Lecturas|05 jun 2013, 10:48 AM|POR EFE

El español Muñoz Molina gana el Premio Príncipe de Asturias de las Letras

Muñoz Molina, gran novelista y un hombre comprometido con su tiempo
Antonio Molina

OVIEDO,España..- El escritor Antonio Muñoz Molina fue galardonado hoy con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013, al que optaban dieciocho candidaturas de once países, entre
ellas las del también español Luis Goytisolo, el irlandés John Banville o el japonés Haruki Murakami.

Muñoz Molina (Úbeda -sur de España-, 1956) , académico de la Lengua y exdirector del Instituto Cervantes de Nueva York, es el primer escritor en lengua castellana que es distinguido con este
galardón desde 2000, cuando lo ganó el guatemalteco Augusto Monterroso, y toma el relevo de los autores españoles que ganan el premio a Francisco Ayala (1998).

El escritor, que empezó como articulista, es autor de obras como "El invierno en Lisboa" (1987), con la que al año siguiente recibió los premios Nacional de Narrativa y la Crítica; "El jinete polaco",
premios Planeta y Nacional de Narrativa en 1991 y 1992, respectivamente; o "Plenilunio" (1997), que obtuvo en 1998 el Premio Fémina a la mejor novela extranjera.

Autor también de colecciones de relatos -"Historia de detectives" y "Escritores y sus ciudades", ambas en 1998-, abrió el nuevo milenio con la novela "Sefarad" (2001), a la que siguieron "En ausencia de Blanca" (2003), "Ventanas de Manhattan" (2004), "El viento de la Luna (2006), "La noche de los tiempos" (2009) y las recopilaciones de cuentos "Nada del otro mundo" (2011) y de artículos "El Robinson urbano" (2012, versión que amplía la de 1984).

Elegido académico de la Lengua el 8 de junio de 1995, Muñoz Molina ingresó en la institución el 16 de junio de 1996 para ocupar el sillón "u" con un discurso dedicado al literato español de origen francés Max Aub.

Entre 2004 y 2006 dirigió el Instituto Cervantes en Nueva York, ciudad que le inspiró sus "Ventanas de Manhattan" (2004), con el trasfondo de los atentados del 11-S y que le valió el I Premio Quijote de Literatura en 2005.

Está casado en segundas nupcias con la escritora y articulista Elvira Lindo, autora del personaje radiofónico y literario "Manolito Gafotas", convertido también en serie de televisión.

El Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha recaído en los últimos años en el novelista estadounidense Philip Roth (2012); el poeta y cantante canadiense Leonard Cohen (2011); el escritor
libanés Amin Maalouf (2010); el narrador, ensayista y poeta albanés Ismaíl Kadaré (2009), y la escritora canadiense Margaret Atwood (2008).

El de las Letras es el quinto de los ocho premios que convoca anualmente la Fundación Príncipe de Asturias en fallarse, tras los galardones de las Artes, las Ciencias Sociales, Comunicación y
Humanidades, e Investigación Científica y Técnica.

Los cuatro premios anteriores han sido concedidos, respectivamente, al cineasta austríaco Michael Haneke, la socióloga holandesa Saskia Sassen, la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz
y, de forma conjunta, al físico teórico británico Peter Higgs, el belga François Englert y el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN).

Los Premios Príncipe de Asturias, cuyo acto de entrega se celebrará en octubre en Oviedo (norte), están dotados, cada uno de ellos, con una escultura de Joan Miró -símbolo representativo del
galardón-, 50.000 euros (65.354 dólares), un diploma y una insignia.
 

Perfil biográfico

MADRID.- Antonio Muñoz Molina, galardonado hoy con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, hace años que se consolidó como uno de los grandes novelistas en lengua española,
pero es también un intelectual comprometido con su tiempo, defensor de la tolerancia y muy crítico con la corrupción política.

Que Muñoz Molina (Úbeda, España, 1956) no se dedica sólo a la ficción, aunque a ella entregue sus mayores esfuerzos como creador, lo demuestran los artículos periodísticos que ha ido publicando a lo
largo de su vida y, en especial, su último libro, "Todo lo que era sólido", un ensayo en el que reflexiona sobre las causas de la crisis que padece España.

Y un ensayo que este escritor se planteó como un ejercicio de defensa de todo aquello que es fundamental para la sociedad española y que no debería perderse, como la sanidad y la educación públicas, la legalidad democrática y las libertades públicas.

