Lecturas|20 sep 2013, 12:00 AM|POR EFE
GUARDADO EN:Gonzalo Torrente Ballester, Crónica del Rey Pasmado

Una obra de Torrente Ballester para acabar con tabúes sexuales en Filipinas

Foto gonzalotorrenteballester.es
MANILA. La literatura del español Gonzalo Torrente Ballester se ha convertido en el instrumento de una editorial filipina para acabar con los tabúes sexuales y la visión conservadora católica que prevalece en el país.

La obra de Torrente Ballester "Crónica del Rey Pasmado", una novela erótica que se centra en la obsesión de Felipe IV por ver a su reina desnuda, está ahora al alcance de la gran mayoría de los filipinos, puesto que ha sido traducida por primer vez al tagalo, el idioma local.

"Ang Kuwento ng Haring Tulala", como se titula la obra en tagalo, es la apuesta de la editorial Cacho Publishing House y de su director, Rayvi Súnico, para tratar de normalizar la sexualidad en la sociedad filipina y apoyar así la polémica Ley de Salud Reproductiva de Filipinas.

La ley, que espera la aprobación del Tribunal Supremo desde hace meses, ha sido extensamente criticada porque pretende garantizar el acceso a métodos anticonceptivos a todos los filipinos y fomentar la educación sexual.

La medida choca frontalmente con la filosofía de la iglesia católica filipina, una de las instituciones más influyentes del país.

Para acabar con el conservadurismo sexual de los filipinos, "sobre todo de los jóvenes", Súnico, que ha contado con la colaboración del Instituto Cervantes y de la Embajada de España en Filipinas en la publicación de la obra, considera "perfecta" la novela de Torrente Ballester.

"La novela es sobre un rey que no puede ver a su reina desnuda, y quien dice que no lo puede hacer es la Iglesia; así que pensé que era perfecta para el público filipino, porque se ajusta a los problemas de una persona joven en una sociedad conservadora como la nuestra", explica el editor.

"Actualmente, en Filipinas la iglesia es la que dice qué debe hacer una mujer con su cuerpo -añade Súnico-, así que espero que esta obra haga reflexionar a los jóvenes sobre este asunto".

Precisamente, es este carácter conservador que domina al pueblo filipino lo que ha constituido el mayor quebradero de cabeza para el traductor del libro, Marlon James Sales.

Durante la presentación del libro, Sales describía hasta qué punto se complicaba la traducción del español al tagalo cuando se encontraba con palabras como "gatillazo" o "erección" en el texto.

"Estas palabras relativas al sexo hasta ahora son tabúes en nuestra lengua y en nuestra cultura", explicó Sales, que confesó que "traducir una obra erótica se convierte en todo un arte".

Pero "ahora es el momento perfecto para ir pensando en cómo integrar estas palabras al tagalo, que representan realidades presentes en todas las culturas", dijo el traductor.

"Así de paso, las incorporamos en nuestra propia conciencia, que es lo más importante", sentenció.

Aunque el propio editor admite el riesgo que supone publicar una obra erótica en un país sexualmente conservador, también guarda la esperanza de que la polémica que pueda levantar la novela española sea un arma de doble filo.

"Estoy seguro de que los colegios de Filipinas no van a incluir la novela en su programa, pero por otra parte la mejor forma de vender un libro es que alguien diga que no se puede leer", reflexiona Súnico.

Además de acabar con los tabúes sexuales de Filipinas, Sales espera que con la obra se cree una conexión entre la cultura española y la filipina, puesto que a pesar del legado histórico y lingüístico que España dejó tras más de tres siglos de colonización, "las obras españolas llegan con cuentagotas", se lamenta Sales.

"Las pocas que consiguen llegar a Filipinas están escritas en español, una lengua que ya ni se lee ni se habla en el país, con lo cual este esfuerzo por traducir a Torrente Ballester va a aportar mucho al entendimiento entre las dos culturas", explica Sales.

"Los autores españoles que se conocen en Filipinas son pocos", confirma el responsable de Cultura del Instituto Cervantes en Manila, Jose María Pons.

"Pero creemos que autores que consideramos los grandes del siglo XX merecen recibir esta atención", puntualiza el representante de la institución pública española.
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