CONVERSANDO CON EL TIEMPO|15 dic 2012, 12:00 AM|POR José del Castillo

Enzayando

Napoleón Zayas

Abrir el baúl de Napoleón Zayas ha generado reacciones varias. Una foto memorable capta a dos apuestos jóvenes dominicanos, Fabio Herrera Roa y el cadete Johnny Contín, cuando sacaban tiempo a sus apretados estudios en España para asistir a la fastuosa Feria de Sevilla de 1958. Allí se encontrarían con su amigo Tirso Guerrero, el Negro Plebe, y a Napoleón Zayas, quienes venían de actuar en Beirut, Líbano, varados en un hotel por la crisis política desatada entre cristianos maronitas pro-occidentales e islamitas. Internacionalizada por la intervención militar de Estados Unidos, por un lado, y Egipto y Siria, por el otro.

Una grata llamada telefónica del arquitecto restaurador Manuel Del Monte - primer director de la Oficina de Patrimonio Cultural, cuya labor ciclópea de rescate y puesta en valor de la Zona Colonial dejó huellas tangibles meritorias. La memoria se sitúa en 1952. Un proyecto juvenil, el Yaqui Club del cual era directivo, organiza una de sus primeras fiestas bailables con la Orquesta de Zayas, en el exclusivo Casino de Güibia. Luego vendrían otras, como aquella a dos bandas en el Hotel Jaragua, con Antonio Morel y Zayas. Un mano a mano con Teléfono a larga distancia, el danzón de Aniceto Díaz.

Miguel Ortega Peguero, el Jurídico, compañero de infancia de barrio y de curso, recuerda que bailamos con la orquesta de Zayas en la Casa de España, donde ésta tocaba con frecuencia en la primera mitad de los 50. Mi hermano Héctor Dotel Matos, terciado, siempre sabatino, en la barra del Boga Boga, me espeta sentencioso al verme llegar a ese fondeadero de almas en regocijo: "Pero José, habla conmigo sobre Napoleón Zayas. Yo sí lo conocí bien". Mi prima Lillian Ortega del Castillo relata que su madre Consuelo había visto a Zayas movilizarse de su casa al trabajo, por la calle El Conde, empleando para ello unos patines. Una manera de adelantarse, medio siglo antes, a lo que hoy practican los habitantes de grandes ciudades en el mundo. Utilizando un medio de transporte limpio, amigable con el ambiente y ejercitante.

El veterano periodista Ubi Rivas lo refiere tocando en los inicios de los 70 en la Fonda de la Atarazana, amenizando las noches de su afamado Patio junto a una excelente pianista gorda de nacionalidad haitiana. Eran tiempos en que ese establecimiento estaba "pegado", parte del fecundo programa de restauración emprendido por la OPC bajo el arquitecto Del Monte. Otro querido arquitecto, Emilio José Brea, me envía un mail indicándome que conserva un LP de la orquesta de Napoleón. Y así otros amigos y amigas me estimulan a continuar enZayando. Para remover el polvo del olvido y mostrar el lustre de este ilustre músico que llevó su talento por el mundo, con enseña tricolor. Un mulato jabao que ensambló a blancos y negros en formaciones sonoras que propagaron los aires en moda. Con el merengue flameando, por supuesto.

En la obra Machín: Toda una Vida, su autor Eduardo Jover alude a las relaciones que unieron al saxofonista dominicano con el cantante cubano Antonio Machín. Hijo de un inmigrante gallego y una negra caribeña, antes de llegar a España -la tierra de su progenitor con la cual soñó desde niño-, ya gozaba de una bien labrada reputación artística tanto en Cuba como en New York y París. Con sus inconfundibles maracas y las camisas a mangas bombachas, Machín había hecho de El Manisero de Moisés Simons un verdadero estándar, grabado con la orquesta de Don Azpiazu, con Lamento africano de Lecuona en el anverso. Un Manisero llevado originalmente al acetato por la vedette Rita Montaner.

En New York Machín integró un Cuarteto y una Orquesta, ambos identificados por su nombre, la última dirigida por el flautista Alberto Socarrás. Grabó con las formaciones de Antonio María Romeu y Armando Valdespí. De Eliseo Grenet, El berlingonero, Tata Cuñengue, Amor sincero. De Nilo Menéndez, Aquellos ojos verdes, un tema que encandilaba a mi madre. En España se radicó desde 1939, donde casó con española y formó familia, falleciendo allí en 1973. "Solía decir que vino solo, y únicamente en una ocasión comentó que había llegado a España desde Francia en compañía de Napoleón Zayas."

Santiago Botafogo, el último pianista que tuvo Machín, cuenta que "un día, Antonio iba paseando por París con Napoleón Zayas. Y de pronto ven una fila de personas alistándose para ir al frente. Había empezado la Segunda Guerra Mundial…Entonces se ponen en la cola, y, después de un rato, caen en cuenta y dice uno: -Oye, ¿adónde vamos?, si esta guerra no es nuestra. Además, ya sabes quienes son. (Ellos habían estado por Alemania y por Austria anteriormente). Esos no tragan ni a los judíos ni a los negros ni a los latinos. Napoleón Zayas también era mulato, dominicano. Es decir, que él y Antonio tenían los mismos motivos para no fiarse de los alemanes, así que agarraron la maleta, se fueron a la estación y tomaron el primer tren que salía para Barcelona."

