The Economist|04 feb 2013, 12:00 AM|POR Diario Libre

¿Se ha descompuesto la máquina de las ideas? (V DE V)

Pesimismo ante la innovación. La idea de que la innovación y las nuevas tecnologías han dejado de impulsar el crecimiento está recibiendo cada vez mayor atención. Pero no está bien fundada. 

Un pesimista de la innovación podría descartarlo como "sólo promesas". Pero la idea de que el crecimiento impulsado por la tecnología debe continuar sin disminuir o sufrir un deterioro progresivo, en lugar de un flujo y reflujo, contradice la historia. Chad Syverson de la Universidad de Chicago señala que el crecimiento de la productividad durante la edad de la electrificación fue inconsistente. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX el crecimiento fue lento durante un período de importantes innovaciones eléctricas; luego se incrementó. La trayectoria de la era de la información luce muy similar (ver gráfico 4).

Podría ser que la ralentización de los años de 1970 y después en el cual los pesimistas de la tecnología se basan se pueda comprender de esta forma - como una pausa, en lugar de una inflexión permanente. El período desde principios de 1970 a mediados de la década de 1990 podría simplemente representar uno en el cual las contribuciones de grandes innovaciones anteriores se habían agotado y el resto de las tecnologías de hoy y mañana representaban todavía una parte muy pequeña de la economía para tener impacto en el crecimiento general.

Sin embargo, se vislumbran otros culpables potenciales - algunos de los cuales, lo que es muy preocupante, podrían tener efectos permanentes. Gran parte de la economía está mucho más regulada de lo que lo fuera hace un siglo. La protección del medio ambiente ha facilitado agua y aire más limpios, que mejoran las vidas de las personas. De hecho, en la medida que dichas ganancias no son incluidas en las mediciones del PIB, la ralentización del progreso de la década de 1970 es exagerada. Pero si esto es así, probablemente continúe igual para el cambio tecnológico futuro. Y regulaciones mal concebidas podrían aumentar excesivamente el costo de nuevas investigaciones, desalentando futuras innovaciones.

Otra cosa que podría haber cambiado de manera permanente es el papel del gobierno. Los pesimistas de la tecnología no pierden oportunidad para mencionar el programa Apollo, la joya de la corona de una época en la cual el gobierno no solo facilitó las nuevas innovaciones sino que proporcionó una demanda constante de talento e invención. Esto lo hizo a través de su complejo militar-industrial del cual Apollo fue una consecuencia espectacular y especialmente inspiradora. Thiel con frecuencia es crítico de la industria de capital de riesgo por su falta de interés en grandes ideas que cambian al mundo. Sin embargo esto mayormente se debe a respuestas a las realidades del mercado. Los inversionistas privados racionalmente prefieren modelos de negocios modestos con un rendimiento y ganancias en un tiempo relativamente corto.

Un tercer factor que puede haber influido tanto en los años de 1970 como del 2000 es la energía. William Nordhaus de la Universidad de Yale encontró que la ralentización de la productividad que empezó en los años de 1970 irradió hacia el exterior de los sectores de mayor uso de energía, producto de las crisis del petróleo de la década. La costosa energía podría explicar también la ralentización de la productividad de los años del 2000. Pero esta es una tendencia que uno podría esperar reversar. Por lo menos en los Estados Unidos, las nuevas tecnologías están socavando esos precios altos. Thiel tiene razón en reservar algunas de sus críticas más severas para el pobre desempeño en innovación del sector energético; pero con mejores condiciones del mercado no sería enteramente imposible.

Quizás la respuesta más radical al problema de la ralentización de los años de 1970 fue que se debió a la globalización. En un informe algo caprichoso en 1987, Paul Romer en ese entonces de la Universidad de Rochester, presentó la posibilidad de que, con más trabajadores disponibles en los países en vías de desarrollo, el reducir los costos laborales en los ricos se hacía menos importante.

