Afuera de la sede del Partido Socialista en París hubo muestras de júbilo, después que François Hollande superó la primera vuelta de las elecciones presidenciales obteniendo 28.6% del voto. Durante la noche, su ventaja sobre el presidente Nicolas Sarkozy disminuyó ligeramente. Los resultados oficiales ahora le dan al presidente actual 27.1%. Estos dos candidatos se enfrentarán en una segunda vuelta el 6 de mayo.
Ahora algunos analistas sugieren que la ligera ventaja de Hollande deja el camino abierto. Es cierto que sería un error subestimar la habilidad del energético Sarkozy para hacer campaña. Pero no veo como él podrá hacerlo a estas alturas del juego.
El argumento a su favor está basado en el decepcionante resultado logrado por el contendiente respaldado por los comunistas, Jean-Luc Mélenchon. Obtuvo 11.1% cuando algunas encuestas consideraron que obtendría 15%, y sugirieron que podría quedar en tercer lugar.
Por el contrario, en la extrema derecha, y como anteriormente, a Marine Le Pen, del Frente Nacional, le fue mejor de lo que sugerían las encuestas, obteniendo 18% de los votos. Esta cifra, aunque no es tanto como algunas encuestas sugirieron, es más de lo que su padre, Jean-Marie, logró obtener cuando quedó en la segunda vuelta en el 2002; de hecho, es el mejor resultado que el Frente ha obtenido en elecciones presidenciales.
Sume el resultado de la "derecha" (incluso un candidato nacionalista menor), es el argumento, y obtendrá 46.9%; mayor que el resultado combinado de la izquierda de 44%. Todo lo que Sarkozy necesita para asegurar la mayoría es la mitad de los votos centristas quienes apoyaron a François Bayrou, que obtuvo 9.1%.
Pero en mi opinión este razonamiento tiene muchas fallas. ¿Por qué? Principalmente porque a pesar de que la señorita Le Pen puede ser etiquetada de "extrema derecha" por su retórica anti-islamista y anti-inmigrantes, ella acapara muchos de los votantes anti-Sarkozy y anti-sistema quienes están hartos de los tratos acomodados de la elite de París.
Esto incluye numerosos votantes de la clase trabajadora y excomunistas en lugares tales como el norte industrial de Francia, cerca de su baluarte en el pueblo que fuera minero de Henin-Beaumont, quienes no pierden el tiempo con Sarkozy o la derecha política.
Por lo tanto, muchos de los votantes de Le Pen no se irán automáticamente detrás de Sarkozy en la segunda vuelta. No importa qué tanto él trate de conquistar su voto con anunciar reglas más fuertes sobre la migración de lo que ya lo ha hecho, a esta gente sencillamente no le gusta el hombre. Una encuesta sugiere que sólo 40% de sus votantes respaldarán a Sarkozy; 27% apoyará a Hollande; y 33% están indecisos o se abstendrán.
En otras palabras, Sarkozy tiene muchos menos votos potenciales para la segunda vuelta de lo que las cifras crudas puedan sugerir. Esa es la razón por la que Hollande luce tan fuerte. Él obtiene 44% sencillamente por la suma de todos los votos de la izquierda, tanto de Mélenchon como de otros anticapitalistas. A diferencia de los votos de la "derecha", estos parecen seguros para Hollande. Mélenchon hizo un llamado a sus partidarios para que voten por Hollande, como lo hizo Eva Joly, la candidata Verde que obtuvo 2.3%.
De manera que todo lo que Hollande necesita es una pequeña proporción de los votos de Le Pen y el resto de Bayrou. Es por esto que no importa lo bien que Sarkozy resulte en el debate televisivo el 2 de mayo, sus posibilidades lucen escasas. Encuestas tempranas de la segunda vuelta le dan a Hollande una ventaja de ocho puntos en la segunda vuelta, y ninguna de las encuestas realizadas durante la campaña le da ventajas a Sarkozy.
Ahora los socialistas tienen el ímpetu de la victoria de la primera vuelta, y la ola de descontento contra Sarkozy. Mi opinión es que las posibilidades están fuertemente a su favor.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com