The Economist|25 feb 2013, 12:00 AM|1|POR Diario Libre

El próximo supermodelo

Incluye contenido de The Economist

Países más bien pequeños con frecuencia están a la vanguardia cuando de reformar el gobierno se trata. En los años de 1980 Gran Bretaña era líder, gracias al thatcherismo y la privatización. La pequeña Singapur durante mucho tiempo ha sido modelo para muchos reformadores. Ahora los países nórdicos es probable que asuman un papel similar.

En parte esto se debe a que los cuatro nórdicos principales - Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia - están bastante bien. Si usted tuviera que renacer en cualquier lugar del mundo como una persona con talentos e ingresos promedio, usted desearía ser un vikingo. Los nórdicos se agrupan en el tope de todo, desde competitividad económica a salubridad social y felicidad. Han evitado la esclerosis económica de Europa del sur y la extrema desigualdad de los Estados Unidos. Los teóricos del desarrollo llaman la modernización exitosa "llegar a Dinamarca". Entretanto una región que era sinónimo de muebles hágalo usted mismo y Abba se ha convertido en un refugio cultural, hogar de "The Killing", Noma y "Pájaros Rabiosos".

Como explica nuestro informe especial esta semana, parte de esto se debe a un momento afortunado: los nórdicos astutamente lograron tener su crisis de deuda en los años de 1990. Pero la segunda razón por la que el modelo nórdico está de moda es más interesante. A los políticos en todo el mundo -especialmente en el occidente endeudado- se les ofrece un plano de cómo reformar el sector público, haciendo al Estado mucho más eficiente y sensible.

De Pippi Longstocking a las escuelas privadas

La idea de un gobierno nórdico magro será un shock tanto para los franceses de izquierda que sueñan con una Escandinavia socialista como para los conservadores estadounidenses que temen que Barack Obama esté empeñado en hacer las cosas a lo "sueco". Están pasados de moda. En los años de 1970 y 1980 eran de hecho países de cobrar impuestos y gastar. El gasto público de Suecia alcanzó el 67% del PIB en 1993. Astrid Lindgren, la inventora de Pippi Longstocking, fue obligada a pagar más de 100% de su ingreso en impuestos. Pero el cobrar impuestos y gastar no funcionó: Suecia cayó de ser el cuarto país más rico del mundo en 1970 a la posición 14 en 1993.

Desde entonces los nórdicos han cambiado el curso - mayormente hacia la derecha. La participación del gobierno del PIB en Suecia, que ha disminuido en cerca de 18 puntos porcentuales, es menor que la de Francia y dentro de poco podría ser menor que la de Gran Bretaña. Se redujeron los impuestos: la tasa corporativa es 22%, mucho menor que la de los Estados Unidos. Los nórdicos se han concentrado en equilibrar los libros. Mientras Obama y el congreso discuten sobre los derechos a pensión, Suecia reformó su sistema de pensiones. Su déficit presupuestario es 0.3% del PIB; el de Estados Unidos es de 7%.

Los nórdicos han sido igualmente pragmáticos en cuanto a los servicios públicos. Siempre que los servicios públicos funcionen, no les importa quién los provea. Dinamarca y Noruega les permiten a empresas privadas administrar los hospitales públicos. Suecia tiene un sistema universal de vales escolares, con las escuelas privadas con fines de lucro compitiendo con las escuelas públicas. Dinamarca también tiene vales, pero son de los que se pueden recargar. Cuando de elegir se trata, Milton Friedman se encontraría más a gusto en Estocolmo que en Washington, D.C.

Todos los políticos occidentales alegan promover la transparencia y la tecnología. Los nórdicos pueden hacerlo con mayor justificación que la mayoría. Se mide el desempeño de todas las escuelas y los hospitales. Los gobiernos están obligados a operar en la dura luz del día: Suecia le da a cada persona acceso a los registros oficiales. Los políticos son verificados si dejan sus bicicletas y usan las limosinas oficiales.

El hogar de Skype y Spotify es también líder en el gobierno-e: se pueden pagar los impuestos con un mensaje SMS. Esto podría sonar como un thatcherismo realzado, pero los nórdicos también ofrecen algo para la izquierda progresista al probar que es posible combinar el capitalismo competitivo con un gran Estado: ellos emplean en el sector público 30% de su fuerza laboral, comparado con un promedio de 15% de los países OECD.

Creen firmemente en el libre comercio y resisten la tentación de intervenir hasta para proteger empresas icónicas: Suecia permitió que Saab se fuera a la bancarrota y Volvo es ahora propiedad de Geely de China. Pero también se concentran en el largo plazo - el caso más obvio es el del fondo de riqueza soberana de $600 mil millones de Noruega, y buscan la forma de mitigar los impactos más fuertes del capitalismo. Por ejemplo, Dinamarca tiene un sistema de "flexicurity" que le facilita a los empleadores despedir empleados, pero ofrece apoyo y capacitación a los desempleados, y Finlandia organiza redes de capital de riesgo.

La parte agria del smorgasbord 1

El nuevo modelo nórdico no es perfecto. El gasto público como proporción del PIB en estos países es todavía más alto de lo que a este periódico le gustaría, o de hecho que será sostenible. Sus niveles de impuestos todavía estimulan a los empresarios a irse al extranjero: Londres está repleto de inteligentes jóvenes suecos. Demasiadas personas - especialmente los inmigrantes - viven de las prestaciones. Las presiones que han obligado a sus gobiernos a recortar el gasto, como la creciente competencia mundial, les obligará a hacer más cambios. Los nórdicos están inflados comparados con Singapur, y no se han concentrado lo suficiente en las prestaciones supeditadas.

A pesar de todo, más países deberían seguir el ejemplo de los nórdicos. Los países occidentales alcanzarán el límite de gran gobierno, como le sucedió a Suecia. Cuando Ángela Merkel se preocupa de que la Unión Europea tenga el 7% de la población mundial pero la mitad de su gasto social, los nórdicos son parte de la respuesta. Ellos también demuestran que los países de la UE pueden ser éxitos económicos genuinos. Y en la medida que los asiáticos introducen el estado de bienestar, ellos también dirigirán su mirada a los nórdicos: Noruega es de particular interés para los chinos.

La lección principal de los nórdicos no es ideológica sino práctica. El Estado es popular no porque es grande sino porque funciona. Un sueco paga sus impuestos con mejor disposición que un californiano porque obtiene buenas escuelas y cuidados gratis de salud. Los nórdicos han hecho reformas de gran alcance más allá de los sindicatos y los cabilderos de negocios. Las pruebas están ahí. Se pueden inyectar mecanismos de mercado a un estado de bienestar para mejorar su desempeño. Se pueden hacer programas de ayuda social sobre bases sólidas para evitar el empobrecimiento de generaciones futuras. Pero se necesita estar dispuestos a eliminar la corrupción y los intereses creados. Y se debe estar listo para abandonar las gastadas ortodoxias de la izquierda y la derecha y buscar nuevas ideas en el espectro político. El mundo estudiará el modelo nórdico durante muchos años.

1 Bufé típico de la cocina sueca

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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