CONVERSANDO CON EL TIEMPO|01 dic 2012, 12:00 AM|POR José del Castillo

Un Napoleón del merengue

Bodegón de Cándido Bidó.

Napoleón Zayas, saxofonista y director de orquesta, es una referencia obligada en la historia musical dominicana, particularmente como difusor del merengue de calidad por el mundo. Y más aún, en el desarrollo en España del jazz, género en el cual se le considera justamente un pionero en la península ibérica. Allí residió por cuatro décadas, destacándose como diestro ejecutante en reputados establecimientos nocturnos en Madrid, Barcelona y San Sebastián, fijando esa plaza como su plataforma artística para deambular por toda Europa, el Medio Oriente y África. Su álbum Let's do the Merengue, editado por Montilla en los 50's, indica que su primera agrupación se denominó Napoleón and his boys, señalando que actuó en Nueva York en el Savoy Ballroom, Alhambra, y Cotton Club, alternando en este santuario del jazz situado en Harlem con la orquesta del magistral Duke Ellington. Consignándose en la contraportada de la carátula que en los 30's viajó a Europa.

En efecto, otras noticias refieren que en 1932 Napoleón Zayas, al igual que el músico dominicano Esteban Peña Morel y la vedette Rosa Elena Bobadilla, habrían acompañado a Eduardo Brito en su incursión triunfal en el Viejo Continente, tras una temporada de exitoso rendimiento del virtuoso barítono dominicano en Nueva York, donde grabó profusamente para la compañía fonográfica Victor y actuó en reputados teatros y hoteles. La turné, organizada por una compañía artística de zarzuelas y revista de variedades formada por el compositor cubano Eliseo Grenet, el célebre autor de Lamento Cubano y el tango-congo Ay Mama Inés. Que presentaría en Barcelona y otras ciudades españolas la zarzuela La Virgen Morena de Grenet y Aurelio Riancho, en la que Brito interpreta las romanzas Lamento Esclavo y Mi vida es cantar. Tanto Brito como Grenet desarrollaron varias temporadas artísticas en Europa, donde la música afrocubana causaba verdadero furor. No sólo en España, sino también en París y otras capitales europeas.

En una entrevista concedida al periódico Sevilla en mayo de 1955 -ciudad en la que se encontraba actuando con su orquesta Ciudad Trujillo en la famosa feria andaluza anual que atrae turistas del mundo entero-, Zayas afirmaba que había perfeccionado sus estudios musicales en "Santo Domingo primero, en Nueva York después, allá por 1930. En la época en que el charleston daba paso a la rumba. En aquél Broadway enloquecedor, donde triunfaban Sophie Tucker, Frank Sinatra, Bing Crosby y el famoso artista de color Bart Williams, cuya gracia remedaron Eddie Cantor y Al Jolson, me inicié como director de orquesta y allí concreté mi anhelo de venir a España, donde llegué en 1932". Durante veinte años consecutivos -con breves jiras por Francia e Italia, "precisamente en el Casino de San Remo, durante la memorable temporada de Spadaro, el Chevalier italiano"- se mantuvo en España, regresando en 1952 a Santo Domingo.

A diferencia de la lírica del tango Volver de Gardel y Le Pera, que reza que veinte años no es nada, Zayas Ruíz, nacido en Azua en 1904, encontró al retorno a su patria que ésta se hallaba "completamente transformada", gracias a la obra del Generalísimo Trujillo. Por cuyo patrocinio, con el fin de divulgar el folklore dominicano por el mundo, formó la orquesta Ciudad Trujillo. Diez muchachos: cuatro saxofones, dos trompetas, cuatro en el ritmo. Y el cantante Ramón Hernández. Agrupación que se embarcó rumbo a España en noviembre de 1954, justo cuando las relaciones entre los dos generalísimos, Franco y Trujillo, estaban en su clímax. Con esta formación, Zayas entendía que había popularizado el merengue en la Madre Patria, al grado que afirmaba que junto al bebop en el jazz de los "americanos del Norte", en ese momento el merengue era el ritmo en boga en el mundo, acompañado por el bolero.

Al charlar sobre su rol como compositor, Zayas señalaba como su mayor éxito Ritmos en Casablanca, "un fox que estrené en Madrid durante la última actuación de Josephine Baker", la gran diva de color que a todos enloqueció. Esa noche, la orquesta "dominicana de color" -como se identificaba oficialmente- se presentaría en Radio Sevilla, en la emisión del programa La Llave de la Felicidad. En papel timbrado, Zayas hacía consignar sus actuaciones destacables en prestigiosos centros artísticos. Aparte los referidos en NYC, en Madrid figuraban Salón Casablanca, Boite Castelló, Hotel Plaza, Fontoria, Pasapoga. En Barcelona, El Cortijo y Club Trébol. Club de Tenis de San Sebastián, Santander y Granada. El Teatro Arriaga de Bilbao, el Parque Japonés de Gijón. Casino de la Exposición de Sevilla.

