Habitat|27 feb 2013, 12:00 AM|POR Patricia Leonor
ZooMorfia

La cara simpática de la chatarra

Piezas usadas, rayadas y oxidadas ponen el sello distintivo en cada insecto.
Esta abeja metálica es un ejemplo de cómo elementos disímiles en forma y usos se pueden unir para dar paso a una obra de arte.
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Para convertir un montón de chatarra en una pieza de arte hay que tener suficiente sensibilidad y conciencia ambiental y, sobre todo, mucha imaginación. Este es el caso de los creadores de ZooMorfia, uno de los nuevos proyectos del estudio Pons Arquitectos, quienes han logrado una interesante colección de insectos gigantes a partir fragmentos de metales desechados.

Los arquitectos que concibieron ZooMorfia lo consideran un proyecto de "arte encontrado", cuyo nombre surge con la descripción del mismo: zoo, prefijo que significa animal, y morfía, por ser esculturas que aluden a la morfología o formas de algunas criaturas vivas.

Las figuras fueron hechas con desechos de piezas de aislantes eléctricos como estructura principal, las cuales se combinaron con algunas partes de automóviles, llaves de paso, aros de bicicletas, aspas de abanicos, tapas de tanque de oxígenos, entre otras de las tantas chatarras que producen vertiginosamente nuestras ciudades.

El arquitecto Daniel Pons confiesa que siempre ha tenido un interés particular en los objetos de ambientación y arte, y en su búsqueda de ir más allá de la arquitectura y la creación de espacios ve usos alternativos en piezas comunes.

Es esta inquietud de Pons la que permite que ZooMorfia salga a la luz, pues se sintió inspirado cuando durante un viaje al interior del país se encontró con una cantidad de aislantes electrónicos abandonados, y no pudo desprenderse de la idea de que esos desechos podrían convertirse en piezas de arte.

Reunido con su equipo de trabajo en torno a las piezas encontradas, muchas ideas surgieron, pero es la observación de que se asemejaban al cuerpo de algunos insectos lo que permite que el proyecto comience a tomar forma.

El siguiente paso fue investigar sobre la morfología de los insectos a diseñar y hacer bocetos de los posibles ensamblajes de las piezas, así como reunir nuevos objetos que pudieran completar las nuevas ideas.

Es así como bajo la inspiración del arquitecto Pons y la dirección creativa del arquitecto Juan Manuel Núñez, apoyados en un profesional de la herrería para unir los fragmentos, las figuras de ZooMorfia fueron surgiendo del montón de chatarras oxidadas.

El equipo de Pons Arquitectos expresa lo gratificante que fue ver la obra final, y advertir como cada pedazo de metal, que inicialmente era distinto en forma y más aún en uso, se fundía con otro, creando una pieza artística.

"Supimos que el cometido se había logrado cuando las piezas no se identificaban fácilmente por su uso ordinario y simplemente se percibían como parte de un todo. Lo que era antes una llave de paso es tal vez ahora la cabeza de la libélula, o un aro de bicicleta es parte de las alas de una mariposa", comentan los creativos.

Concluyen que el hecho de que sean piezas usadas, marcadas, rayadas y hasta oxidadas es lo que le da personalidad e individualidad a cada insecto creado. He ahí la magia del proyecto.

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