ESPACIOS - DISEÑO|09 nov 2012, 12:00 AM|4|POR Olga Agustín (Editora de Lacasa) / Fotos: Fernando Calzada

¿Un espacio capitaleño o un laboratorio de ideas?

Los ataques de creatividad de la diseñadora Natalia Ravelo se pusieron de manifiesto en este espacio
En forma de sol, un espejo recibe al visitante presentando gran singularidad en su forma y dimensión, al igual que la vistosa puerta de color coral que lo antecede.
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Los “ataques de creatividad” de Natalia Ravelo, que la invaden constantemente desde que estudiaba Diseño de Interiores, se vieron un poco mitigados cuando echó a volar su imaginación en su propio apartamento.

“Síndrome de positivismo”, así denomina Natalia Ravelo su persistencia y tenacidad a la hora de comprar y remodelar el apartamento que hoy habita en el décimo piso de una torre del Polígono Central, en Santo Domingo.

La historia se remonta a un par de años atrás, cuando decoró el decimoprimer nivel y quedó prendada de la increíble luminosidad que se percibía a través de los ventanales y de la hermosa vista hacia el Mar Caribe. Inmediatamente, preguntó si había algún apartamento en venta y así conoció al que un día sería el suyo; para eso, tuvo que “perseguir” durante un trienio a los dueños que residían en Hong Kong, hasta que logró su objetivo: comprarlo.

Misión 007

En apenas un lapso de dos meses, la distribución de este apartamento debía recibir un cambio radical; al igual que sus puertas, pisos, techos, cornisas, paredes y baños. La diseñadora de interiores y copropietaria del Estudio B Diseño de Interiores tenía mucho que hacer en muy poco tiempo...

 

“Remodelar y decorar es una labor ardua y difícil, sobre todo si no asumes el proyecto desde que está en pañales y te toca ‘remendar’ los errores que ya se han cometido”, reconoce Natalia Ravelo.

Afición por la decoración

Al ingresar a este apartamento se revela al instante la inagotable creatividad de esta mujer y su amor por los detalles. Desde la puerta principal, que cuenta con un color coral especialmente hecho para ella, hasta la colección de corales y caracoles que se exhiben en todos los espacios de esta morada... Todo parece indicar que este es un verdadero laboratorio donde vuelca sus ideas.

 

El destino parece haber sido muy selectivo cuando decidió poner en manos de Natalia Ravelo y de su familia un conjunto de obras y piezas de un valor artístico e histórico inestimable, perteneciente a sus ancestros. Un busto del artista dominicano Abelardo Rodríguez Urdaneta, pariente de su esposo, ocupa un sitial importantísimo en el hogar de los Piñeyro Ravelo. Esta pieza de yeso, que data entre 1890 y 1910, se conserva en perfecto estado y se exhibe en el recibidor desde un nicho especialmente construido para ella.

Más adelante, a mano izquierda, se encuentra el comedor. Este está precedido por dos imponentes piezas caninas de Italian Ceramic, las que custodian la entrada que lleva a la estancia.

 

Allí, se puede apreciar un imponente comedor de doce sillas que contrasta por su limpidez y amplitud junto a una vitrina que perteneció a la bisabuela de Natalia. “La pinté de blanco y la adapté, pues la tengo desde que me casé y significa mucho para mí”, comenta sobre esta pieza antigua.

 

Ravelo debía enfrentar el reto de ubicar las reliquias familiares sin convertir su residencia en una casa de antigüedades. ¿La fórmula secreta? Los años de trabajo, que le han ayudado a realizar cualquier tipo proyecto decorativo y a darle un giro diferente a las cosas.

Una vez en la primera sala de esta casa, se puede apreciar una fotografía perteneciente a un grupo de cuatro reproducciones originales de desnudos; esta es de la autoría del maestro, pintor, escultor y fotógrafo dominicano, Abelardo Rodríguez Urdaneta, y es una de las primeras en República Dominicana.

El mobiliario de la sala sigue un estilo french country al exhibir cierto matiz campestre en la terminación y la tapicería. Las mesas laterales fueron pintadas de blanco para armonizar con el entorno e imprimen un ambiente más casual a esta sala, que así evita tornarse demasiado formal. Estas mesas permiten que exista una transición entre el blanco total del comedor y el marrón de los muebles de esta área.

 

Recorrido variopinto

En el fondo del salón se percibe la sensación de divisar un gran espacio, esto se debe a la demolición de paredes y divisiones durante el proceso de remodelación. Pero es en esta zona, en la sala contigua a la principal, que Natalia aprovecha para introducir el color en su máxima expresión. Unas sillas pintadas de naranja y tapizadas a cuadros blanquinegros; junto a otro toque de marrón, a cargo de una mesa central de tope alto, guían al visitante hacia la seductora estancia.

 

Aquí también se exhibe una obra de Rodríguez Urdaneta, pintada al pastel, que representa en su forma romántica y clásica a una mujer importante en la vida de este precursor de la fotografía artística dominicana y de las artes plásticas. Se cree que se trata de un refinado retrato de su esposa.

Continuando la travesía, se avista el segundo comedor de la familia (en el que se sientan juntos diariamente). Posee una capacidad para 20 personas y permite disfrutar del juego de billar que se produce en el área de esparcimiento ubicada justo enfrente, así como de las obras del artista dominicano José Pelletier, que se encuentran en el mismo lugar.

Al llegar al final de las áreas sociales, hay una tercera sala con una gran mesa central –que en otros tiempos fue la imponente base de una cama-. A ambos lados, se pueden apreciar dos mesas plegadizas un poco más altas que la mesa del centro; éstas muestran el mismo tono coral de la puerta principal de entrada. “Quería la misma tonalidad al inicio y al final del apartamento”, dice Ravelo al explicar tan curiosa sintonía cromática.

 

Dos sillas de mediados del siglo XX prestigian esta sala y acompañan unas butacas de flores multicolores (con las tonalidades naranja, blanco, marrón y azul, que imperan en toda la casa). Las telas estampadas de estos asientos poseen varios tonos, que no agreden al resto de la decoración y que sintonizan a la perfección con esta.

Tanto su dormitorio como el de sus tres hijos están empapelados. Para Natalia Ravelo, el papel decorativo es su gran aliado y predomina en muchos ambientes de su hogar dotándolos de carácter propio sin necesidad de colocar cuadros o apliques.

 

Los baños de este apartamento han sufrido, igualmente, profundas remodelaciones; por suerte para estos, también se han convertido en “víctimas” de otro “ataque de creatividad” de Natalia Ravelo. Al parecer, el “padecimiento” de esta diseñadora no tiene cura, pero se mejora durante el proceso de liberación de ideas que exuda en cada uno de los proyectos decorativos que emprende. @olgaagustin 

 

 

 

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