En París los cabarets Florencia, La Villa de l'Est, y el Teatro Paramount. El Casino de Biarritz. En Suiza, Silkporte Café, Casino de Lucerna, Café del Embarcadero. En Holanda, Tabaris, Café Central, Café Hek, Pshort. Teatro San Luis de Lisboa y Casino de Estoril. Estocolmo, Tivoli y Falum. Cabaret Valencia de Copenhague. Royal Hotel y Cabaret Arizona de Budapest. Taj Mahal Hotel de Bombay. Casino de San Remo, Italia. Nada de aguaje. Los brochures promocionales atestiguan la calidad reputada a Zayas y su "orquesta típica de color": "el más trepidante conjunto de color que se ha presentado en España", reza un suelto de los Salones de Fiestas Sigat, de Barcelona. Otro arte, de la Sala de Fiestas Citroen, destaca "Hoy. Gran éxito de la Orquesta de Color Ciudad Trujillo dirigida por el gran Napoleón". Que se presentaría con Las Diabolinas, con 11 bellísimas bailarinas, un cuadro flamenco y un cuadro andaluz.

Una entrevista realizada en el 2002 a Ramón "Chiripa" Aracena -músico y arreglista, director musical de Los Soneros de Oriente- aparecida en la red, amplía esta historia. "Desde los 50 salí de Santo Domingo. Estuve entre 1954 y 1958 por Europa: España, Francia, Italia, Suiza, y una parte del África, con la orquesta de Napoleón Zayas. Era una orquesta de tipo jazz, con tres saxofones (realmente cuatro, con Zayas), dos trompetas, piano, bajo y batería". Tocaban "música caribeña... Sí: boleros, merengues, guarachas, ¡de todo tocábamos!... Más mambo, que en ese tiempo era el mambo..."

En abril de 1971, tras 18 años de ausencia ininterrumpida, regresó al país Napoleón Zayas. En visita girada a la redacción del Listín Diario en compañía de su esposa segoviana Celia del Val y de su hermana María Zayas de Nadal Rincón, el director de orquesta que había difundido el merengue por el mundo -tarea compartida con Simó Damirón y Negrito Chapuseaux, Alberto Beltrán, Billo Frómeta, Porfi Jiménez, Rafael Minaya, Ángel Viloria, Ramón García y Dioris Valladares, Kalaff y sus Alegres Dominicanos, y el propio Cugat con su producción para la Feria de la Paz-, afirmaba que traía un montón de planes. Entre ellos, formar una "novedosa orquesta" para trabajar en Santo Domingo y cubrir temporadas en Europa.

Conforme a Rolando Oscar Haza, su padre Felo Haza del Castillo y su socio Faqui Franco, a la sazón vinculados con el Hotel Jaragua, ofrecieron a Zayas formar una orquesta para amenizar las noches en ese establecimiento emblemático. El proyecto habría durado poco. A un año después de su retorno, El Caribe reseñaba que el director había formado la Orquesta Dominicana, "la cual se presenta todas las noches en un centro de diversiones de la capital". Anunciando que en junio de ese año, 1972, la agrupación viajaría a España con los Hermanos Luna y "posiblemente Fernando Casado", en una jira patrocinada por la Dirección de Turismo.

La nota, calzada por Rafael Rodríguez Gómez, destacaba la destreza de Zayas en el saxofón y el clarinete, apuntando que en 1942 había dirigido Los Chavales de España. En su carrera, habría conducido "a más de 1,500 músicos de distintas nacionalidades y ha grabado unos 200 discos, entre los que se cuentan merengues, mambos y carabinés". De éstos los más populares en Europa, Compadre Pedro Juan, El Negrito del Batey y La Maricutana. Relató que "en 1926 era mecanógrafo-taquígrafo en una oficina pública de la capital, pero que como no veía porvenir en ese trabajo me fui para Nueva York donde comencé a trabajar en una fábrica. Dos años después llegó desde Higuey a Nueva York el gran clarinetista, ya fallecido, Enrique Durán, y con otros cuatro dominicanos formamos en esa ciudad la primera orquesta dominicana".

Sobre el merengue de nueva factura que se estaba tocando en los 70, opinó que sólo podía llegar hasta Nueva York, donde residen muchos dominicanos. Observando que al extranjero no le gustaba ese estilo de merengue, ya que no podía captar el ritmo y sacrificaba la melodía. Reivindicando el estilo de Alberti, representado en ese momento por la Santa Cecilia dirigida por Goyo Rivas. Entre sus diversas grabaciones figuran los merengues La Amanezca, Tiriri, Fiesta, Los Saxofones, Santo Domingo, Caña Brava, La Maricutana, Juanita Morel, La Enramá, Viva mi Tierra, Sancocho Prieto, El Negrito del Batey, Ay que Merengue, Mentirosa, El Jincao, Loreta, Pun Pun, El Martiniqueño, Pantalón Corto, Guararé, Cara Sucia, Debajo de la Mata de Plátano, Dolorita, Ronco.

Yo conservo un recuerdo grato y borroso de Napoleón Zayas, registrado en mis años infantiles. No sé si fue en la Casa de España, en el Club Sirio Libanés, en El Golfito o en cuál centro social donde bailé con sus acordes bien acoplados en la línea de los metales. Y disfruté su estilo depurado y magistral. Su prolongada ausencia del escenario local lo convierte en una suerte de sombra difusa en el imaginario colectivo. Pero su nombre es una proeza de mil batallas por el merengue. Sus grabaciones lo mantuvieron presente en las velloneras, la radio y en los tocadiscos caseros, mientras la leyenda crecía. La de Zayas, nuestro Napoleón del Merengue.

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