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Un mundo de dinero barato (IV DE IV)

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Un mundo de dinero barato (IV DE IV)
Los negocios no invierten porque la economía está débil; la economía se mantiene débil debido a que los negocios no invierten.

Seis años de bajas tasas de interés. Los bancos centrales han amortiguado la economía del mundo desarrollado en un período difícil, pero todavía no han logrado impulsar el crecimiento como esperaban 

Las compañías tienen que preocuparse de numerosos factores antes de aprobar un proyecto a largo plazo: el equilibrio de oferta y demanda en su industria, el entorno regulatorio y político, la disponibilidad de trabajadores calificados. "Las tasas de interés no son un factor significativo en nuestra toma de decisiones sobre la inversión debido a que el costo de los intereses es solo una pequeña parte del costo básico", dice Ulf Quellmann, el jefe a nivel mundial de la Tesorería en Rio Tinto, un grupo minero. Las tasas críticas para proyectos de inversión cambian lentamente. Eric Elzvik, el jefe financiero de ABB, un gigante de ingeniería suizo, dice que el grupo no ha alterado materialmente su tasa crítica en los últimos tres a cuatro años.

Esto no es sorpresa para las personas que observan al Japón, donde las tasas de interés nominal han estado cercanas a cero durante una década (a pesar de que las tasas reales son positivas) y el nivel absoluto de inversión no es más alto, en términos reales, de lo que era en el 1997. "Las corporaciones han sido atrapadas en demasiados ciclos donde invirtieron en anticipación a crecimiento nacional que nunca ocurrió", dice Richard Katz, que escribe el boletín Oriental Economist. Los negocios no invierten porque la economía está débil; la economía se mantiene débil debido a que los negocios no invierten. Por eso el intento de Kuroda de sacudir al sistema.

Una razón para la renuencia de las multinacionales a invertir su efectivo podría ser por precaución. Después de que Lehman Brothers colapsó en el otoño del 2008, el mercado de financiación bancaria se ha secado --una desagradable sorpresa para los negocios. Y a diferencia de sus correligionarios más grandes, las empresas pequeñas y medianas no pueden acceder a los mercados de bonos cuando los bancos mantienen sus puertas cerradas. En la eurozona, los préstamos bancarios a los negocios cayeron en 0.4% en el año a febrero. En enero solo un 1% de los bancos europeos dijo que su estándar de crédito para préstamos a las pequeñas empresas había disminuido, comparado con 12% que dijo que los estándares se habían hecho más estrictos.

Richard Raeburn, de la Asociación Europea de Tesoreros Corporativos dice que, para las empresas más pequeñas, cualquier beneficio derivado de las tasas bajas oficiales ha sido contrarrestado por los mayores márgenes de préstamos cobrados por los bancos. Esta queja es más fuerte en Hungría, España, Polonia y Francia.

Aun en el caso de las compañías que han incrementado su gasto de capital, podrían no estarlo haciendo en casa. Las economías emergentes han crecido más rápidamente que las desarrolladas durante la crisis y las empresas de los países ricos han movido sus inversiones consecuentemente. Standard & Poor's calcula que las compañías europeas colocaron 42% de sus inversiones fuera del continente en el 2012, comparado con 28% en el 2007.

Y hay algunos casos en que el efecto de las tasas bajas es incuestionablemente negativo. Una pensión de último salario es una promesa de hacer una serie de pagos futuros, igual que un bono. Por lo tanto las reglas contables utilizan los rendimientos de los bonos para valorar responsabilidades futuras; rendimientos menores de los bonos aumentan el costo de la promesa de la pensión. Por consiguiente un fondo de pensiones compra un ingreso mucho más pequeño en estos días.

El resultado es que los fondos de pensiones corporativos están corriendo solo para permanecer en el mismo lugar. A pesar de un buen año para las bolsas de valores en el 2012, los fondos de pensiones de último salario de las empresas estadounidenses en el S&P 1500 terminaron el año con su más alto déficit de la historia: $557 mil millones. Esto a pesar de haber contribuido $60 mil millones a esquemas durante el año (un aumento de $43 mil millones en el 2008).

Lo viejo y lo nuevo

En Gran Bretaña, la Asociación Nacional de Fondos de Pensiones estima que, al reducir los rendimientos de los bonos, la flexibilización cuantitativa en el 2012 incrementó los déficits de las pensiones en £90 mil millones. La presión sobre las finanzas corporativas provocó que los esquemas de último salario del sector privado cerraran a una tasa récord el año pasado.

Las compañías de seguro enfrentan un problema similar. El rendimiento que obtienen de invertir el dinero recibido de las primas antes de ser pagado en reclamaciones es una parte crucial de sus ingresos. Tidjane Thiam, el ejecutivo principal de Prudential, una aseguradora británica, dice que el rendimiento a largo plazo de los bonos de solo 2% es una recompensa escasa; la empresa ha cambiado su modelo de negocios para concentrarse más en el ingreso de underwriting (suscripción) y en la administración de dinero de terceras partes. Colin Simpson, un analista de seguro de Goldman Sachs, señala que las empresas de seguros generales han tenido suerte; el período de tasas bajas ha coincidido con la ausencia de reclamos en la escala de las generadas por el Huracán Katrina en el 2005. Esa suerte puede cambiar.

A pesar de los problemas para algunos sectores, y la incapacidad hasta ahora, de que las tasas bajas faciliten la vida a las empresas pequeñas y medianas, parece poco probable que ninguno de los bancos centrales del mundo rico ajuste la política monetaria en el futuro cercano. El riesgo de enviar la economía de vuelta a la recesión es demasiado grande. La forma en que los inversionistas y el sector corporativo se aprovechen de esas tasas bajas marcará la pauta para la economía desarrollada en los próximos años. Podría no haber sangre, pero es casi cierto que habrá burbujas.

© 2013 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.

De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com