ESPACIOS - DISEÑO|07 jun 2013, 12:00 AM|POR Wendy Espinal, Fotos: Fuente Externa, Agradecimientos: Mijail Peralta

¿Qué se lija en Madrid en materia de madera?

Rayuela, de Álvaro Catalán de Ocón, es una extensión del suelo, compuesto de la repetición de un ‘mosaico’ tradicional en madera. (www.catalandeocon.com)
Ver Todas las Fotos (5)

Si habría que destacar algo de la obra de estos artistas-artesanos es el deseo de volver a lo básico a través de la simplicidad y del trabajo del más noble –quizás- de los materiales: la madera. Así, lo básico se convierte en una forma de expresar lo complejo de lo sencillo y lo hermoso de lo cotidiano.

Una nueva visión (irónicamente nueva, siendo este el origen de todo) sobre la función del diseñador y la del artesano, y el alcance de su trabajo, se abre en los talleres de los españoles Pablo Limón, Pedro Feduchi y Álvaro Catalán de Ocón, y del dúo Ciszak Dalmas (italianos de nacimiento, madrileños por adopción).

Se trata, sin más, de una serena, pero potente revolución que está en el aire. El mundo de los objetos que nos rodean cambia a una escala animada por una insurrección de formas, materiales y visión de vida. Delante de nuestros ojos, lo que hoy “es”, mañana experimentará una metamorfosis que hará otra cosa de los espacios, muebles, objetos, y quién sabe qué más. Otra cosa más práctica, más noble o más hermosa.

 

La ebanistería, que ahora podríamos apellidar como “contemporánea”, y que resulta del feliz matrimonio entre diseñadores y artesanos, propone una serie de líneas y formas para acompañarnos en la vida, mientras se es testigo de un discurso artístico que se sumerge en la idea de detener la avasallante industrialización de las cosas. Es una posibilidad más próxima y viable de lo que nos dejan ver los grandes almacenes y sus centellantes luces. Como dice Pablo Limón: “Apreciar el trabajo que se enfoca en piezas con un trasfondo humano y más únicas, en contraste con las producciones en serie que solo les devuelve un espacio sin identidad”.

La revolución artesanal

De lo que habla Pablo Limón, madrileño y milanés en obra y escuela, es un tema que se repite en cada uno de estos creadores: la idea de las largas líneas de producción es un concepto agotado, muerto. Todos prefieren abordar sus conceptos bajo la etiqueta de proyectos. Una cosa a la vez, una pieza a su tiempo.

 

Álvaro Catalán de Ocón es otro diseñador español (uno de los que cuenta con más proyección internacional tras su premio Design Plus Award, en Frankfurt, por su lámpara Laflaca) que se suma a esta tendencia artesanal y minimalista. Álvaro se entrega a un proyecto y busca llevarlo a su ‘mínima’ expresión: “Descartando elementos hasta quedarme con lo meramente imprescindible”, empleando los materiales a partir de sus funciones y haciendo de cada pieza el resultado de una investigación creativa y funcional.

De ahí que la devoción por ese regalo de la naturaleza, la madera, se manifieste como un valor preciado, una insoslayable obsesión. Para Pedro Feduchi: “Volver a la tradición y a la madera era algo natural”. Natural, en contraste con la proliferación de materiales nuevos y ultra tecnológicos, que riñen con su visión de la creación.

 

Para Feduchi, eso es a lo que se refiere Limón cuando habla del “diseño con trasfondo humano”, no es más que un regreso a una idea más constructiva y menos ornamentada, que conecta más de lleno con el público.

También Alberto Gobbino Ciszak y Andrea Caruso Dalmas (Ciszak Dalmas) son militantes de esta revolución. Su serie de diseño La Clínica es la mejor muestra, una colección de muebles hechos a mano, producidos por artesanos jóvenes y locales de las ciudades donde se vende, basado en materiales naturales y en el proceso de producción con bajo componente tecnológico. “Todos los pedazos son hechos en pino, completamente desmontables. Esto nació de una investigación que explora nuevas configuraciones de diseño para recuperar o modificar objetos viejos y ready-made”. Ellos creen en la vuelta al trabajo artesanal.

  

Platonistas de la gubia

Donde empieza el artista, no termina el artesano. Feduchi lo aclama. Aunque él, desde luego, es demasiado humilde para decidirse a merecer tal mérito. “No puedo definirme artesano por mucho que me gustaría hacerlo. Soy arquitecto y diseñador. Para realizar mis trabajos con madera necesito de los artesanos que saben dar forma a mis ideas”. Lo de él es otra cosa, un vistazo mucho más antigua-Grecia: “Yo tengo el oficio de saber cómo introducirle ideas y emociones a esos objetos hechos con madera, son intangibles que se materializan en la materia”. Álvaro también tiene clara esta diferencia y se queda en el banquillo intelectual, como diseñador, admirado y agradecido por el trabajo de los artesanos. A la hora de trabajar con sus manos, se decanta por la pintura y la escultura.

Mientras, Limón manifiesta que en su caso prefiere sentirse con mente de diseñador y manos de artesano. Por su lado, Alberto y Andrea también se quedan con el título de diseñadores, siempre proclamándose generadores y promotores del trabajo de los artesanos.

 

 

Yo estuve ahí Si fuiste testigo de esta noticia envianos más informacion aqui...

Enviar
Anuncios Google
Powered by OverKontrol - Omnimedia 2013 © Todos los derechos reservados.