The Economist|23 may 2013, 12:00 AM|POR Diario Libre

Justicia ciega

Enjuiciando a los banqueros. ¿Por qué tan pocos banqueros han sido encarcelados por su participación en la crisis? 

En ocasiones el crimen paga dividendos sociales poco comunes. En el 2010 el museo de arte moderno de São Paulo presentó una exhibición de trabajos que habían sido incautados a una variedad de ladrones y traficantes de drogas. Parte de las piezas de arte habían pertenecido al fundador de un banco brasileño, Banco Santos, que colapsó en el 2005. Después de la liquidación del banco Edemar Cid Ferreira perdió su colección de arte y su vivienda, fue condenado por "crímenes contra el sistema financiero nacional" y lavado de dinero, y sentenciado a 21 años de cárcel.

Para bien o para mal, a muchas personas les gustaría ver a más banqueros detrás de las rejas por su papel en descalabrar el sistema financiero de occidente. En Gran Bretaña ni un solo banquero ha enfrentado cargos criminales relacionados al fracaso de su institución. Unos cuantos han enfrentado sanciones menores como habérseles prohibido dirigir de nuevo otro banco o compañía, o acordar como parte de un acuerdo con los reguladores no volver a serlo. (Los legisladores han propuesto introducir una "presunción refutable" de que los directores de un banco que ha fracasado deban ser automáticamente descartados para dirigir otro a menos que puedan demostrar que no cometieron faltas.)

En los Estados Unidos la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC por sus siglas en inglés) ha sometido más de 40 demandas contra funcionarios y directores de instituciones en quiebra desde el 2010; se esperan más acciones. Pero los fiscales han acusado con cargos criminales a muy pocos banqueros de alto perfil. El gobierno estadounidense en abril aseguró su primera condena de un banquero, un empleado de Credit Suisse acusado de marcado indebido (mismarking) de valores respaldados por hipotecas; Kareem Serageldin será sentenciado en agosto.

La timidez de enjuiciamiento de las autoridades británicas y estadounidenses contrasta con el enfoque más fuerte adoptado por sus predecesores y por autoridades en otros países. Durante la crisis de las instituciones de ahorros y préstamos (A&P) en los años de 1980 más de 800 banqueros fueron encarcelados. Una década más tarde directores de Barings, un banco británico que fue arruinado por Nick Leeson, un corredor deshonesto, les fue prohibido actuar como directores a pesar de no haber estado directamente involucrados en sus fechorías. Otros países, tales como Islandia y Alemania, han asumido un enfoque mucho más fuerte durante esta crisis (ver gráfico).

Algunas de estas diferencias parecen estar atadas a la voluntad política. En los Estados Unidos el gobierno federal dedicó recursos considerables para investigar el fraude durante la crisis de A&P. William Black, un profesor de la Universidad de Missouri en Kansas City y un ex regulador bancario involucrado en acusar a los ejecutivos de A&P, atestiguó ante los legisladores que los reguladores les dieron muy poca ayuda al FBI durante la crisis.

Islandia formó un equipo dedicado de más de 100 investigadores quienes han logrado condenas contra ejecutivos a cargo de Glitnir, un banco en quiebra, y están acusando a otros banqueros y empresarios de alto perfil, incluyendo a los jefes de otros dos grandes bancos en Islandia. En España se están investigando alrededor de 90 exbanqueros y miembros de las juntas de directores. Están bajo escrutinio negocios dudosos con amigotes, préstamos blandos para sí mismos, supuestas irregularidades con paquetes salariales y de pensiones, honorarios inflados y excesivamente generosos por asistir a reuniones protocolarias.

También hay diferencias en las leyes que se pueden aplicar. La razón principal que ofrecen los reguladores estadounidenses y británicos por el poco enjuiciamiento es que ellos han luchado por vincular las malas acciones en niveles más bajos del banco, tales como el escándalo del LIBOR, y no a quienes los administran. Otra razón es que en general no es ilegal arruinar un banco por incompetencia (aun cuando los legisladores británicos y alemanes están sopesando la introducción de sanciones penales por gestión imprudente).

Sin embargo, el umbral para acusar a los banqueros es menor en algunos lugares que en otros. Por ejemplo, Alemania, Suiza y Austria tienen un concepto elástico denominado Untreue, abuso de confianza, que se define como una exención del deber que ocasiona daños reales a la institución. Desde la crisis los fiscales alemanes han acusado a banqueros de empresas incluyendo a WestLB, BayernLB, HSH Nordbank y Sal Oppenheim por ofensas que incluyen Untreue.

En Brasil, las leyes son todavía más estrictas. Hace personalmente responsables a los ejecutivos y directores de los bancos (e incluso a los accionistas mayoritarios) de pagar las deudas de los bancos en bancarrota aun cuando no se haya demostrado su falta. Dice José Luiz Homem de Mello de Pinheiro Neto, una empresa legal de São Paulo, "realmente la idea es poner en juego el patrimonio neto de la administración".

Sin embargo, el imponer estándares de responsabilidad más estrictos tiene sus costos. Anularía una tradición en las leyes inglesas y estadounidenses por las cuales los tribunales evitan cuestionar las decisiones de negocios que son tomadas honestamente pero que resultan erradas. Heinrich Honsell, un profesor de leyes, considera la aplicación de Untreue, en casos comerciales recientes como un fenómeno perturbador. "No es correcto criminalizar errores negligentes", dice él. "Muy pronto los jueces nos estarán diciendo cómo debemos administrar el riesgo." Los oponentes a la idea de una ley contra la administración imprudente advierten que el efecto sería disuadir la asunción de cualquier tipo de riesgo.

Pero si el encerrar a personas por incompetencia va demasiado lejos, los reguladores de todos modos podrían ser más fuertes. La justicia sumaria no es deseable. Pero alguna justicia sí lo es.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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