Estacionar dentro o fuera de la Ciudad Colonial (siglo XVI) siempre será un problema que no pudo estar contemplado nunca porque al ser colonial, lo más lógico es que sus calles fueran, como lo son, estrechas y no aptas para la circulación vehicular moderna (que no existía de antaño).
Pero la nuestra es una zona colonial generosa en amplitud de vías porque no es medieval sino renacentista y ya para entonces había coches tirados por tracción animal y la previsión del ancho de vía, estrictamente para circulación en rodamientos, fue posible incluso en dos sentidos.
Con la llegada del siglo pasado (siglo XX) se inició el tránsito vehicular moderno y las calles empezaron a registrar estacionamientos en ambos lados (no viene al caso indicar los cambios, en todos los sentidos, que generaron los vehículos).
Pero ahora, agotada la primera década del siglo XXI, la demanda de espacios para estacionamientos vehiculares presiona por usos emergentes, como son los esparcimientos, la diversión, los espectáculos (conciertos, bares y restaurantes), considerando que ya no hay cines, convirtiendo la zona en una nocturnidad de nuevos problemas, dado que el aumento de la delincuencia amenaza permanentemente esos usos, la cual se ampara en la falta de una iluminación permanente y menos frágil que la actual.
Desde hace ya mucho tiempo atrás, hay proyectos para soterrar estacionamientos bajo la Plaza de España (o Plaza del Solazo).
Pero entrar y salir de ellos es el agravante principal.
Lo ideal es realizar ambas funciones por la Av. Francisco Caamaño Deñó (o Av. Del Puerto).
Una alternativa es hacer esos estacionamientos, construyéndolos en la periferia de la zona.
Una ubicación adecuada podría beneficiar tanto al Barrio Chino como a la Zona Colonial, buscando ese punto intermedio de integración que dé facilidades a ambos usuarios.
Luego, todos los pequeños estacionamientos que funcionan en la actualidad, deben seguir rindiendo esos servicios, tanto diurnos como nocturnos, cobrando por ello pero dando vigilancia efectiva a los mismos.
Obviamente que la poca costumbre a caminar, motivada, entre otras cosas, por la falta de espacios en las aceras pues son muy estrechas y algunas muy altas con relación a la superficie de la calle cuando no es que tienen en medio los postes del tendido eléctrico; o por el peligro acentuado del asalto a mano armada de que pueden ser victimas los viandantes; o porque las frecuentes lluvias lo impidan, son dilemas que se agregan al debate.
Pero la nuestra es una zona colonial generosa en amplitud de vías porque no es medieval sino renacentista y ya para entonces había coches tirados por tracción animal y la previsión del ancho de vía, estrictamente para circulación en rodamientos, fue posible incluso en dos sentidos.
Con la llegada del siglo pasado (siglo XX) se inició el tránsito vehicular moderno y las calles empezaron a registrar estacionamientos en ambos lados (no viene al caso indicar los cambios, en todos los sentidos, que generaron los vehículos).
Pero ahora, agotada la primera década del siglo XXI, la demanda de espacios para estacionamientos vehiculares presiona por usos emergentes, como son los esparcimientos, la diversión, los espectáculos (conciertos, bares y restaurantes), considerando que ya no hay cines, convirtiendo la zona en una nocturnidad de nuevos problemas, dado que el aumento de la delincuencia amenaza permanentemente esos usos, la cual se ampara en la falta de una iluminación permanente y menos frágil que la actual.
Desde hace ya mucho tiempo atrás, hay proyectos para soterrar estacionamientos bajo la Plaza de España (o Plaza del Solazo).
Pero entrar y salir de ellos es el agravante principal.
Lo ideal es realizar ambas funciones por la Av. Francisco Caamaño Deñó (o Av. Del Puerto).
Una alternativa es hacer esos estacionamientos, construyéndolos en la periferia de la zona.
Una ubicación adecuada podría beneficiar tanto al Barrio Chino como a la Zona Colonial, buscando ese punto intermedio de integración que dé facilidades a ambos usuarios.
Luego, todos los pequeños estacionamientos que funcionan en la actualidad, deben seguir rindiendo esos servicios, tanto diurnos como nocturnos, cobrando por ello pero dando vigilancia efectiva a los mismos.
Obviamente que la poca costumbre a caminar, motivada, entre otras cosas, por la falta de espacios en las aceras pues son muy estrechas y algunas muy altas con relación a la superficie de la calle cuando no es que tienen en medio los postes del tendido eléctrico; o por el peligro acentuado del asalto a mano armada de que pueden ser victimas los viandantes; o porque las frecuentes lluvias lo impidan, son dilemas que se agregan al debate.