Por lo tanto la inversión en la productividad fue dejada al margen. La idea era una herejía entre los macroeconomistas, ya que prescindía de gran parte de la maquinaria teorética que se estaba empleando para analizar el crecimiento. Pero como señalaba Romer, los historiadores económicos que comparaban la Gran Bretaña del siglo XIX con los Estados Unidos comúnmente daban crédito a la relativa escasez laboral en los Estados Unidos con el impulso del "sistema estadounidense" de manufactura de capital intensivo y altamente productivo.

La búsqueda de inteligencia extraterrestre

Algunos economistas están considerando cómo se podría aplicar hoy la herejía de Romer. Daron Acemoglu, Gino Gancia, y Fabrizio Zilibotti de MIT, CREi (un centro de investigación económica en Barcelona) y la Universidad de Zurich, han creado un modelo para estudiarlo. Muestra empresas en países ricos que están transfiriendo al extranjero las tareas que requieren pocas destrezas cuando los costos en el extranjero son menores, separando de esta manera los salarios de los trabajadores calificados y no calificados en casa. Sin embargo, con el tiempo, el trabajo en el exterior aumenta los salarios en los países con mano de obra menos calificada; eso hace que la innovación en casa sea más atractiva. Los trabajadores están en mayor demanda, la distribución del ingreso se estrecha, y la economía se empieza a parecer más al período posterior a la segunda guerra mundial que a los años de 1970 y su secuela.

Aun si ese modelo es erróneo, el alza del mundo emergente es una de las razones principales de optimismo. Mientras más grande es el mercado mundial, más se beneficia el mundo de una nueva idea, ya que entonces se puede aplicar a más actividades y a más personas. El elevar miles de millones de pobres en Asia a la clase media significará que millones de mentes brillantes que de otro modo hubiesen luchado en agricultura de subsistencia por el contrario pueden unirse a la economía moderna y compartir la carga del conocimiento con los investigadores del mundo rico - un compartir que la tecnología de la información hace mucho más fácil.

Podría ser el caso de que algunas partes de la economía sean inmunes, o por lo menos resistentes, a alguna mejora de la productividad que la tecnología de la información pueda ofrecer. Sectores como los cuidados de la salud, la educación y el gobierno, en los cuales la productividad ha sido difícil de aumentar, se vislumbran más grandes dentro de la economía que en el pasado. La ausencia frecuente de presión del mercado en esas áreas reduce la presión del ahorro de costo - y de innovación.

Sin embargo, para algunos, el resultado opuesto es del que hay que preocuparse. Brynjolfsson y McAfee temen que los avances tecnológicos de la segunda mitad del tablero de ajedrez podrían ser inquietantemente rápidos, dejando un gran desempleo tecnológico a su paso. Ellos argumentan que las nuevas tecnologías y la globalización que ellos permiten ya han contribuido a ingresos estancados y a una disminución del empleo que requiere niveles moderados de destrezas. Un mayor progreso podría amenazar los empleos más arriba y más abajo del espectro de habilidades que hasta ahora parecían seguros.

El software de reconocimiento de patrones es cada vez mejor en desempeñar tareas de abogados de nivel inicial, escaneando miles de documentos legales para identificar artículos pertinentes. Se emplean algoritmos para escribir artículos básicos de periódicos sobre actividades deportivas e informes financieros. Con el tiempo también harán análisis. Las tareas manuales también son vulnerables. En Japón, donde escasea la mano de obra para cuidar a una población que envejece, la innovación en robótica está avanzando rápidamente. El costo en aumento de cuidar personas en los países ricos solo estimulará la continuación del desarrollo.

Esos avances de la productividad deberán generar un enorme realce de bienestar. Sin embargo el período de ajuste podría ser difícil. Al final, el principal riesgo de las economías avanzadas podría no ser que el ritmo de la innovación es demasiado lento, sino que las instituciones se han tornado demasiado rígidas para acomodar cambios verdaderamente revolucionarios - que podría ser mucho más probable que los carros voladores.

Mientras más grande es el mercado mundial, más se beneficia el mundo de una nueva idea, ya que entonces se puede aplicar a más actividades y a más personas. 

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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