La primera apología de la palabra la hallamos en la Biblia. Dice San Juan:" En el principio era la palabra, y la palabra estaba con Dios y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo cuanto existe" (Jn.1:1-3). Disfrutamos con la palabra todo el misterio y toda la luz del mundo.
Si la valía de la literatura descasa en el manejo de la palabra, La palabra para ser dicha, de José Rafael Lantigua, reúne un conjunto de Acentos, (1983-2003), que aparecieron en el suplemento Biblioteca que dirigió durante veinte años. Suplemento que se posesionó puntero del periodismo cultural dominicano.
Acentos, escritos a modo de editorial, con esmero, elegancia y agilidad donde las ideas se yerguen como agua cristalina para dejar testimonio de sus inquietudes, preocupación y desvelo; por el rumbo de la literatura dominicana. Literatura que observa y cautiva al autor, esa cosa inmaterial devoradora del espíritu: ¡la idea!, que fluye en su interior como un proceso permanente de construcción y renovación: como excelente modelo a seguir.
Tenemos en las palabras todo el misterio y toda la luz del Mundo. La palabra para ser dicha, truena cuando el espíritu se estremece de plenitud y las palabras brotan, como flores de primavera. Surgen allí, con el ritmo único de la belleza de cielo azules y noches fulgurantes.
Estos Acentos, se leen hoy con el mismo frescor que tuvieron cuando fueron escritos. Encontrará la línea matriz de sus pensamientos, inquietudes y sentimientos, realidades y sueños de un espíritu maravillado con la palabra. Cada texto está alumbrado e inspirado por su cosmovisión de la literatura.
Su preocupación por la crisis de la poesía, por la belleza de un lenguaje supremo estético-expresivo como arte de la palabra: "…la poesía debe leerse como victoria, y no como derrota. La poesía mueve el contorno de la palabra, y la define. La hace realidad viva, la devuelve a sus orígenes cuando el Verbo se hace palabra y visión…"
La palabra como gestora del Universo, estalla como petardos centellantes y su relación infinita de la creación; en una noche de lluvia, son esas palabras que han poblado la memoria de Lantigua, haciendo posible recrear aquellos sueños, de infancia, sueños que le acompañan desde su niñez, sueños convertidos en realidad. Nostalgia y realidad se unen para devolvernos la esperanza. Un texto es el hombre, y el hombre es la medida de sus palabras.
Hay tópicos, como el de los Intelectuales y el Poder, que siempre será tema de actualidad: "A pesar de todo, la realidad histórica refleja que el escritor ha buscado siempre la protección augusta y el cobijante del Poder, cuando no ha intentado ejercerlo con sus propios atributos, aunque ello implique contradicciones severas entre su obra y sus hechos, entre su ejercicio literario y su ejercicio político". Estamos pues, ante el intelectual curado de las ideologías finiseculares.
Quizás, la palabra sea la cosa más maravillosa de este mundo, porque en ellas se abrazan y confunden como el perfume de las rosas, toda la maravilla espiritual de la Creación.
Al revisar algunos de ellos, he vuelto a revivir esos momentos en que fueron escritos. En algunos de estos artículos de Lantigua, percibimos que su misión y su visión critica a través de Biblioteca, no era destruir sino estimular; su objetivo no es zaherir, sino alentar y, animando, promoviendo y exaltando a toda una pléyades de jóvenes escritores surgidos en los 80. Promovió, el libro dominicano y exaltó a sus autores. Cada comentario crítico está inspirado para resaltar el valor de la obra, valorizar los méritos del escritor con una generosidad poco vista, que ennoblece a quien prodiga ese estímulo y permitiendo al lector inferir las conclusiones pertinentes.
Una crítica literaria deberá ser estimuladora de la lectura: "Poco a poco, a pesar de todo, la literatura vuelve a su estado adámico y la crítica a su único método posible: el que surge de las lecturas formadoras, de los desprejuicios literarios, de la cultura renovada y del "gusto" por las formas y contenidos cuidadosamente ejercitados, y luego percibidos por la intuición precisa y hasta tal vez imprecisa, de la literariedad".
Quizás ese amor a las palabras surgió, cuando llegó siendo un párvulo a la escuela-hogar de María (Mamaniña) Polanco, donde trazo sus primeros palotes, maestra ejemplar, amorosa y atenta, quien enseñó con el corazón en su lar nativo,
Esas palabras son las que han permitido, conocer el carácter y la singularidad de sus textos:" La palabra es la alarma de los humanos para aproximarse unos a otros. La palabra es lo más bello que se ha creado, es lo más importante de todo lo que tenemos los seres humanos. La palabra es lo que nos salva". (Ana María Matute).
Luismercedes84@yahool.com