Ciclismo de montaña (i de II)
La asignación de analistas para cubrir el mundo rutinario de los productos básicos y la minería era una vez el castigo de los bancos de inversión a los empleados de poca monta. Entonces la vibrante economía china y su apetito por materias primas hicieron que el precio de los metales industriales y las mercancías a granel se disparara. Sorprendió ver el triste mundo del cobre, zinc y níquel, y las empresas mineras que los extraen, cambiar de un papel equivalente a despido indirecto al glamour.
¿Puede durar? Señales de que la economía de China está disminuyendo su ebullición - cifras recientes muestran un crecimiento anual en el segundo trimestre en un mero 7.6% comparado con las tasas de dos dígitos de los años anteriores - conducen a algunos a sugerir que el boom de las mercancías ha concluido y que es probable que los precios se desplomen. Ese pronóstico luce prematuro.
La década pasada fue notable para los metales y las mercancías a granel - mineral de hierro y carbón. Los consumidores, desesperados por obtener las materias primas, pagaron mucho más del costo de producción ya que la demanda excedía la oferta, que estaba restringida por años de baja inversión de parte de las empresas mineras. Muchos analistas hablan de un "super ciclo", un repunte a largo plazo de los precios que ha durado décadas debido a la demanda china.
La urbanización de la China ha sido la fuerza fundamental detrás de la demanda. Hasta inicios del milenio, China, el mayor productor de muchas mercancías, era grandemente autosuficiente y hasta un exportador modesto. Las reformas económicas la han convertido en un gigante manufacturero y exportador, y han provocado una gran emigración del campo a las cavernosas factorías y mega ciudades de la nueva China. Las viviendas, caminos, trenes e infraestructura para soportar este cambio han requerido importaciones masivas de minerales.
La producción de acero en China creció en 16% al año entre el 2000 y el 2011. Cerca de la mitad de las materias primas para fabricar acero y dos quintas partes de su cobre y aluminio ahora desaparecen en las fauces del dragón. El precio del cobre, que había caído en 0.8% al año en las décadas de 1980 y 1990 para llegar a un precio de un poco más de $1,300 la tonelada hace una década, excedió $10,000 la tonelada a principios del 2011 y todavía se mantiene en cerca de $7,500.
La desaceleración en China ha hecho que las personas se pregunten si el super ciclo ha concluido. Las evidencias sugieren que ha hecho pico. Los académicos que exploran los super ciclos ocurridos en los últimos 150 años conjeturan que la fase expansionista dura entre 15 y 20 años. La mayoría de los analistas consideran que el inicio del ciclo más reciente ocurrió alrededor del año 2000 (ver gráfico 1). HSBC, que piensa que este ciclo solo tiene siete años, concede que enfrenta el inicio de la "crujiente mediana edad" y que una larga senescencia podría seguirle. Ruchir Sharma de Morgan Stanley ve en una historia de 200 años de precios de productos básicos una tendencia repetida de dos décadas de disminución de precios seguidas por una década de ganancias.
Los magnates de las mercancías y las grandes compañías mineras del mundo tienen una respuesta a todo esto. Ellos consideran que China todavía tiene mucho que hacer en la construcción de ciudades, carreteras y aeropuertos. Marius Koppers, el jefe de HP Billiton, la empresa minera más grande del mundo, señala que 200 millones de chinos emigraron de las aldeas a las ciudades entre el año 2000 y el 2010; él espera que otros 250 millones les sigan en los próximos 15 años.
¿Puede durar? Señales de que la economía de China
está disminuyendo su ebullición - cifras recientes
muestran un crecimiento anual en el segundo
trimestre en un mero 7.6% comparado con las tasas
de dos dígitos de los años anteriores - conducen a
algunos a sugerir que el boom de las mercancías ha
concluido y que es probable que los precios se
desplomen. Ese pronóstico luce prematuro.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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