Habitat|30 ene 2013, 12:00 AM|1|POR Patricia Leonor

Un amante de la ciudad y sus espacios

El joven arquitecto vegano Ariosto Montisano obtuvo el Gran Premio Bienal Ex Aequo.
Arquitecto Ariosto Montisano, ganador del Gran Premio Bienal Ex Aequo en la pasada Bienal Internacional de Arquitectura de Santo Domingo.
El arquitecto Ariosto Montisano confiesa su interés por los proyectos que están al servicio de las personas, del colectivo, y se describe contextual, porque para él cada proyecto genera su propia fuerza y su propia limitante.

El joven arquitecto vegano de 32 años, Ariosto Montisano, ganador del Gran Premio Bienal Ex Aequo en la pasada Bienal Internacional de Arquitectura de Santo Domingo (BIASD 2012), asegura que su amor por el medio ambiente, por los espacios, por la ciudad , es lo que lo llevó a estudiar arquitectura, porque está convencido de que esta profesión no debe circunscribirse a un edificio, sino al conjunto que ofrece servicios y que hace espacios habitables.

Al igual que Montisano, quien también obtuvo segundos lugares en la categorías Arquitectura del Paisaje y Diseñó de Interiores en la BIASD, fueron merecedoras del Gran Premio Bienal las arquitectas Sonya Pérez, con su proyecto "Santomé 115", y Mauricia Domínguez, con "Centro de la Imagen".

Montisano se graduó de arquitecto en el 2006, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) e hizo especialidad en arquitectura y sostenibilidad, con atención a lo urbano, en Barcelona, España. Actualmente es profesor de la Escuela de Arquitectura de la PUCMM en Santo Domingo y forma parte del equipo del Departamento de Planificación y Proyectos del Ministerio de Turismo.

Hábitat: ¿Cómo describirías tu proyecto Museo Sacro de la Vega, ganador del Gran Premio Bienal?

AM: Es un proyecto que tiene su semilla en mi tesis de grado, porque fue precisamente sobre la recuperación de unos edificios abandonados que hay alrededor del parque Duarte de La Vega, y tocaba el tema del reciclaje urbano y la protección del ambiente. La idea es que la ciudad recupere lo que tiene todavía valor. Es un proyecto que en realidad lo llevo en el corazón, porque se realizó en una vivienda que está ligada a mi infancia, ya que está justo al lado de la casa donde nací y crecí, frente al parque donde jugaba de niño. Además, fue construida en el año 1919 por Tiburcio Almánzar para el hacendado don Zoilo García, que fue mi tatarabuelo.

Hábitat: ¿Qué quisiste lograr con este proyecto?

MB: El objetivo era mantener la memoria patrimonial del edificio, pero también lograr que se cumplieran los requisitos contemporáneos para un museo, lo que se hizo mediante el respeto de lo existente, la producción de un diálogo entre lo que estaba y lo agregado, y un contraste entre lo antiguo y lo contemporáneo, sin restar protagonismo a los detalles originales de la fachada. Se seleccionó un edificio con valor histórico y estilístico, con memoria colectiva, ubicación interesante en relación a la Catedral de la Inmaculada Concepción y con la oportunidad de reciclar una estructura. El proyecto surge a raíz del interés del Ministerio de Turismo de diversificar la oferta turística en el país, por lo que es parte de un circuito denominado "Senderos de la Fe".

Hábitat: El jurado de la BIASD 2012 manifestó que otorgó el Gran Premio Bienal a los tres proyectos, entre otras razones, porque consideró que contribuyen a la regeneración del tejido urbano ¿Qué opinas de eso?

