Para la familia Mera Zeller todos los rincones de su amplio jardín, ubicado en los Cerros de Gurabo, son especiales. Este banco (en el primer plano de la imagen) es otro de los testigos silentes, que ha visto pasar por este espacio a varias generaciones familiares durante casi 40 años.
Un ángulo de un pasillo exterior que pertenece y rodea a la residencia familiar, y que entra en contacto directo con la exuberancia del jardín adyacente.
Una hamaca parece ser acariciada por la brisa proveniente del mirador, que (al fondo) permite divisar completamente a la ciudad de Santiago.
Bajo la terraza, las vigas revestidas por la hiedra conviven con los cuernos de venados, los helechos y las palmeras (algunas de procedencia local; otras de origen africano)… entre otras especies, que acompañan a un sinnúmero de estatuas de bronce enclavadas sobre los empedrados caminos de este jardín santiaguero.
Para la matriarca de esta familia: “Mi jardín es lo más maravilloso que tengo en la vida, por su gacebo espectacular, sus fuentes de agua, la piscina… Pero, sobre todo, por la fusión de colores: azul, violeta, amarillo, rojo, rosa, salmón… que salpican por doquier cada rincón”.
Estatuas en bronce, de diversas formas, figuras y tamaños, dicen “presentes” en esta propiedad, donde también se hace notar una increíble variedad de productos agroindustriales que va desde los árboles frutales (con guanábanas, limones, cocos, naranjas, granadas, aguacates, nísperos y lechosas, entre otros), hasta los sembradíos de yuca, plátanos, guineos y guandules, por mencionar algunos…
“Este jardín es pura perfección, aquí no hay nada que no esté en orden”, familia Mera Zeller.