The Economist|24 ene 2014, 12:00 AM|POR Diario Libre

Elevando el piso

La política de salarios bajos. Nuevamente se debate el salario mínimo en los Estados Unidos  

Le gusta el trabajo; pero dice Anthony Goytia que a $9.60 la hora, apilando los estantes en un Walmart al este de Los Angeles, no le paga suficiente para cubrir las facturas de su familia de cinco miembros. Él complementa su salario quincenal de $560-600 con un servicio casual de comidas, sometiéndose a pruebas clínicas de un tratamiento para su soriasis y con ayuda federal y estatal. Recientemente le aprobaron cupones de alimentos; eso hará la Navidad un poco más alegre.

Los Estados Unidos están atravesando uno de sus periódicos accesos de agonía sobre el salario mínimo. En las últimas semanas varios estados y municipalidades han aprobado aumento de tarifas; más dramáticamente en SeaTac, un suburbio de Seattle consistente de un aeropuerto grande, donde los votantes aumentaron la tarifa por hora a $15. El 4 de diciembre Obama hizo un llamado para incrementar el salario mínimo federal. Anteriormente había sugerido un aumento de $7.25 a $10.10. Había perdido 5.8% de su poder adquisitivo desde la última vez que fue aumentado en el 2009.

Entre 1979 y el 2007 el ingreso del 1% del tope de los trabajadores estadounidense subió en 275% según la Oficina de Presupuesto del Congreso. El 20% de la parte baja subió en 18%. Si el salario mínimo federal se hubiera mantenido al día con las ganancias de productividad desde el 1968 habría alcanzado $21.72 el año pasado, estima el Centro para Investigación Política y Económica (CEPR), un centro de reflexión izquierdista. Los activistas se quejan de que el gobierno no debería tener que nivelar el salario de trabajadores como el de Goytia (quién está de acuerdo); este "subsidio oculto" asciende a $7 mil millones solo en la industria de comida rápida, según un estudio.

No existe consenso entre los economistas acerca de la medida en que los salarios mínimos eliminan trabajos. Pero estudios recientes sugieren que tasas relativamente bajas (la de los Estados Unidos es 38% del salario medio) no son dañinas, y que aumentos pequeños podrían ser beneficiosos. No solo aumentan el poder adquisitivo de los trabajadores también les hace más leales, y por tanto disminuye el monto que las compañías deben gastar en reclutar nuevo personal.

Obama no convencerá a los republicanos en la Cámara de Representantes para que voten por un aumento. Pero al presentar la idea podría ayudar a los demócratas en las próximas elecciones de medio período, especialmente en los estados rojos donde los aumentos del salario mínimo están en la boleta. Los votantes republicanos no retroceden ante la perspectiva; el 58% contestó a Gallup en noviembre que apoyarían un aumento a $9 la hora; en general, el 78% de los estadounidenses están de acuerdo.

Los que abogan por un salario mínimo federal más alto señalan que, en términos reales, está muy por debajo de su pico en 1968. Eso es cierto, pero crea confusión. Primero, la mayor caída ocurrió en los años de 1970 y principios de 1980, no recientemente. Segundo, como ha señalado David Neumark de la Universidad de California, Irvine, el crédito tributario por ingreso del trabajo, un subsidio federal para los trabajadores de bajos ingresos, compensa por muchas de las pérdidas.

En adición, la proliferación de salarios mínimos estatales y municipales significa que la tasa federal cubre a muchas menos personas de lo que una vez lo hiciera. En 1979 el 7.9% de los trabajadores trabajaban por el salario mínimo federal o menos; el año pasado un 2.8% lo hacía. A partir del primero de enero 21 estados tendrán un salario mínimo más alto que el federal (ver mapa). Otros podrían introducir uno el próximo año; otros lo aumentarán aún más.

Salarios mínimos variables tienen sentido en un país grande con diferentes costos de vida. Pero pueden tener consecuencias inesperadas. La campaña en SeaTac se convirtió en un gran tema durante la carrera por la alcaldía en Seattle; allí, ambos candidatos respaldaron una tasa de $15. John Burbank del Instituto de Oportunidad Económica establecido en Seattle ahora considera que la ciudad aprobará una tasa de $15 para el próximo año. En Washington, D.C. y dos condados vecinos recientemente coordinaron enormes aumentos de la tasa para detener a las empresas compitiendo entre sí.

Esas situaciones son inevitables cuando se deja a los políticos a cargo. La mayoría de los países con salarios mínimos subcontratan tecnócratas independientes para establecer la tasa. Once estados y varias ciudades estadounidenses indexan su tasa a la inflación; esto puede ser embarazosamente inflexible cuando las economías se tambalean, pero significa que las empresas y los trabajadores evitan sacudidas desagradables. En otros lugares, y al nivel federal, los salarios mínimos están sujetos a las fantasías de políticos y votantes.

Algunos agitadores para salarios más altos se concentran en industrias o empresas, tales como McDonald. La semana pasada cientos de trabajadores respaldados por el sindicato se fueron a la más reciente de una serie de huelgas nacionalmente coordinadas exigiendo un salario mínimo de $15. Esa cifra, según una encuesta reciente auspiciada por las empresas, conduciría a "decisiones de personal" (los administradores hablan de recortar empleo u horas) en un 86% de las franquicias de comidas rápida y otras. Ron Shaich, el jefe de Panera, una cadena de 1,800 cafeterías, es una excepción de la industria, respalda un aumento del salario mínimo siempre que se aplique a todos.

Salarios mínimos variables tienen sentido en un país grande con diferentes costos de vida.

Pero pueden tener consecuencias inesperadas.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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