AM: Me parece una excelente idea, porque el tejido urbano de las ciudades dominicanas, sobre todo las más recientes, tienen una envergadura y una escala muy para el peatón, muy humana, e incentivar su rescate es una forma de que nos demos cuenta de que el espacio de la ciudad es primordial. Incluso yo pondría el espacio antes que la arquitectura, porque la arquitectura para mi tiene que estar al servicio de los espacios de la ciudad. Yo no soy urbanista, yo soy arquitecto, pero considero que la gran arquitectura es hacer la ciudad. Creo que el gran elemento, el gran ente, la gran máquina donde las personas se pueden manifestar en su máximo potencial es la ciudad.

Hábitat: ¿Cuáles fueron tus otros proyectos ganadores en la Bienal de Arquitectura?

AM: Un proyecto para el Parque de Engombe, que participó en un concurso convocado por el Ministerio de Medio Ambiente, donde se utilizan las ruinas coloniales allí existentes como espacio público. Este proyecto ganó el segundo lugar en la categoría Arquitectura del Paisaje.

El otro proyecto es Niñópolis, que ganó el segundo lugar en la categoría Diseño de Interiores. Tiene un concepto de ciudad en miniatura; un parque temático donde los niño asumen roles diversos como policías, bomberos, profesores, médicos... El proyecto actualmente se encuentra en fase de terminación y se levanta en el nuevo centro comercial Galería 360, en un espacio de 1,300 metros cuadrados.

Hábitat: ¿Cuál fue tu reacción al ganar tres premios de la Bienal, incluyendo el máximo galardón?

AM: Fue una gran sorpresa cuando anunciaron los ganadores de la Bienal, sobre todo porque los jóvenes tuvimos la oportunidad de pararnos hombro con hombro con los grandes arquitectos del país, con los grandes profesionales que tanto respecto y de los cuales tanto he aprendido. Cuando el jurado leyó los lauros la sorpresa fue inmensa, y sobre todo por ser tres los proyectos ganadores.

Hábitat: ¿Porque te sorprendió tanto?

AM: Creo que por el respeto que como joven yo sigo teniendo por aquellos arquitectos a los cuáles yo vi en revistas, a los cuales yo estudiaba, los consagrados. Arquitectos dominicanos que yo todavía cuando me pasan por delante me quito el sombrero. Mi sorpresa fue más por eso, por la timidez que me provocaba competir con las personas de las que aún estoy aprendiendo. Esa noche fue de mucho aprendizaje.

Hábitat: Es evidente tu interés profesional por el medio ambiente y por el rescate del patrimonio ¿Se relacionan estos dos intereses?

AM: Yo creo que sí, porque ser cuidadoso con el medio ambiente es también recuperar lo que ya está construido, mientras menos se demuele y se construye menos daño se le hace al ambiente, por lo que se convierte es una forma de reciclar. Se le llama reciclaje urbano o arquitectónico. Eso fue lo que precisamente se hizo con el Museo Sacro de La Vega, que era una vivienda deteriorada: se recupera, se interviene con elementos nuevos y se recicla para darle otro uso.

Hábitat: ¿Qué crees que le hace falta a nuestra ciudad?

AM: Creo que le falta consideración por el peatón, que incluya espacios públicos, parques, calzadas que puedan ser caminadas y transitadas tanto por una persona de 15 años que sale corriendo, como por una mamá que lleva un cochecito de bebé. Para mí eso es fundamental .

Hábitat: ¿Cómo vez la ciudad ahora?

AM: La vea poco democrática. Pienso que ahora mismo nuestras ciudades, sobre todo en Santo Domingo, son hasta cierto punto elitistas, porque no permiten las mismas facilidades para todas las personas. No permiten, por ejemplo, que una persona de bajos ingresos llegue a un centro de estudios del mismo modo que una persona de mejores ingresos, sencillamente porque no existe un transporte público eficiente.

Hábitat: ¿Que debería hacerse con los cascos antiguos de nuestras ciudades, sobre todo con la Primada de América?

