y la escasez de alimentos, Núñez dijo: "Bueno, eso también es sabotaje. No hay que cerrar los ojos a la realidad".

"¿Cuál es la evidencia? ¿Que al aproximarse las elecciones no hay harina? Mira, mi nieta no tiene leche porque no conseguimos leche en ningún lado", dijo.

Para muchos venezolanos resulta suficiente que Chávez les haya dicho que voten por Maduro, por ahora.

"No votar por Maduro sería traicionarlo a él", dijo Núñez refiriéndose a Chávez. ¿Y si Maduro prueba ser un fracaso? "Lo sacamos, lo sacamos inmediatamente".

Quienquiera que gane todavía tendrá la ventaja de precios históricamente altos del petróleo que Chávez disfrutó durante la mayor parte de sus años en el poder y que le permitieron invertir 500.000 millones de dólares en programas sociales y reducir el índice de pobreza de 50% a aproximadamente 30%.

Pero ha tenido un costo elevado.

La deuda de la petrolera estatal PDVSA llegó a 40.000 millones de dólares el año pasado cuando Chávez ordenó que la compañía se dedicara a la distribución de alimentos y a la financiación de programas sociales.

Los críticos dicen que el gobierno no invirtió en el sector petrolero y la actividad de producción y refinado se desplomó y que los ingresos por concepto del petróleo bajaron de 5.600 millones de dólares hace cinco años a 3.800 millones de dólares en 2012.

El país incluso importa 100.000 barriles diarios de gasolina de Estados Unidos.

Ni Maduro ni Capriles tienen el gran carisma de Chávez, quien pasaba horas en televisión en intervenciones pintorescas y administraba hasta el último detalle al convertir quejas de la ciudadanía en órdenes a sus ministros, que tenían que solucionarlas de inmediato.

No era la forma más efectiva de gobernar, pero encantaba a millones.

Maduro ha batallado por ganarse el afecto de los chavistas.

"Maduro es muy aburrido. Monta un show que fue bastante entretenido, pero cuando comienza hablar uno quiere que termine rapidito", dijo Lorena Franco, una enfermera de 25 años.

Entre los partidarios de Capriles hay un optimismo cauteloso. La asistencia a sus actos de campaña fue de cientos de miles de personas, que sabían que no es el favorito pero también opinan que Maduro no podrá llevar a término ni siquiera la mitad de su período de seis años.

"Creo que la gente se va a voltear (contra Maduro)", dijo Danais Trepiano, una madre de 30 años con el cabello negro a la moda y varios tatuajes.

Trepiano es un ejemplo de los venezolanos jóvenes de clase media alta que se sienten excluidos y vilipendiados en un país patas arriba.

El padre de Trepiano tuvo que cerrar su negocio de fabricación de bolsos de piel. Ella lo ayuda a diseñar camisetas y a venderlas por internet y se ha dado por vencida en tratar de encontrar un empleo.

La joven asistió a escuelas privadas pero no puede darse el lujo de ofrecerle lo mismo a su hija de seis años, que asiste a una escuela pública donde Trepiano dijo que le lavan el cerebro con propaganda chavista.

"Yo le dije: 'Voy a la marcha de Capriles'. Y ella me dijo: 'Pero Chávez es el corazón del pueblo, me lo dicen en la escuela' ".

Trepiano, que tiene doble ciudadanía venezolana y española, lucha por decidir si se queda en su país natal.

"Cuando me sienta bien ahogada, me voy", dijo. "Estoy cansada de la inseguridad. Estoy cansada de no encontrar cosas cuando voy a las tiendas".

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