El crepúsculo de los dioses (1 de 3)

Reporte especial: Banca Internacional. Dice Jonathan Rosenthal que la banca de inversión enfrenta un futuro más magro y más humilde, a pesar de que algunos bancos emergerán de la crisis financiera aún más grandes, y más poderosos
Hace 50 años este periódico dijo que los bancos británicos eran "la industria declinante más respetable del mundo" y preguntaba: "¿Tiene futuro la banca?" En retrospectiva, ese análisis fue espectacularmente erróneo. Lejos de reducirse, la banca en todo el mundo rico se expandió prodigiosamente entre el 1963 y la crisis financiera del 2008. Por casi cualquier medida generó sorprendentes rendimientos para los accionistas y les pagó enormes sumas a sus empleados. La rentabilidad del capital (RC), una medida estándar de rentabilidad, rutinariamente osciló entre 20% a 25% para la industria financiera como un todo y con frecuencia más para las empresas exitosas. Los salarios subieron grandemente, no solo para los banqueros sino también para la mayoría de los empleados en toda la industria. Dylan Grice de Edelweiss, un gestor de fondos, señala que el año pasado doce de los 50 hombres más ricos de los Estados Unidos enumerados por la revista Forbes eran financieros, administradores de activos o inversionistas. En el 1982 ninguna de las personas en la lista trabajaba en finanzas.
Desde la crisis, los rendimientos han colapsado. El Boston Consulting Group (BCG) estima que las RC de los bancos de inversión más grandes del mundo se han reducido a la mitad, a cerca de 10% en Europa y 13% en los Estados Unidos. Las perspectivas son aún peores, con la posibilidad de que los rendimientos caigan a 6-9% cuando entren en vigencia las nuevas regulaciones.
Las opiniones sobre el crecimiento y la rentabilidad del sector financiero se están polarizando. "Desde el inicio había dos campos," dice Brady Dougan, gerente general de Credit Suisse, un banco suizo grande. "Uno, probablemente el mayoritario al principio, que esperaba y creía que esto desaparecería, y otro que entendía que la industria y el panorama regulador habían cambiado de manera permanente. Siempre creímos que los cambios serían de gran alcance y permanentes. Como han ocurrido las cosas, cada día más y más se han dado cuenta de que las cosas no volverán a ser lo que eran."
El crecimiento extraordinario de las finanzas antes de la crisis tanto alimentó como estimuló el rápido aumento de la deuda del sector privado en los países ricos, donde los activos bancarios aumentaron de un promedio de cerca de 50% del PIB en los años de 1960 a cerca del 200% del PIB para finales de los años 2000 (ver gráfico 1). En países con sectores bancarios internacionales grandes, tales como Gran Bretaña, los activos bancarios crecieron a cerca de cinco veces el PIB. En Islandia y Suiza hicieron pico en ocho y diez veces el PIB. En los Estados Unidos, donde Main Street ha sido mucho más grande que Wall Street, la relación entre los activos bancarios y el PIB fue de más del doble en 15 años, de 126%, lo que condujo a la crisis financiera.
Los estados de situación se expandieron cada vez más rápido antes de la crisis financiera. Andy Haldane, el hombre responsable de la estabilidad financiera del Banco de Inglaterra, señala que durante el siglo hasta el 1970 los activos bancarios en 14 grandes economías crecieron a un ritmo más bien señorial: en promedio solo 0.6% al año más rápido que el PIB. Sin embargo a partir de 1970 la relación de activos respecto al PIB creció en cerca de 3 puntos porcentuales al año, duplicándose en unas cuantas décadas.
La mayoría de las razones para este inusual crecimiento eran positivas. En la medida que las grandes compañías empezaron a hacer negocios en otros países, necesitaban bancos grandes que pudieran seguirlos a través de las fronteras, financiando factorías, pagando a empleados y cubriendo su exposición a los movimientos de las divisas o los cambios de las tasas de interés. En los 12 años previos a la crisis financiera, el comercio mundial creció de 22% a 33% del PIB mundial.
También jugaron un papel la desregulación de los bancos y mercados y la innovación financiera. Nuevas formas de financiar viviendas mediante el uso de valores respaldados por hipotecas disminuyeron el costo de tomar prestado para millones de hogares en las economías del mundo rico. Grandes sectores de la población que no habían podido tomar préstamos encontraron que podían comprar viviendas por primera vez.
Pero también se cometieron excesos. De los millones de viviendas financiadas, una preocupante proporción fue comprada por personas que no tenían esperanzas ni la intención de pagar sus préstamos.
© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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