AM: Creo que las iniciativas que se llevan a cabo en la ciudad colonial de Santo Domingo son bastante atinadas. Tengo mucha fe y esperanza en el equipo que está trabajando en el plan para su reactivación y puesta en valor, van por buen camino. La manera en la que se está tratando de intervenir, con mucha planificación y con mucho cuidado, creo que es correcta, y no precipitada. No se trata sólo de una pintada de fachada, debe ser de verdad, desde las entrañas.

Hábitat: ¿Te sientes cómodo con tu rol de profesor?

AM: Me gusta, la verdad es que disfruto dar clases. Me encanta el sentimiento de la academia; el aire que se respira en la universidad es digno de mantenerse joven. Al final el profesor aprende tanto o más que el alumno porque debe mantenerse en constante actualización y eso ayuda muchísimo, ayuda tanto en la carrera como a nivel personal. El intercambio que se realiza con los estudiantes lleva a estar siempre en constante búsqueda, en constante cuestionamiento... es buenísimo cuando los estudiantes te cuestionan, eso hace que uno se reformule algunas cosas que creía que sabía muy bien. El profesor no lo sabe todo, sobre todo yo que me considero joven todavía, pero es importante entender que uno puede indicar a los estudiantes hacia donde está el conocimiento, sobre todo hoy con el desarrollo de tecnologías como el Internet.

Hábitat: ¿Consideras que como profesional has llegado donde querías?

AM: Al final, mis metas no son tan grandes; al final, mi competencia es siempre contra mi propia limitante. Siempre que me enfrento a un proyecto, mi competencia es conmigo mismo. Me planteo siempre cómo lo puedo hacer bien, cómo lo puedo hacer mejor, siempre bajo unos preceptos de respeto y de valores. No pongo el mundo como límite sino mi propio yo. Lo sentí así en la universidad y lo siento ahora como profesor y profesional.

Hábitat: ¿Piensas seguir la misma línea profesional que has mostrado hasta ahora?

AM: Como se pudo ver en los trabajos que presenté en la Bienal, son súper diferentes uno del otro. Voy a seguir la misma línea, voy a buscar siempre proyectos que estén al servicio de las personas, al servicio del colectivo, esa es una línea muy general. Incluso se podría decir que no tengo línea, me considero contextual, hago cada proyecto en base a su contexto, cada proyecto genera su propia fuerza y su propia limitante.

Hábitat: ¿Qué es para ti la arquitectura?

AM: La arquitectura yo no la veo solo como arte. Yo creo que parte de la labor que nosotros los arquitectos jóvenes tenemos que hacer es que se entienda que el arquitecto no sólo hace cosas bonitas, que son bonitas por inercia, pero antes tienen que funcionar, en muchos sentidos, en el económico y social y en el sentido del servicio que se está ofreciendo. Es algo que yo tengo como meta, y dar clases en la universidad me sirve para eso, para hablarles a los estudiantes de que esta profesión no es solo para hacer bellezas sino para hacer que las cosas funcionen.

Hábitat: ¿Cómo se puede lograr transmitir ese mensaje?

AM: Haciendo entender que la estética es transversal en el producto, al igual que lo sostenible. No es que voy a ser una pared sostenible o un edificio sostenible, es que todo lo que haga tiene que ser con conciencia ambiental, conciencia social y económica. Lo importante es la funcionalidad, y no me considero un arquitecto funcionalista y por eso hablo de lo contextual, porque cada proyecto tiene su propia limitante, su propia fuerza. Considero que algo que tenemos que recuperar es el trabajo del arquitecto como proyectista, como persona que hace que las cosas funcionen, el que debe de sentarse a la mesa con todos los profesionales que intervienen en un proyecto, con el ingeniero de construcción, el del aire acondicionado, el eléctrico, para que las cosas funcionen de manera óptima, igual que con el que diseña el jardín. el que hace la escultura. el que hace lo bello; debemos comunicamos con todos ellos, y es un trabajo hasta cierto punto difícil porque buscamos abarcar demasiado, pero por eso digo que sobre todo no es solo la belleza, que sea bello es lo ideal, pero primero que sirva para su propio contexto.
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