MUNICH, Alemania. Bayern Munich y Chelsea plantearon ayer la final de la Liga de Campeones como una revancha casi personal, por muchas razones.
Pero poco o nada dejaron entrever de sus estrategias de cara al partido de hoy. Mientras el técnico alemán Jupp Heynckes apeló a una mezcla entre frialdad y fórmulas para desactivar a jugadores como Didier Drogba, su colega Roberto Di Matteo escondió cualquier pista y dijo que no decidirá la alineación hasta unas horas antes del encuentro.
Bayern y Chelsea tienen cuentas pendientes con la Copa de Europa. Los alemanes juegan en casa, en su propio estadio, donde han ganado los siete partidos disputados en la presente Liga de Campeones.
En el equipo inglés, todavía escuece la derrota en la definición por penales de la final de Moscú hace cuatro años frente a Manchester United.
La victoria daría al Bayern su quinta corona continental. Mientras que para el Chelsea sería su primera Copa de Europa y la culminación del sueño del magnate ruso Roman Abramovich de inscribir el nombre del conjunto inglés en la aristocracia del fútbol europeo. AP