Los inicios fueron duros. España salía de la devastación de la guerra civil. Según Jover, la situación de escasez era tal que Machín, quien tenía un radio Zenith transoceánico traído desde América -"un aparato enorme, instalado en una maleta, que sintonizaba las emisoras de casi todo el mundo"-, considerado técnicamente una "rareza en España", se lo vendió a un bailarín. Nos dice el biógrafo de Machín que "la transacción permitió a Napoleón Zayas y a él seguir viviendo durante otra temporada. Zayas encontró trabajo al poco tiempo. Era saxofonista y lo tenía más fácil que el cantante. Por fin, cuando la penuria amenazaba con instalarse en su vida, Antonio consiguió trabajo en el Shangai, una sala de baile de Barcelona".

Los falangistas triunfantes impusieron nuevas normas morales por toda España. Su vara pacata tocó las puertas del Shangai, clausurado a poco de ingresar Machín. Así llegó Machín a Sevilla, adonde su hermano Juan, fontanero de oficio, quien intentó colocarlo con escaso éxito. "Esta situación se prolongó hasta que Napoleón Zayas se puso en contacto con Antonio para contarle que un empresario de mucho prestigio, un tal Extremera, estaba formando una compañía de variedades para recorrer España. Antonio consiguió trabajo en el nuevo espectáculo. Pero no le debieron de ir demasiado bien las cosas a Extremera porque a los dos meses, tuvo que disolver la compañía".

Las tribulaciones del cantante cubano no cesaron. "De nuevo, vuelta a empezar. Otra vez sin trabajo y sin dinero; y, por si fuera poco, su viejo amigo Napoleón Zayas -con quien Antonio había compartido lo que sacó por la venta de la radio- no tuvo ningún reparo en dejarlo con el culo al aire: montó una orquesta en la que Antonio no tuvo sitio, ni siquiera como segundo cantante." Pese a las adversidades y al ambiente restrictivo tras la guerra civil, el sello de Machín se fue imponiendo, convirtiéndose en un ícono del público español que lo acogió en teatros, en la radio y en el disco. En tanto su antiguo camarada dominicano hacía su propio desarrollo.

En efecto, algunos hallazgos de su huella discográfica revelan que en 1941 participó Zayas en Barcelona como saxofonista solista con el Swing Quinteto dirigido por Rogelio Barba en la grabación del fox-rumba Rosa: Dulce recuerdo y del bolero-son Lili. Ambos de la autoría de Abelardo González. El primero interpretado por éste y el otro también con una voz segunda. Otro disco 78 rpm de este tándem contiene el son-rumba ¡Ah, ja, ja, ja! de González y la canción napolitana Santa Lucía, adaptada al español por éste. En la cara A se oyen piano, guitarra, flauta, maraca y clave. En la B destacan sendos solos en ejecución de saxo y piano.

Con la Orquesta Gran Casino de Barcelona bajo la dirección de Zayas, encontramos en 1943 a nuestro músico en la grabación en 78 rpm del foxtrot Brindis (de Luis Bona, arreglo de Chispa), con vocalización masculina y femenina, en ejecución de solo de saxofón. Cuya cara B trae Canto triste, un superbo fox lento de la autoría de Napoleón Zayas y Chispa. Una joyita que deleita la audición y produce el efecto de traslación a la sala de baile. Voz de crooner acariciante de Francisco Roviralta. Juego suave de trompetas y saxos en vaivén cadencioso.

Con esta formación, el mismo año, otro cilindro sonoro contentivo del foxtrot de F. Stryker The Ferris Wheel, traducido al español como El Tiovivo. Con picante interpretación de corito y destaque de saxo. "Mamá yo quiero a la feria ir/ El Tiovivo me encanta a mi/ Es la más bella diversión/ La sensación/ cuando da vuelta, vuelta/ pierdo la razón/ Yo quiero a los caballitos ir/ al elefante y al león subir/ Esta es mi máxima ilusión/ Cuando da vuelta, vuelta/ pierdo la razón". Completado en el lado B por Bruca Manigua, un afro del compositor ciego cubano Arsenio Rodríguez, con excelente vocalización de José Valero, músico y director de orquesta español.

En 1945 con la Orquesta Casablanca, graba Napoleón Zayas Ritmo en Casablanca, un foxtrot animadísimo en el que figura como autor junto a Antonio Valero Pérez. En cuya cara B aparece Solo, un fox lento de éste y José Moro. La vocalización a cargo de la sensual y exquisita cancionera Elsie Bayron, la Venus de Ébano. "Cada actuación suya era como una tempestad en el Mediterráneo en el primer siglo de la Era cristiana. Ella difundió la frivolidad con sus rumbas eléctricas, sus danzones insidiosos y sus transparentes indumentarias de la Cuba que la vio nacer y remitió a España con fragancias de piña y aguacate, caña dulce y mango", así la describe una crónica sobre la revista musical española.

En 1946 aparecen cuatro registros fonográficos con la Orquesta Napoleón-Arevalillo. La Trini, marcha de Eduardo Rodríguez y Camilo Larrea y la samba Quien no llora no mama de Nassara y Martins, ambas interpretadas por Carmelo Larrea. Manolita Rosas, pasodoble, y Carmen y Lola, tanguillo de Rodríguez y Larrea. En 1950 se registra Yo sé perder, fox-swing música y letra de Zayas con la Orquesta Gran Casino. Y así van y vienen otros temas grabados por este Napoleón de La Plena de Azua.

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