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SAUDADES|16 mar 2013, 12:00 AM|1|POR Ligia Minaya

Lo que nos queda por vivir

Las personas que estamos a nivel del anochecer pertenecemos a una generación en la que debíamos respetar a los vecinos, a los maestros, ser buenos estudiantes, buenos profesionales y ahora que ya hicimos todas esas cosas lo que nos toca es ser como queremos ser: A veces visitar a la familia y en otras ocasiones viajar, comprar lo que nos da la gana, tomar un café con las amigas, hacer lo que nos plazca o no hacer nada. Nos damos cuenta de que, por más que los hijos e hijas nos amen, seguirán viviendo a su modo y manera cuando ya no estemos. Por eso, queridos lectores, estimadas lectoras, nos toca ahora dejar de rendir cuentas y cumplir exámenes de todo lo que nos puso a prueba. Estuvimos presentes cada vez que alguien nos necesitó, criamos hijos, cuidamos a nuestros padres y abuelos… ¿Entonces nos harán un santuario que diga: "A un ser ejemplar y virtuoso? Seguro que no. Y si lo hicieran... estaremos a varios metros bajo tierra.

Somos una generación invariable, que allanamos el camino de los que vinieron después. Hemos librado muchas batallas, en soledad hemos sufrido mucho por distintas razones. Por eso ya es hora de que empecemos a relajarnos y a divertirnos cada vez más. Muchas veces me he planteado, qué rápido pasó la vida, distraída como estaba, haciendo mil cosas. También me pregunto ¿cuánto nos queda de vida? No lo sabemos, por suerte nadie lo sabe. Solo Dios conoce nuestro destino. ¿Algo cambiará en las personas que nos quieren cuando nos vayamos? No, la vida seguirá igual… porque ya no escucharemos. Mis queridos lectores, estimadas lectoras, cuídense, no se depriman, aprendan a decir NO. Si es necesario, y siempre por nuestra salud mental, aprendan a mandar lejos a la gente que no sirve para nada, (eso con elegancia, es lo mejor).

Ya es hora de saber a quién le hace bien nuestra amistad, nuestro cariño, nuestra compañía, y quien busca descargar su negatividad en nosotros o que le hagamos tan solo un servicio. La vida está llena de gente que solo quiere usarnos de distinta manera y con diferentes propósitos. Huyamos de esos vampiros que nos roban la energía para seguir subsistiendo, y juntémonos cada vez que podamos con aquellos que nos hacen felices. Hagamos ejercicio en nuestra libertad, quedándonos en la cama, viendo TV, leyendo poemas, novelas, cuentos o simples revistas de chismes o de moda... Será un placer caminar sin apuro ni rumbo fijo y detenernos en cualquier lugar que nos llame la atención para ver el mar con sus olas envueltas en blancos encajes, el sol radiante que nos ilumina el alma, una noche de luna cargada de emociones, un jardín donde crecen todas las flores, visitemos a una amiga, escuchemos música, hagamos manualidades, yoga, meditación, o lo que más nos guste.

Así debemos ser los que ya hemos cumplido con nuestros deberes. Los que llegamos a un anochecer cobijado de estrellas. A los que nos toca retirarnos de la rutina diaria, del correr para llegar a tiempo. A los que ya hemos superado el medio siglo de vida. (Este artículo está basado en un email que me envió una amiga).

Denver, Colorado

Hagamos ejercicio en nuestra libertad, quedándonos en la cama, viendo TV, leyendo…

Será un placer caminar sin apuro ni rumbo fijo y hagamos los que más nos guste.

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