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El culto

No importa que también sea mortal. Ni que se pudrirá bajo tierra, como cualquier hijo del vecino. Tampoco que sufra de cólicos, escupa, riña a la esposa, guste de ciertos sabores y condimentos, sienta ardor entre los dedos de los pies, tenga caspa, y sueñe con la joven vecina de al lado. Es un héroe, y como tal, hay que reverenciarlo. Y para eso es que sirve El Culto.

La vida moderna es mediocre y aburrida, a fuerza de previsible. Sabemos de sobra, por ejemplo, que cuando alguien asciende de forma meteórica en la escala social, es porque es inescrupuloso, y que si un tipo dice que no se vende, eso significa, en realidad, que su precio es alto. Somos los desechos cínicos de nosotros mismos, seres errantes por el desierto,donde todo símbolo ya ha sido escarnecido, y nada respetable sobrevivió.

¿Fundadores, héroes de la Patria, esforzados paladines de un ideal, seres etéreos desasidos del mundo real? ¿Profetas inspirados, reformadores sociales, moralistas? ¿Paradigmas e inspiradores de las nuevas generaciones, o simplemente, degenerados?

No sé qué decirte, la verdad. Por lo pronto, como pragmático al fin, y en un país donde el lema del funcionariado cortesano y adulón es "Prohibido joderse", me adscribo a los que optan por no hacerse muchas preguntas, ni enredarse el coco, dejándose llevar, simplemente, por esta muelle corriente que conduce hacia el futuro a los que tienen el mejor estómago, o carecen de escrúpulos, o nada sienten ante una niña de tres años muerta de una caída, a los pies mismos de sus padres, y ante el horror eterno del médico que intenta salvarla, sin lograrlo. Soy de los que intenta dormir, a pesar de ese rostro pequeñito que se escapa entre los dedos, y ese lacerante círculo de chismosos que solo observa la novedad de una muerte impensada, sin mover un músculo por salvar o ayudar. ¡Maldito ganado bovino, rumiantes de su propia soledad, engordando en la molicie de su desventura y eterna condenación!

Mala cosa: filosófico estoy, y eso mismo fue lo que dijo el Quijote a Rocinante, su cabalgadura, al verla flaca y esmirriada, como boqueando ante la muerte inevitable. Porque "estar, o ser filosófico" era entonces, sinónimo de tisis galopante, o hambre segura. Más o menos como ahora, y en honor a la verdad, tenemos más filósofos en el país, especialmente en los bateyes donde se hacinan los braceros haitianos, cortadores de caña, que en el Aerópago de Aristóteles o Platón. Y que digan después que somos tierra de atraso, como suele repetir ese bendito inocente de Manuel Arturo Peña Batlle.

Es un héroe homérico, más allá de toda duda razonable, si bien perdido en un trópico miserable, y rodeado de súbditos de sangre quebrada, que no lo merecen. Es esa encarnación de las fuerzas telúricas de la naturaleza que entrevió Federico Nietzsche, entre las brumas de su locura, y los anuncios de la inminente llegada del Superhombre. Por eso, para que de una vez lo entiendas, se justifica El Culto.

Por ejemplo, según lo establecido por el artículo 97 de la Constitución, son días de Fiesta Nacional, aparte del 27 de febrero, Día de la Independencia, y el 16 de agosto, Día de la Restauración, el 24 de septiembre, día de la no menos gloriosa Restauración Financiera, de la Patria Nueva, y de Nuestra Señora de las Mercedes, Patrona de la República. ¿Qué te parece, vas entendiendo?

Y también lo son, por ejemplo, el primer domingo que siga al 10 de enero, como Día del Benefactor de la Patria; o el Día de Duarte, que celebramos cada 14 de abril; o el 16 de mayo, Día Inicial de la Era de Trujillo, o el 12 de octubre, Día de Colón, o el 24 de octubre, Día de la Bandera, y además, el santo de quién tu sabes.

Y para que nadie se queje de que el Héroe Egregio ha acaparado en su provecho los días venturosos de la Patria, algo que solo pueden decir los laborantes y malos dominicanos que andan por el mundo con el fardo de su pecado a cuesta, hay también Días de Sánchez, Día del Árbol, Día de los Deportes, Día del Alcalde Pedáneo, Día del Padre Billini, Día del Niño, y Día del Pobre. Faltaría más.

Porque nuestro Ínclito Varón de San Cristóbal no es un ser obsesionado por su propia gloria, ni por emular con los grandes de todas las épocas, sino más bien un tímido que se ve obligado a encarnar el poder, con todos sus atributos, condecoraciones, uniformes y oropel, para poder reinar con autoridad ante la plebe que se derrite por el fasto de reyes y emperadores, y que, a la vez, se sueña republicana y libertaria. Como la turba revolucionaria francesa del siglo XVIII, guillotinadora de reyes, y exaltadora de emperadores, que fue más autócrata que los reyes mismos.

