Urbanismo|29 mar 2013, 12:00 AM|POR Emilio José Brea García
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Ciudad y horarios

La dinamización de las actividades diurnas y nocturnas han complicado el uso de las ciudades.

Hace ya más de 40 años, las ciudades dormían. Pausaban al mediodía y tenían tres espacios de tiempo, útiles para distintas labores y actividades. Las mañanas, las tardes y las noches. Estas últimas diferenciaban sus horas entre activas y pasivas. Las madrugadas eran para dormir. Excepcionalmente en los fines de semana y feriados, esas madrugadas se activaban.

Con el transcurso del tiempo, el crecimiento poblacional, las transculturaciones y las nuevas labores comerciales a cualquier hora, han dinamizado las actividades urbanas y han complicado el uso de las ciudades tanto para quienes las habitan como para quienes deben velar porque las mismas permitan que se actúe en ellas con eficiencia, que se trabaje con eficacia y que todas las zonas urbanas sean apropiadamente cuidadas, asegurándose así (las diversas administraciones urbanas -municipales, policiales, laborales, educacionales, hospitalarias, de esparcimientos, deportivas, de entretenimientos, de servicios, de transportes, y/o culturales-) que sean adecuadamente seguras, bien señalizadas, limpias, iluminadas, olorosas, despejadas y hasta sectorizadas.

En la actualidad, ya hace tiempo, que hay muchas gentes que trabajan cuando las mayorías duermen. En consecuencia, no todas las ciudades se pueden dar el lujo de irse a la cama al mismo tiempo. Las vigilancias ante el bandolerismo delincuencial de calle, obliga a estas previsiones. Otros robos y crímenes se realizan a la luz del día y a puertas cerradas en todo tipo de recintos principalmente comerciales, financieros y empresariales. Cuidar las ciudades en sus momentos de descanso no fuera nada comparado con el tener que cuidarlas en sus momentos de pleno apogeo de sus actividades laborales, comerciales y educativas. Hay un factor que las delata inefectivas en esos momentos. Se trata de la movilidad interna. El ir y venir del parque vehicular que se constituye en la triada que actúa como el talón de Aquiles de cualquier ciudad medianamente urbanizada.

El transporte, el tráfico y el tránsito son tres factores que actúan juntos y necesitan rigurosas metodologías de alta tecnificación para su control y eficientización, o de lo contrario, lo que ya es norma conductual urbana identificada en el desorden casi caótico, no será otra cosa que el colapso permanente del recurso imprescindible para la agilización del movimiento dentro de la ciudad. Es por ello que los peores cirujanos urbanos recomiendan los más caros medicamentos para intentar sanear las ciudades que adolecen de estos malestares en que son distintas, diferentes y diversas los síntomas y sus consecuencias.

Es por lo que tenemos elevados, túneles y sistemas de Metro subterráneos. Pero no tenemos una Oficina de Planificación para la Circulación Vehicular de la capital dominicana. Si esa oficina existiera y se dedicara única y exclusivamente a evaluar las posibilidades de corregir los horarios de entrada y salida de los lugares de alta demanda de usos (escuelas, colegios, oficinas públicas, fábricas, espectáculos públicos, etc.) otra cosa fuera. Y si por demás, de esa Oficina (si existiera) salieran ordenanzas para colectivizar el transporte (obligatoriamente) de escuelas y colegios, oficinas públicas y fábricas, la ciudad, y cualquier ciudad, se sintiera más amable, más vivible y utilizable...

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