Ecos|03 jul 2013, 12:47 AM|POR EFE

Artesanos y antropólogos mexicanos, al rescate de los rebozos tradicionales

MÉXICO.- Pintados por Frida Kahlo en sus autorretratos o inmortalizados en películas de la época del cine de oro sobre los hombros de actrices como María Félix, los buenos tiempos del tradicional rebozo mexicano quedaron atrás y hoy está en peligro.

"Tenemos que decirle a las autoridades que el rebozo necesita oxígeno, (...) si queremos rebozos jaspeados a futuro, vamos a tener que hacer una acción concertada", dijo la antropóloga Marta Turok sobre esta prenda femenina que se usa para cubrir los hombros y la espalda.

Tras diez años recorriendo el país, taller por taller, Turok está convencida de que si no se hace algo para ayudar a esta "compleja y laboriosa" técnica del jaspeado, que es "un arte, más que una artesanía", va a acabar perdiéndose.

"La gente llega a pensar que esto es un estampado" y no lo es, pues el proceso del jaspeado incluye de 14 a 17 pasos, desde dibujar, tintar hilos, amarrar, teñir... y participan cinco personas dentro de la técnica del rebozo de telar de pedal, la que peligra más.

"A la sociedad hay que decirle: aprende más sobre la técnica, interésate, aprecia la laboriosidad y paga más porque si no, no hay ningún incentivo para los jóvenes de entrar a hacer rebozos", añadió.

En opinión de esta experta, el rebozo está en peligro porque cada vez a los artesanos les cuesta más hacer rentable su trabajo y muchos prefieren que muera con ellos antes que heredar a sus hijos una actividad que no siempre es grata.

"Lo que ganan a lo largo de la cadena es mínimo. Los papás les dicen a los hijos que esto no deja. La educación técnica que ha surgido en estas décadas no toma en cuenta estas tradiciones mexicanas", aseguró.

Por eso Tukok organizó el congreso "El arte del jaspe y el rebozo: pautas para la conservación de una tradición", que comienza este miércoles con el objetivo de que los reboceros establezcan vínculos entre sí y que el público aprenda a valorar este arte.

"La idea del encuentro es que se nos está yendo de las manos la técnica del jaspe y el rebozo. Hagamos conciencia. Tenemos que ver dónde es rescatable y que hacen falta subsidios", dijo.

Un ejemplo a tomar es el de San Luis Potosí, en el centro del país, donde se encuentra el municipio de Santa María del Río, que ha sabido ver al rebozo como parte de su capital cultural.

El Gobierno ha llevado a cabo programas de ayuda e incluso hay una escuela taller que asegura que haya transmisión entre generaciones.

También hay casos particulares, como el del artesano Adolfo García, quien a sus 62 años ha montado una escuela cerca de su municipio de Tenancingo, en el Estado de México, para transmitir a un grupo de alumnos lo que a él le enseñaron sus padres, sus tíos y sus abuelos.

"Esto no se tiene que acabar porque son nuestras raíces, nuestros identificadores, las raíces de nuestros pueblos. Por eso a mí me gusta hacer mis rebozos", dijo a Efe el artesano, quien asegura que al hacer su trabajo está recordando y honrando a todos sus antepasados.

En una entrevista telefónica, explicó que tiene un taller en el que trabajan cuatro personas, entre ellas uno de sus hijos y de quien está "bien orgulloso" porque lo va a suceder.

En los últimos años ha visto a cinco artesanos morir y sus hijos han cerrado los talleres porque no les interesaba seguir con el negocio.

"A la gente le gustan mis rebozos y eso a mí me motiva para seguir adelante", afirmó García, quien explicó que trabaja unas doce horas diarias para producir entre 50 y 80 piezas semanales, que vende a precios que oscilan entre los 300 (23,1 dólares o 17,8 euros ) y los 1.500 pesos (115,5 dólares o 89 euros).

El orgullo que siente Adolfo es lo que les falta, en opinión de Turok, a la mayoría de los artesanos en México.

"A mí me duele mucho cuando los entrevisto y me dice uno de ellos 'es que yo no tuve la oportunidad de dedicarme a otra cosa', es decir, soy rebocero porque me tocó ser rebocero, pero como soy artesano no soy nadie en la vida", contó.

Por ello una de las cosas que, según la antropóloga, haría falta es otorgarles diplomas o reconocimientos oficiales por lo que saben y que así sientan que su trabajo es más valorado.
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