The Economist|09 nov 2012, 12:00 AM|POR Diario Libre

El modelo Pernambuco

Eduardo Campos, gobernador de Pernambuco, en el nordeste de Brasil.

El nordeste de Brasil. Eduardo Campos es al mismo tiempo un gerente moderno y un jefe político pasado de moda. Su éxito en desarrollar su estado podría convertirlo en el próximo presidente de su país. 

En los años de 1980 una antropóloga estadounidense, Nancy Scheper-Hughes, realizó trabajos de campo en Timbaúba, un pueblo en la región azucarera del estado de Pernambuco, en el nordeste de Brasil. Ella describe un lugar aparentemente resignado a la pobreza absoluta. La agobiante tarea de cortar caña de azúcar con un machete ofrecía un trabajo mal pagado durante unos pocos meses al año. Las muertes de los niños pequeños por enfermedades y malnutrición eran aceptadas "sin llanto".

En Timbaúba sobreviven huellas de ese mundo amargo. En Alto do Cruzeiro, un suburbio pobre en una colina que domina la ciudad, Severina da Silva, una criada que también tiene una tienda en su sala, dice que algunas personas todavía pasan hambre. Tiene 48 años pero luce 20 años más vieja. Un cortador de caña de 31 años apodado "Bill" tiene seis niños - reminiscente de los días cuando las personas tenían grandes familias en lugar de pensiones. Pero Bill tiene un contrato de trabajo, con plenos derechos; él recibe un pequeño estipendio y una parcela de parte del gobierno estatal para que trabaje en los meses de inactividad.

Esto es parte de una red de seguridad más amplia provista por la democracia en Brasil. Incluye pensiones no contributivas para los trabajadores rurales. Unas 6,000 personas de los residentes más pobres del pueblo forman parte de Bolsa Familia, un esquema de entrega de dinero en efectivo iniciado por Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil del 2003 al 2010, quien nació cerca de Timbaúba. En parte gracias a su inyección de capital, el pueblo ahora tiene concesionarios de vehículos y motocicletas, nuevas tiendas, un banco y restaurantes.

Esta es una ola de una inundación más grande de inversiones que ha hecho de Pernambuco uno de los estados de más rápido crecimiento en Brasil. La que una vez fuera una de las colonias del Atlántico más lucrativas de Europa languideció por siglos. Mientras los estados azucareros de las planicies de São Paulo se mecanizaban con eficiencia mundial, los de las colinas en Pernambuco todavía malpasaban.

El resurgimiento empezó con un nuevo puerto en Suape, al sur de Recife. Su territorio es ahora un gran complejo industrial. Unos 40,000 obreros están construyendo una gran refinería de petróleo y plantas de petroquímicos para Petrobras, la compañía petrolera estatal. Un nuevo astillero y plantas de energía eólica destacan entre los manglares.

Suape es un monumento al dinero federal, política industrial y una alianza entre Lula y Eduardo Campos, el ambicioso gobernador de Pernambuco. Pero el boom del estado va más allá. El aumento del ingreso ha ayudado a Campos a atraer la inversión privada. Fiat está a punto de empezar el trabajo en una planta de vehículos al lado de la carretera principal al norte de Recife. Una serie de pequeñas fábricas de alimentos, textiles y zapatos se están estableciendo en el interior pobre del estado, incluyendo a Timbaúba. Mientras el resto de Brasil se preocupa de la desindustrialización, Pernambuco no lo hace: desde que Campos se hizo gobernador en el 2007, la participación industrial de la economía del estado ha subido de 20% a 25% y alcanzará el 30% para el 2015, dice él.

Este auge ha producido casi un empleo total - y ha creado una aguda escasez de habilidades. La refinería tiene años de retraso, al igual que el astillero, en parte debido a que los analfabetos ex cortadores de caña se han convertido en malos soldadores.

Para tratar de remediar esa situación, Campos se ha asociado con el Instituto para la Co-responsabilidad en Educación (ICE), una fundación educativa privada, para reformar las escuelas medias del estado. Ahora operan más de 200 de estas escuelas durante ocho horas al día, en lugar de los turnos de cuatro horas comunes en Brasil. A cambio, el gobierno incrementó los salarios de los maestros y agregó bonos por resultados. Está también tratando de motivar a los alcaldes a que mejoren las escuelas primarias con fondos extras y otros incentivos. Eso es vital: en promedio los estudiantes llegan a las escuelas medias a los 15 años con una deficiencia de tres años, dice Marcos Magalhães, el fundador del ICE. Pernambuco está elevando los rankings del desempeño de la educación estatal.

Los críticos de Campos dicen que debe hacer más para combatir la pobreza. Junto a los opulentos bloques residenciales en sus playas bordeadas por palmeras, Recife tiene 600 favelas, y sus lagunas están fétidas con aguas negras. Contesta que su gobierno está haciendo lo que puede para ayudar a la generación marcada por la pobreza del corte de caña, especialmente en la región cuasi desértica tierra adentro. Pero su apuesta es a que la infraestructura, la inversión privada y una mejor educación eliminarán las causas de la miseria de su estado. "Estamos acabando con el flujo de pobreza mientras cuidamos los activos", dice él, utilizando su forma gerencial de comunicarse.

Hasta ahora su apuesta ha funcionado. Campos logró un segundo período en el 2010, y a su Partido Socialista Brasileño le fue bien en las elecciones municipales este mes, en Pernambuco y más allá. Nominalmente es un aliado de Dilma Rousseff, la sucesora de Lula como presidente. Pero es también un rival potencial para que ella gane un segundo período en las elecciones del 2014.

Campos nació en la política. Miguel Arraes, su abuelo, era un socialista pasado de moda y fue gobernador de Pernambuco antes y después de la dictadura militar de Brasil de 1964 a 1985. Dice Campos que Arraes le enseño que la política es acerca de "juntar a la gente, en lugar de dividirla". Algunos en Recife se quejan de que él aprendió demasiado bien la lección y se ha convertido en una versión moderna de un tradicional coronel del nordeste, acobardándose para cuestionar el viejo orden rural, intercambiando apoyo por empleos y congelando a los disidentes.

Pero sus defensores dicen que logra que las cosas se hagan. Tuvo suerte en que su menos celebrado predecesor creó las bases para el renacimiento de Pernambuco. Él construyó sobre ellas modernizando el estado. Se enfrentó a los sindicatos sobre la reforma de las escuelas y contrató administradores privados para los hospitales estatales. Ha establecido cientos de metas para su administración y hostiga a sus ayudantes para que las logren. Una meta que reconoce tiene que lograr - o pagar el precio político - es terminar un nuevo estadio de futbol en Recife a tiempo para los torneos de calentamiento previos a la Copa Mundial del 2014.

Como los dos partidos que han gobernado a Brasil desde el 1995 no tienen nuevas caras, el éxito de Campos en Pernambuco lo ha convertido en el político más observado del país.

Eduardo Campos logró un segundo período en el 2010, y a su Partido Socialista Brasileño le fue bien en las elecciones municipales este mes, en Pernambuco y más allá. Nominalmente es un aliado de Dilma Rousseff, la sucesora de Lula como presidente. Pero es también un rival potencial para que ella gane un segundo período en las elecciones del 2014.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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