Saudades|14 jul|1|POR Ligia Minaya

Cincuenta años de la Madre y Maestra

Para mí es un orgullo haber estudiado allí, en Santiago. Lo primero fue en una casa de madera en la calle Máximo Gómez con Sully Bonelly, donde en las tardes, cuando el sol entraba por puertas y ventanas, el Padre Vicente Rubio nos daba las clases en el patio, bajo una mata de cajuilitos solimanes. En ese primer período solo existían dos carreras: Derecho y Educación y Filosofía. Por eso algunos decían que era una escuelita de campo. Antes solo estaba la UASD, con miles de alumnos, muchas facultades. Hoy la Madre y Maestra cumple cincuenta años y son miles de graduados, de estudiantes y muchas carreras universitarias.

Recuerdo con mucho cariño a nuestros primeros profesores, excelentes personas y con gran vocación de servicio. El fundador y primer Rector, Monseñor Polanco Brito, puso toda su fuerza en lograr que avanzáramos. En mi corazón continúan Don Lilo Veras, Don Miguel Olavarrieta, Joaquín Álvarez Perelló, Flavio Darío Espinal, Vanesa Vega, Brito Mata, Padre Agripino (hoy Monseñor Agripino), Artagnan Pérez, Padre José María Blanch, Jesús Hernández, Luis Bircann, Momón Aristy, Quinquín Balaguer, Juan Jorge y otros tantos. Algunos han muerto pero nos han dejado su esencia, su calor, los buenos momentos que pasamos.

En la Primera Promoción de Derecho estábamos, Rafa Cáceres, que fue el primero en inscribirse (creo que yo fui la número doce o trece), Luis Mora, Mercedes María Estrella, Cunqui Cabrera, María Ela Ramírez, Reyna Díaz, Nelfa Ferrera, Ramón García (q.e.p.d), José Ventura, Juan Guillermo Franco, Bernabé Betances, Pilo Vega, José Ma. Hernández Espaillat (q.e.p.d), Rubén Espaillat, Ricardo Almánzar (q.e.p.d), Ervin De León y los que llamábamos "abuelos" por ser muy mayores y hoy están fallecidos: Lorenzo Rodríguez, Máximo Rodríguez y Bonaparte Aquino. Nos tratábamos, y seguimos tratándonos, como hermanos. Muchos compadres y comadres, y reuniéndonos (ya yo no puedo hacerlo) cada año.

Después de aquella casita en la Máximo Gómez, nos trasladamos al Instituto Politécnico Femenino, allí nos dieron un espacito, y en 1967 nos fuimos definitivamente a nuestro campus universitario. Mientras se construía ese primer edificio, el Padre Agripino se metía de cabeza con los trabajadores y regresaba a darnos las clases, con los zapatos y los pantalones enlodados. Era un obrero y un profesor muy querido. Nos graduamos, con alegría, actos y fiesta incluidos, el 10 de junio de 1967. Aquello fue alcanzar la cima. Los santiagueros y los mocanos nos agasajaron. Hubo cenas, y recuerdo que muchas de mis amigas me enviaron flores y regalos. Cunqui Cabrera y yo éramos las primeras abogadas en Moca. Hubo otras dos prestigiosas mujeres, graduadas de la UASD, pero nunca ejercieron la profesión. Así que tuvimos los aplausos y el cariño demostrados con besos y abrazos.

Recordar hoy esos años es un gozo que hace salir lágrimas de alegría. Desde aquí, desde este Denver, ahora caluroso, evoco ese tiempo con tanto cariño que me hace vivirlo en un presente lleno de risa al traer a la memoria cómo éramos.

Denver, Colorado

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