¿A quién puede molestar, por ejemplo, que el Día de Duarte, el Día de Sánchez y Mella, tanto como el Día de la Redención de la Deuda Externa, sea obligatorio "...para los particulares, enarbolar o tender en los frentes de sus residencias o establecimientos, por lo menos, una bandera nacional de tela"?

Entonces, querido amigo, esto es El Culto. De eso se trata. De sembrar en el alma de los ciudadanos la eterna gratitud que debemos a quien nos arrancó de un cruel y negro destino, y nos labró un futuro luminoso, donde el Orden, la Moralidad y el Trabajo, sean las palabras de pase de esta venturosa generación, que comparte con el Héroe un mismo tiempo histórico.

Mira ahora, esta invitación que te llega por cablegrama, para que asistas en traje de frac, con chaleco negro, o uniforme, remitida por el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, "...al acto de imposición a Su Excelencia, el Generalísimo, Dr Rafael Leónidas Trujillo y Molina, Jefe Supremo y Director del Partido Dominicano, de la Condecoración correspondiente al grado de Baylío, Gran Cruz de Honor y Devoción de la Soberana Militar Orden de Malta, así como también al solemne Te Deum que será cantado en la Basílica Metropolitana con tal motivo, y al acto de imposición a Su Excelencia, en la Cámara de Diputados, del Collar de la Orden Trujillo. Estos actos tendrán lugar el jueves 22 de los corrientes, de 10.00 a 12.00 meridiano, en el Palacio Nacional"

Y no era todo: apenas unos días después, de seguro, recibiste otra invitación, la misma recibida por mí, para apersonarnos en el acto de entrega a Trujillo "... de la espada con que los alistados obsequian al Ilustre Jefe". O la comunicación del viejo camaján de Virgilio Álvarez Pina, Presidente de la Junta Central Directiva del Partido Dominicano, donde comunica que hay disponibles botones con las iniciales del Jefe, que todo buen dominicano debe ostentar en su solapa.

Y por si fuera poco, te tumban, de oficio, el 10 % de tu salario mensual para regalar, a quienes no necesitan que nadie les regale nada, porque son dueños de todo. Especialmente si se trata de testimoniarle fe ciega al Jefe y sus familiares, eterna horda de alacranes hambrientos, como se hizo al pedir, en mayo de 1947, a cada militante del Partido, la contribución de $ 2.00 pesos para sufragar los gastos derivados de la adquisición de "...sendos bustos del Generalísimo, de sus padre, Don José Trujillo Valdéz, y de su madre, Doña Julia Molina, Viuda de Trujillo".

Como si de dos pesos alguien pudiese prescindir, sin darse cuenta. En tiempos en que lo que la ley establece, como pensión alimenticia para los hijos de los militares, que son privilegiados, la cifra de $ 1.00 peso cada mes, por hijo.

Por eso es que yo digo que lo nuestro son las rogativas y los milagros, y que El Culto es una fe religiosa, sin que se ponga bravo Monseñor Pittini.

Hemos convocado misas por la salud del Héroe. Hemos anunciado conferencias académicas para enaltecer la egregia figura de quien nos enaltece. También desfiles militares y salvas de honor. ¿Qué nos queda?

La imaginación cortesana y burocrática es infinita, ciertamente. Todo es capaz de edulcorarlo y ennoblecerlo. De seguir al Culto, solo me queda reverenciar y adular, aplaudir y besar donde pise ese modelo humano que es el Jefe.

Pero he aquí que, de pronto, me asalta la imagen de mi hermano menor, siempre respetuoso, tierno y probo, muerto a palos por los sicarios del Jefe, después de una denuncia anónima que lo hacía conspirador político, cuando era , en realidad, un marido infiel. Ella, su esposa, no escatimó instancias para vengarse. Y bien que lo logró. Me tocó recoger en un paño sus dientes arrancados a golpes, desperdigados por el suelo. Y un ojo, saltado por la vesania de los apaleadores.

Y es pensando en mi hermano que sigo lealmente El Culto, esa devoción que hace de mí un verdadero fanático; que me lleva a cultivar a quienes lo masacraron, y perdonarlos, con toda devoción cristiana.

En ese espíritu conciliador y hermoso, es que limo el cañón de la escopeta de perdigones especiales, con las que voy a agujerear al Jefe en la carretera a San Cristóbal. Matarlo será la verdadera culminación de El Culto. Gracias a Dios.



Nota: Algunos nombres de los personajes de la serie "La Era" son ficticios, y los sucesos rigurosamente ciertos. Los documentos que los avalan pueden consultarse en el Archivo General de la Nación.