Arquitectura|02 dic 2012, 5:30 PM|POR EFE

La imagen icónica de Le Corbusier

El lejendario arquitecto fue pionero en usar la fotografía para construir su imagen icónica.
La Villa Saboya es un edificio situado en Poissy, a las afueras de París, que fue construido en 1929 y proyectado por Le Corbusier.
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LA CHAUX DE FONDS (Suiza).- En la actualidad, nombres como Norman Foster o Jean Nouvel son asociados con rapidez a sus construcciones gracias a la mediatización de sus obras, un concepto del que Le Corbusier, a principios del siglo XX, fue un precursor, al crear "un icono" de si mismo gracias a la fotografía.

"La fotografía: que milagro", diría Le Corbusier, reiteradamente, a lo largo de su dilatada e intensa vida de arquitecto, retratada en centenares de negativos en la exposición "Construir la Imagen. Le Corbusier y la Fotografía", concebida por su ciudad natal, La Chaux de Fonds, para conmemorar el 125 aniversario de su nacimiento.

Hijo de un grabador y de una profesora de piano, Charles Édouar dJeanneret, Le Corbusier, (La Chaux de Fonds, Suiza, 1887 /Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1965), demostró desde pequeño una gran vocación artística y tras estudiar en la Escuela de Arte de su municipio efectuó a los 24 años un viaje de formación a Europa del Este.

Esta expedición le abrirá las puertas no solo de un mundo desconocido, sino también de un universo auténtico pero reconstruido a través de los lentes de una cámara de fotografiar.

Esa experiencia le permitió comprender el potencial inigualable de la imagen y, desde entonces, explotó en todas sus vertientes la fotografía: como herramienta de trabajo, como objeto de composición -"la fotografía aporta alma a los edificios, decía- pero también

como vía de divulgación de sus obras y de sí mismo como "creador".

Bien joven, construye una imagen icónica de si mismo que, como el Che Guevara o Marilyn Monroe, le permite seguir siendo reconocido casi medio siglo después de su muerte: gafas grandes y redondas, pitillo en los labios, camisa blanca, traje cruzado y pajarita.

Aunque viste así hasta su muerte -en raras ocasiones, en público, se le ve con otro atuendo- también sabe ser "camaleónico" y se muestra puntualmente con la camisa abierta mostrando el pecho junto a Pablo Picasso o con la gorra de obrero en la Unión Soviética.

"Le Corbusier creó menos de un centenar de edificios, es muy poco, pero desde el inicio hizo teoría sobre su arquitectura, publicó libros, viajó mucho, dejó una huella escrita que influyó

mucho en su época y que permite seguir estudiándolo hoy en día", explicó a Efe Annouk Hellmann, jefa del proyecto Le Corbusier 2012.

"Pero sobre todo, supo cultivar su imagen, hizo una marca de sí mismo", agregó.

Un icono que Le Corbusier -cuyo seudónimo nació de una derivación del nombre de sus bisabuelo materno, Lecorbésier- expandió, a propósito, por todo el mundo, dejando en todos los casos huellas gráficas:

Construcciones en Francia, Argelia, la URSS, y la India; encuentros con Jawaharlal Nehru o Albert Einstein; viajes a Estados Unidos y Sudamérica, que le llevarían a colaborar con el inefable y longevo arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.

El arquitecto cuida su imagen y su imagen "vende". Por lo que Le Corbusier ahonda más en esa "presencia", al exhibir fotográficamente sus obras: deja las gafas encima de una mesa o aparca su coche frente a uno de sus edificios.

Unos clichés tomados por fotógrafos profesionales (Lucien Hervé, Robert Doisneau, René Burri) contratados por él que retratan millares de veces sus construcciones, y tras una minuciosa, crítica

y a veces brutal edición del propio arquitecto, son imprimidas y publicadas en revistas y libros.

Fueron más de treinta, de los cuales controlaba tanto la concepción visual como la material, eligiendo el formato, la calidad del papel o los caracteres tipográficos.

"Le Corbusier era muy exigente consigo mismo y también con los otros -explica Hellmann- y era un obsesivo del control, era parte de su personalidad".

Considerándose a sí mismo como un artista global -pintor, escultor, grabador, urbanista- y preocupado a partes iguales por la ergonomía y por la convivencia social, desarrolla tanto el concepto del "Modulor", como las famosas "unidades de vivienda".

"EL MODULOR"

El "Modulor" es una concepción arquitectónica, un sistema de proporciones estandarizadas que toma como base métrica el cuerpo humano para crear un espacio confortable y ergonómico.

Le Corbusier utilizó el Modulor para construir muchos de sus edificios, incluidas las cinco "unidades de vivienda" que logró edificar y que son, hasta hoy, un ejemplo de convivencia social y de concepción arquitectónica.

"Hay que visitarlas y estar dentro para comprender su significado y su eficacia", aseveró Hellmann, al destacar el enorme esfuerzo de concepción teórica y la excelente concreción de estos edificios que albergan hasta un millar de personas que comparten no solo escaleras, pasillos y ascensores, sino piscina, panadería, guardería y cuerpo de bomberos.

"Fue muy novedoso en su momento, y es un modelo que no se repitió, pero que sigue funcionando casi siete décadas después", apuntilló.

A pesar del uso (y abuso) transversal que hizo de la fotografía, Le Corbusier confesó al final de su vida que la fotografía le daba "menos placer" que dibujar.

"Cuando me di cuenta -relató- que confiando mis emociones a un objetivo olvidaba hacerlas pasar por mí, algo que es muy grave, decidí dejar la Kodak y volver a coger el lápiz". EFE

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