La jactancia de nuestros atributos ha sido una constante en nuestro discurso turístico. Hemos enarbolado a las playas y la calidez de nuestra gente como los principales estandartes de la promoción turística, tanto a nivel local como internacional. Pero los cambios que se están escenificando en el mercado turístico internacional ya requieren un giro. El discurso local ahora debe sincerizarse y focalizarse en los retos de desarrollo del producto turístico para poder mantenernos competitivos.
Y es que ahora se serviría mejor al interés público, señalando, sin tapujos para la población nacional, nuestras falencias como destino turístico. Como hay un creciente número de países de Centroamérica y de Sudamérica que ofrecen también excelentes playas y gente amistosa, la RD no puede seguir dependiendo de eso para mantener el éxito. Es necesario que mejore sustancialmente su producto turístico, diversificando sus atractivos y mejorando la calidad de los servicios y facilidades.
Esto así, porque la competencia en el mercado turístico impone la atención hacia las preferencias actuales del turista potencial. Este se ha tornado más sofisticado y exigente, no solamente porque ya ha acumulado experiencia al haber visitado varios destinos vacacionales, sino también porque los medios digitales le permiten ser más selectivo al escoger un destino. Sus preferencias seguirán incluyendo a los paquetes turísticos por un tiempo. Pero eso va a cambiar dramáticamente a medida que el consumidor use más las tecnologías de la información y comunicación y él mismo diseñará su propio paquete vacacional.
Eso significa que se debe pensar en términos de la "experiencia del destino" (o "destination experience" en ingles) que tendrá el turista. Esta comienza con los medios de información que utiliza el cliente potencial y los que usa para la planificación de sus vacaciones. El "paquete turístico" es sólo un componente de toda la experiencia que llega hasta cuando el visitante aborda el avión para regresar a su origen. Los formuladores de la política turística están entonces retados a preocuparse por el manejo de toda la experiencia que el visitante tiene del destino. Esta incluye más que el hotel y el avión.
Tal abordaje crearía más eslabonamientos con la economía local. Pero también implica que el manejo exitoso del sector turístico y el rol del sector público se tornan más complejos. Así la gerencia del turismo debe abarcar la protección del medio ambiente, el manejo de los residuos sólidos, el ordenamiento territorial y el mantenimiento de las vistas escénicas (paisajes), además de políticas para proteger y mostrar la cultura y la herencia histórica. También debe incluir los estándares de calidad en una amplia gama de servicios y proveer un marco legal para la protección al consumidor.
Todo lo anterior significa que el sector público debe jugar un papel más proactivo y abarcador para mantener la competitividad turística. Su estrategia debe centrarse en el mejoramiento del producto turístico, y esa tarea lo obliga a concentrar su accionar en los aspectos locales de su gestión y no en la promoción internacional. Si el Ministerio de Turismo es el ente que liderea el esfuerzo público en el sector, entonces sufrir una reingeniería mayor para modernizarse y ponerse a tono con los retos actuales de la competitividad. Debe funcionar como una agencia de clase mundial.
¿En qué debe consistir la reingeniería? Son muchas las transformaciones para que la cartera destrone la partidocracia y aquí solo se pueden citar algunas. Para comenzar, el ministerio debe abordar la formulación del plan nacional de desarrollo turístico y de un plan estratégico para su fortalecimiento institucional. Pero sin esperar tal cosa, el ministerio debe ser fusionado con el de Medio Ambiente. Esto le daría mayor peso político, un requisito esencial para asumir el agresivo rol que debe jugar para alcanzar los 10 millones de turistas prometidos en la campana electoral pasada.
La idea es que el ministerio funcione como si fuera un banco privado o una empresa del sector privado. El corolario es que en los niveles gerenciales no se contrate a nadie que no sea a través de un concurso público de méritos, divulgando en los medios de prensa la descripción del trabajo y los requisitos de la posición. La meta debe ser que el 80% del personal del ministerio este en la Carrera Administrativa al terminar el 2016. Para esa fecha, MITUR deberá tener por lo menos la mitad de su personal que hable fluentemente el inglés.
Cualquiera que sea el ministro debe abandonar el vacío discurso de la vanagloria. Donde sea que haga una intervención pública deberá, al igual que los demás funcionarios altos, hablar de lo que el ministerio esta haciendo para resolver los problemas, no cantar las trasnochadas a nuestras bondades. En vez de citar el crecimiento del flujo y cosas como ésas, lo que debe reportar es lo que ha logrado su cartera en materia, por ejemplo, de disposición de residuos sólidos y protección del acuífero en Bavaro-Punta Cana. Al publico y a los inversionistas del sector le interesará más como se resolverá el problema del ordenamiento territorial en sus respectivas áreas que las ferias a que va a asistir en Europa.
El ministerio debe también liderar el esfuerzo de capacitación de los recursos humanos. Comenzando por ordenar un estudio sobre el tema, el ministerio deberá influir sobre todo el entramado educativo nacional para lograr, por ejemplo que, en un período no mayor de 10 años, todos los gerentes medios de la hotelería sean nacionales capacitados. La opción a las alianzas internacionales entre universidades es una herramienta idónea para acelerar ese proceso. Las cadenas hoteleras multinacionales deberán enrolarse también en el esfuerzo.
Respecto a la imagen pública de la cartera no basta con que su sitio web haya ganado un premio por su excelencia. En lo adelante, toda la promoción turística del país debe ser digitalizada, desarrollando así el "IQ Digital" del destino, y eliminando la dependencia de las oficinas de promoción en el exterior. Después de todo, esas oficinas son responsables de menos del 1% del flujo turístico (de acuerdo con un reciente estudio del Banco Mundial sobre los desafíos de la economía caribeña). Y en el mediano plazo, todo el entramado digital debe ser manejado desde aquí por dominicanos idóneos y sin tener que depender de empresas extranjeras.
Otro recurso de imagen que debe cambiar es el tradicional ballet folklórico. Son pocos los turistas y menos los dominicanos que se sienten atraídos por unos bailes que supuestamente pertenecieron a nuestro pasado, amén de que son copia fiel de los ballets de otros destinos latinos. Ese cuerpo de baile debe seguir existiendo, pero ahora debería bailar bachata. Entre sus números podrían colar algunos merengues recientes, pero la bachata es lo que más gusta a los extranjeros y es lo que deberíamos proyectar.
Es de lamentarse que las intervenciones públicas de los líderes del sector sigan siendo plagosas. No se debe seguir apelando a la "petulancia patriótica", usando vacíos pero grandilocuentes elogios a nuestros atributos, bajo la falsa premisa de que se concitan simpatías políticas. A los líderes del sector privado deberá gustarle que se digan las cosas como son.