The Economist|24 dic 2012, 12:00 AM|POR Diario Libre

No es lo que solía ser (I DE III)

Educación superior. Las universidades estadounidenses representan valor decreciente para el dinero de sus estudiantes 

Aparentemente la educación superior estadounidense todavía está en buena salud. En los rankings mundiales más de la mitad de las cien universidades mejores, y ocho de las diez mejores son estadounidenses. La producción científica de las instituciones estadounidenses no tiene paralelo. Producen la mayor parte de los laureados con el Nobel y documentos científicos. Además, los graduandos, en promedio, todavía ganan mucho más y reciben mejores beneficios que los que no tienen un título.

Sin embargo, hay una creciente preocupación en los Estados Unidos acerca de la educación superior. Un título se ha considerado siempre como la clave para un buen empleo. Pero el aumento de las matrículas y una creciente deuda estudiantil, combinados con la contracción de la rentabilidad financiera y la educación, están socavando por lo menos la percepción de que la universidad sea una buena inversión.

La preocupación surge de un número de cosas: fuertes incrementos en la matrícula, aumento en los niveles de deudas de los estudiantes y las universidades, y la decreciente calidad de los graduandos. Empecemos por las matrículas. El costo de la universidad por estudiante se ha incrementado casi cinco veces la tasa de inflación desde 1983 (ver gráfico 1), haciéndola menos asequible y aumentado la cantidad de deuda que los estudiantes tienen que asumir. Entre el 2001 y el 2010 el costo de una educación universitaria se disparó de 23% de un ingreso medio anual a 38%; en consecuencia, la deuda por estudiante se ha duplicado en los últimos 15 años. Dos terceras partes de los graduandos tienen ahora préstamos. Los que recibieron títulos de licenciatura en el 2011 se graduaron con un promedio de deuda de $26,000, según el Proyecto sobre Deuda Estudiantil, un grupo sin fines de lucro.

Más deudas significa mayores riesgos, y la graduación está lejos de ser cierta; las posibilidades de que un estudiante estadounidense complete un programa de cuatro años en seis años son de 57%. Esto es pobre de acuerdo a los estándares internacionales: por ejemplo, Australia y Gran Bretaña, están mucho mejor.

Al mismo tiempo, las universidades han estado gastando más de lo que tienen. Muchas han tomado demasiados préstamos y han visto declinar la salud de sus estados de situación. Por otra parte, la titularización de los préstamos estudiantiles condujo a una carrera de préstamos privados imprudentes. Por lo menos esto ha sido ahora frenado mediante regulación. En el 2008 los prestamistas privados desembolsaron $20 mil millones, el año pasado solo prestaron $6 mil millones. A pesar de tantos años buenos, las universidades han hecho muy poco hasta recientemente para mejorar los cursos que ofrecen. El gasto universitario es impulsado por la necesidad de competir en las ligas universitarias que tienden a clasificar casi todo acerca de la universidad excepto la calidad de los graduandos (muy difícil de medir) que produce. Roger Geiger y Donald Heller de la Universidad Estatal de Pennsylvania dicen que desde 1990, tanto en las universidades públicas como privadas, los gastos de instrucción han aumentado más lentamente que en cualquier otra categoría del gasto, aun cuando el número de los estudiantes haya aumentado. Sin embargo, las universidades están gastando mucho más en servicios administrativos y de apoyo (ver gráfico 2).

Las universidades no se pueden dirigir al gobierno para que las rescate. Los estados ya han reducido dramáticamente la cantidad de ayuda financiera que dan a las universidades. Barack Obama ha expresado claramente que está descontento con el aumento de las matrículas, y amenaza a las universidades que reciben ayuda con recortarla si continúan aumentando la matrícula. Roger Brinner del Parthenon Group, una consultora, predice que la tasa de inscripción se mantendrá baja durante los próximos cinco a siete años aun si la economía se recupera. La fiesta puede verdaderamente haber terminado.

El aumento de las matrículas y una creciente deuda estudiantil, combinados con la contracción de la rentabilidad financiera y la educación, están socavando la percepción de que la universidad sea una buena inversión.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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