Precisamente es en el Embrujo III, de Santiago, donde el arquitecto Luis Tavárez capitaneó la remodelación de esta residencia familiar, rescatando lo más valioso de su infraestructura original y adecuándola, a su vez, a las tendencias arquitectónicas e interioristas de la segunda década del siglo XXI.
“La número uno”. Así la da a conocer el arquitecto Luis Tavárez, quien está plenamente convencido de que esta casa no ostenta ese número por casualidad en sus planos y en su dirección postal, sino por el efecto diferenciador que le imprime al entorno donde está enclavada.
Pero no siempre fue así. Esta infraestructura fue sometida a un verdadero cambio radical tras ser habitada durante más de un lustro por sus actuales propietarios y al quedarse pequeña ante las necesidades y deseos de una familia que pasó de ser conformada por dos personas a estar constituida por siete.
Sus 600 metros de construcción fueron aprovechados en grande por el arquitecto Tavárez al dotarla de la apertura y ventilación que no tenía antes. El proceso de remodelación duró aproximadamente un año y medio y contó con la supervisión ininterrumpida de sus habitantes, quienes se mudaron provisionalmente a un par de casas de distancia para darle un seguimiento directo a la obra.
El también presidente de la compañía LT Arquitectos lo tuvo claro desde el principio: rescataría lo existente en este hogar y lo convertiría en uno mejorado. Para este proceso contó con el apoyo absoluto de los anfitriones, que siempre se sintieron cómodos con su entorno y prefirieron valorar lo que tenían, invirtiendo con miras a la sostenibilidad en el tiempo y evitando empezar de cero en otro lugar.
Un giro de 360º
Hoy día luce un estilo arquitectónico moderno y contemporáneo, pero la materialización de esta remodelación llevó a su diseñador y ejecutor a sortear un camino de rosas y espinas. Y es que, aunque los dueños mostraban inicialmente una tendencia clásica y conservadora, Luis Tavárez logró conducirlos hacia la aprobación de un diseño que plasmara la firme intención de capturar la esencia insular: no solo recuperando la auto-ventilación, a través de la permisibilidad de las brisas tropicales, sino la iluminación natural, al implementar espacios más abiertos y con amplios ventanales. La integración del verde, gracias a la creación de jardines interiores y exteriores, también contribuyó con la apropiación de una identidad isleña exhibida por la nueva versión de esta casa.
De ese modo, esbozando sus ideas de una forma entendible y digerible, este profesional –con una amplia experiencia en proyectos comerciales y residenciales- generó el estado de confianza propicio para lograr este cambio. Entonces, la casa que anteriormente contaba con tres habitaciones, dos baños y un área de estudio, en el nivel superior; y con una sala, un comedor, una cocina, una terracita y un área de servicio, en el inferior, se convirtió en una residencia provista (en el segundo piso) de una habitación principal y tres secundarias, de un estudio y un estar familiar, de más baños que otrora, y hasta de un área de walking-closet. Asimismo se aprecian (en el primer nivel): un recibidor, una sala, un comedor, una cocina, un estar familiar, un área de lavado, un área de servicio, una terraza, un patio con piscina y gazebo, y un módulo trasero donde se integran el cuarto de máquinas, dos baños y otra estancia de servicio.
Sin embargo, aquí no hubo rincón alguno que escapase del talento del arquitecto Tavárez en cuanto al diseño de interiores se refiere. Él trabajó bajo la disciplina del Feng-Shui, y “las técnicas de ese arte están impregnadas por doquier”, según afirma para justificar el hecho de que el vestíbulo está matizado de azul “a fin de relajar al visitante”, representando el elemento agua. Por otra parte, esto puede explicar por qué los rojos, naranjas y marrones también se ponen presentes en el resto de las estancias y, a decir de Tavárez, lo hacen para representar al “fuego”. Así, con conocimiento de causa, creó una correspondencia entre las tonalidades que simbolizan el agua y las que figuran en el fuego, propiciando igualmente un balance entre los materiales implementados a través de la combinación del metal y la madera.
Que el resultado final haya generado la satisfacción de los dueños en un 100%, él ya lo predijo desde el principio; que la leyenda arquitectónica a trabajar era contrapuesta a la hoy existente, él también lo tenía claro; pero el hecho de que esta familia en crecimiento se adaptara tan rápido a los espacios de su creación y liberara en estos una energía restringida por tanto tiempo, eso todavía es capaz de emocionar al arquitecto Luis Tavárez...