Muy crítico con los fanatismos y los totalitarismos, Muñoz Molina ha sabido reflejar en su obra "la libertad del individuo en la sociedad" y le ha dado voz en algunas de sus novelas a "los oprimidos, los desplazados y los perseguidos", como le reconoció el jurado del Premio Jerusalén, que le concedieron el pasado enero.

El escritor recibió presiones para que rechazara el galardón por organizaciones propalestinas y algunos intelectuales, pero él decidió acudir a Jerusalén a recogerlo por considerar "profundamente
injusto" boicotear a un país con una sociedad "abierta y tan plural" como la israelí y en la que hay "posiciones de defensa de losderechos de los palestinos", afirmaba en una entrevista con Efe.

Su visión sobre los totalitarismos del siglo XX quedó patente en su novela "Sefarad", publicada por Alfaguara en 2000 y reeditada en 2009 por Seix Barral, el sello que en los últimos años ha publicado
a este gran escritor.

En "Sefarad", una obra maestra en opinión de críticos españoles y extranjeros, Muñoz Molina traza el mapa de todos los exilios posibles y rescata la vida de víctimas del holocausto nazi y del
estalinismo, en un intento de contrarrestar "la gran injusticia que supone olvidar a quienes perdieron la humanidad" a causa de esos sistemas.

Esa preocupación suya por los totalitarismos le ha llevado en más de una ocasión a decir que ningún país está libre de que se repitan tragedias como la del holocausto nazi. La democracia tiene que ser
enseñada a diario, y "la barbarie puede suceder en cualquier momento", según el escritor, que vive entre Nueva York y Madrid.

Perteneciente a una familia de campesinos, Muñoz Molina estudió Historia del Arte en la Universidad de Granada (sur de España) y, en sus primeros tiempos, alternó su trabajo como funcionario en esta
ciudad con sus artículos en prensa que reuniría en los libros "El Robinsón urbano" y "Diario del Nautilus".

En 1986 obtuvo el Premio Ícaro de Literatura a los nuevos creadores por su primera novela, "Beatus ille".

Luego iría firmando otras muchas que lo irían consagrando como escritor, entre ellas "El invierno en Lisboa" (Premios Nacional de Narrativa y la Crítica), "El jinete polaco" (Premios Planeta y Nacional de Narrativa) o "Plenilunio" (Premios Fémina a la mejor novela extranjera y de los lectores de Crisol).

Así como la ya citada "Sefarad", "Ventanas de Manhattan" o "La noche de los tiempos" (Premio Mediterráneo 2012 a la mejor novela extranjera), ambientada en los primeros día de la guerra civil
española.

Con su obra traducida a más de veinte idiomas, Muñoz Molina, académico de la Academia española de la Lengua desde 1995, ha disfrutado desde muy pronto del fervor del público y de la crítica, pero él suele decir que ser escritor "no tiene nada de excepcional".

"La literatura es un alimento tan sencillo como el pan y el agua, y un exceso de intelectualización la convierte en algo horrendo", le dijo en otra ocasión a Efe este escritor que, por muy sólida que sea
su carrera, se sigue considerando "un principiante" cada vez que comienza una novela.

Y prefiere no tener demasiadas seguridades en ese "extraño oficio" que es el de la literatura y en el que la maestría, "si llega, tiene mucho de hallazgo y de azar".

A sus 57 años, Muñoz Molina se convirtió hoy en el escritor más
joven en ganar el Premio Príncipe de Asturias, y lo mereció, según
el jurado, por "la hondura y brillantez con que ha narrado fragmentos relevantes de la historia de su país, episodios cruciales del mundo contemporáneo y aspectos significativos de su experiencia
personal".

Y lo ha ganado también por asumir "admirablemente" la condición del intelectual comprometido con su tiempo.

A esta última faceta pertenecen, por ejemplo, las críticas que durante años formuló contra el terrorismo de ETA, o las que dedica con cierta frecuencia a la clase política, "cuyo desprestigio a
nadie se debe más que a ella" y "cuyo interés está en perpetuarse, en aumentar su poder y su riqueza, y en servir a sus amos, que son los dueños del dinero, los que mandan de verdad", dijo a Efe cuando
se publicó "Todo lo que era sólido".

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