Aquí estoy, en mi país
Disfrutando de todo lo bueno. Comiendo lo que me place. Lo que allá no encuentro: queso Geo, pan de agua, champola de guanábana, tamarindo, dulce de coco, mamones, aguacate, queso frito, en fin todas las sabrosuras. Y si agrego el malecón con ese mar azul celeste, intenso, reflejo de sol y de luna, la gente en las calles, hablando contigo aun sin conocerte, el olor a café recién colado que sale por puertas y ventanas, es como para creerme que llegué al paraíso. Así veo a mi país.
Tenemos muchos problemas, lo sé, pero cierro los ojos a lo negativo y me recreo con lo bueno, que es mucho. Por lo menos para quien como yo siente saudades de esto que me hace tanta falta.
Vuelvo cada año. A encontrarme con los míos. Visito amigos, me reencuentro con amigas, regreso al abrazo familiar, hago cientos de llamadas, voy de aquí para allá y doy vueltas y vueltas y vuelvo a pasar por donde antes pasé. Compro libros, me deleito leyendo los periódicos en papel y hasta los anuncios. Me encanta ver los árboles, las trinitarias florecidas, los cocoteros airosos y elevados, las palmeras moverse con deleite, el perro callejero, el gato que te mira como si viera a alguien conocido y luego da la espalda y te desprecia. Las cotorras, ay... las cotorras, que vuelan muy de mañana y al atardecer regresan a sus casas con canciones en el pico. Y hasta los cuatro que juegan dominó en plena calle y otros parados en la esquina hablando a gritos de política, de béisbol, de sus problemas familiares y los oyes decir que fulano es un sinvergüenza y que la vecina es esto y lo otro, o que el hermano es un abusador. Es un gozo.
En fin, que todo lo que tengo aquí no lo tengo allá, y me hace falta. Por eso mis saudades. Allá no tengo que salir a trabajar, y eso es un regalo de la vida porque pienso en quien bajo una nevada tiene que pararse en una esquina a esperar que pase el autobús, que con la nieve llega retrasado. Y les confieso que ver la nieve es maravilloso. El paisaje es precioso. Los techos, los árboles, con sus trajes de novia, brillantes, arropados, pero saber que te quedas en la casa, sin nadie con quien hablar, pues el hijo se va a trabajar y el nieto a la escuela, es difícil. Ahí está mi añoranza. Por eso estoy aquí, reponiendo energía, buscando fuerzas.
No puedo negar que cierro los ojos al caos del tránsito, los oídos a los chismes políticos y la boca a las opiniones negativas. No niego que me duele lo que pasa en mi país, pero para disfrutarlo hay que actuar como turista y ver solo para un lado. Pasear por la calle el Conde, mi favorita, ya deteriorada y sucia, me hace volver atrás y recordarla hermosa, alegre, con tiendas de elegancia. Ayer caminé por la Zona Colonial y llegué a La Atarazana, visité la Librería del Ministerio de Cultura, y aquello fue una sorpresa, tan bella, llena de libros dominicanos, baratos, por lo cual les recomiendo a mis lectores que no dejen de darse una vuelta por allí. Así paso los días, y me siento muy contenta cuando me encuentro con personas que me dicen que leen mis artículos sabatinos.
Denver, Colorado
Vuelvo cada año. A encontrarme con los míos.
Visito amigos, me reencuentro con amigas, regreso
al abrazo familiar, hago cientos de llamadas, voy de
aquí para allá y doy vueltas y vueltas y vuelvo a pasar
por donde antes pasé. Compro libros, me deleito
leyendo los periódicos en papel y hasta los anuncios.
Tenemos muchos problemas, lo sé, pero cierro los ojos a lo negativo y me recreo con lo bueno, que es mucho. Por lo menos para quien como yo siente saudades de esto que me hace tanta falta.
Vuelvo cada año. A encontrarme con los míos. Visito amigos, me reencuentro con amigas, regreso al abrazo familiar, hago cientos de llamadas, voy de aquí para allá y doy vueltas y vueltas y vuelvo a pasar por donde antes pasé. Compro libros, me deleito leyendo los periódicos en papel y hasta los anuncios. Me encanta ver los árboles, las trinitarias florecidas, los cocoteros airosos y elevados, las palmeras moverse con deleite, el perro callejero, el gato que te mira como si viera a alguien conocido y luego da la espalda y te desprecia. Las cotorras, ay... las cotorras, que vuelan muy de mañana y al atardecer regresan a sus casas con canciones en el pico. Y hasta los cuatro que juegan dominó en plena calle y otros parados en la esquina hablando a gritos de política, de béisbol, de sus problemas familiares y los oyes decir que fulano es un sinvergüenza y que la vecina es esto y lo otro, o que el hermano es un abusador. Es un gozo.
En fin, que todo lo que tengo aquí no lo tengo allá, y me hace falta. Por eso mis saudades. Allá no tengo que salir a trabajar, y eso es un regalo de la vida porque pienso en quien bajo una nevada tiene que pararse en una esquina a esperar que pase el autobús, que con la nieve llega retrasado. Y les confieso que ver la nieve es maravilloso. El paisaje es precioso. Los techos, los árboles, con sus trajes de novia, brillantes, arropados, pero saber que te quedas en la casa, sin nadie con quien hablar, pues el hijo se va a trabajar y el nieto a la escuela, es difícil. Ahí está mi añoranza. Por eso estoy aquí, reponiendo energía, buscando fuerzas.
No puedo negar que cierro los ojos al caos del tránsito, los oídos a los chismes políticos y la boca a las opiniones negativas. No niego que me duele lo que pasa en mi país, pero para disfrutarlo hay que actuar como turista y ver solo para un lado. Pasear por la calle el Conde, mi favorita, ya deteriorada y sucia, me hace volver atrás y recordarla hermosa, alegre, con tiendas de elegancia. Ayer caminé por la Zona Colonial y llegué a La Atarazana, visité la Librería del Ministerio de Cultura, y aquello fue una sorpresa, tan bella, llena de libros dominicanos, baratos, por lo cual les recomiendo a mis lectores que no dejen de darse una vuelta por allí. Así paso los días, y me siento muy contenta cuando me encuentro con personas que me dicen que leen mis artículos sabatinos.
Denver, Colorado
Vuelvo cada año. A encontrarme con los míos.
Visito amigos, me reencuentro con amigas, regreso
al abrazo familiar, hago cientos de llamadas, voy de
aquí para allá y doy vueltas y vueltas y vuelvo a pasar
por donde antes pasé. Compro libros, me deleito
leyendo los periódicos en papel y hasta los anuncios.
Ligia Minaya
Ligia Minaya