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SAUDADES|15 dic 2012, 12:00 AM|POR Ligia Minaya

Un trago amargo

He alzado mi copa vino y he brindado por las cosas buenas y hermosas de mi país, pero he tenido, día a día, al leer los periódicos y ver en televisión las noticias, que tomar un trago amargo. Los atracos, los robos, los asesinatos, la violencia contra las mujeres, el andar de niños por las calles y los infelices durmiendo a la intemperie, más que un trago amargo es un veneno. La muerte despiadada de un par de señores (médico y farmacéutica) y sus domésticas, la pérdida de la mirada de la ingeniera Francina Hungría, solo por contar dos tragedias, me lleva a hasta ese sabor desagradable que repercute en el corazón y hace temblar el alma.

No entiendo por qué esos jóvenes se envuelven en la delincuencia. ¿Quién los empuja a ello? ¿Los padres, la policía, la falta de educación familiar, el no reflexionar sobre lo bueno y lo malo? Y lo peor es que si se entregan dicen que son inocentes y cuando los agarra la policía, los mata. ¿Habrá quién les diga cómo deben actuar en la vida y que si cometen un robo, un atraco o un crimen, su vida cambiará para mal y para siempre? ¿Qué crece en su mente? ¿No piensan que eso puede pasarle a su madre, a su padre, a un hermano, a un amigo? Es que no entiendo qué los lleva a ser malvados.

Lo peor para mí es que al leer en tempranas horas y abrir la computadora cuatro o cinco horas después, las noticias de crímenes, asaltos, robos, violencia contra las mujeres, ha aumentado. Me duele también que la gente de la calle, la mujer que tiene hijos y no encuentra trabajo sea maltratada hasta morir por su pareja o que la señora que va en su yipeta sea asaltada, baleada o golpeada, una niña violada y descuartizada, y a la que va caminando se le arranquen su cartera. Es un trago muy amargo-avinagrado que bebo cada día, a pocas horas.

Espero, para suavizar esa amargura, que el Jefe de la PN, ponga su alma y su corazón al lado de tantos hombres y mujeres que trabajan, que viven una vida decente y que luchan por su familia. Pero no quiero que torturen o maten a los delincuentes. No, porque de hacerlo sería como dice el refrán: Ojo por ojo y diente por diente. Algo que fue ley en oscuros siglos pasados. Y le añado al trago amargo, lo dicho por un grupito de diputados: den pa'bajo a los delincuentes y la PN, cuando lo haga no se deje ver de los medios. Lombroso no se equivocó, mire la cara de esos congresistas y le dirá quiénes son y por qué actúan así. Lo que queda, además de someter a los delincuentes a la justicia, es educar al pueblo. Llevar una voz correcta e intachable a las familias, a los padres y a las madres, a los tíos y los abuelos, para que ejemplaricen a los suyos. Que trabajen los jóvenes, aunque sea limpiando zapatos, y que sepan que la pobreza no es pecado.

Ya ven, brindé por mi patria querida, el sábado pasado, con alegría y paladeando ese vino tinto sabroso y perfumado, pero se me cuela a cada instante el trago amargo de la violencia de lado y lado, la justicia manipulada y la inseguridad que está reinando en mi país. Ojalá en Año Nuevo nos traiga tranquilidad y armonía.

Denver, Colorado

 

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