25 Mayo 2013
Habrá que cuidarla como a una recién nacida. Darle besos, abrazarla, cantarle tiernas canciones, arrullarla con caricias, bañarla, vestirla, caminar con ella de la mano, mirarla con dulzura y arroparla con cuidado. En ella se ha ido apagando la realidad. No recuerda. Sus hijos son extraños, desconocidos. No sabe lo que quiere ni lo que no quiere. Ya no se embellece como antes lo hacía. Aun así, esa madre florece. Esa madre crece en el corazón de quienes la aman. Su hijos, sus...