Lecturas|18 oct 2008, 12:00 AM|4|POR Frank Moya Pons
Lecturas HISTORIA Y MEMORIA por FRANK MOYA PONS

Cronistas de la colonia

Dibujo de una hamaca en el libro "La Historia general y natural de las Indias",  de Gonzalo Fernández de Oviedo.
Durante casi cuatrocientos años las personas que escribieron acerca del "descubrimiento, conquista y colonización" de esta isla lo hicieron considerando la historia de aquellos procesos como si fuera una extensión de la historia española.

En un principio esta fue una óptica razonable pues los primeros que narraron "los hechos de los castellanos en las Indias" fueron cronistas españoles o italianos ligados a la Corona española.

Los nombres de estos narradores son bien conocidos hoy: Ramón Pané, a quien Cristóbal Colón encargó de estudiar las creencias de los indios y escribir un reporte sobre ellas; Pedro Mártir de Anglería, quien desde temprano en el siglo XVI se dedicó a recoger los testimonios de aquellos que regresaban del Nuevo Mundo y terminó publicándolos luego en una obra titulada "Décadas del Nuevo Mundo".

Bartolomé de las Casas, cuyo padre, Pedro de las Casas acompañó a Colón en su segundo viaje y sobrevivió al hambre y las epidemias, pudiendo regresar a España en el 1500 para poder contarle a su hijo sus memorias del gran choque de culturas que significó la invasión española de América.

Las Casas dejó numerosas obras, entre las cuales hay varias que narran detalladamente la primera fase de la conquista y colonización de la Española. Dos de ellas son de lectura obligada para entender tanto la sociedad taína como la incipiente sociedad colonial españolense. Son ellas la "Historia de las Indias" y la "Apologética Historia de las Indias".

Gonzalo Fernández de Oviedo, quien al igual que Las Casas, vivió muchos años en América, y escribió muchos libros sobre la experiencia de la conquista y la colonización. De entre sus muchas obras se destacan la "Historia General y Natural de las Indias" y el "Sumario" de esa misma obra publicado antes que la obra general.

Oviedo fue un historiador detallista y naturalista, recogió testimonios de los mismos protagonistas de la conquista y los añadió a sus propias memorias. Su obra se lee hoy como si hubiese sido escrita ayer. Junto con Las Casas, Oviedo da comienzo a la moderna historiografía americanista.

La conquista de los territorios y reinos aborígenes continentales atrajo también la atención de otros narradores que dejaron crónicas monumentales, como la "Verdadera historia de la conquista de la Nueva España", escrita por Bernal Díaz del Castillo, o la obra de Pedro Cieza de León que narra la conquista y colonización del Perú y los reinos andinos.

La ocupación de otros territorios como las modernas regiones de Centroamérica, Colombia, Venezuela, las Guayanas, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile, fueron también objeto de importantes narraciones que forman todas, junto con las relativas a la isla de Santo Domingo y las Antillas, un enorme cuerpo historiográfico.

De algunas de esas obras se nutrieron los primeros historiadores oficiales de la Indias como fueron Antonio de Herrera y Tordesillas, quien escribió, en la segunda mitad del siglo XVI, la primera historia general del Nuevo Mundo sin haber vivido en América, y Juan Bautista Muñoz, quien intentó hacer lo mismo desde una perspectiva temporal más lejana, pues redactó su "Historia del Nuevo Mundo" a finales del siglo XVIII.

La obra de Herrera fue conocida por el primer "historiador" dominicano, Luis Joseph Peguero, un hatero de Baní, que obtuvo una copia de la edición de la obra de Herrera publicada en el siglo XVI, y a partir de ahí se inspiró en escribir una "Historia de la conquista, de la Isla Española de Santo Domingo trasumptada el año de 1762: traducida de la Historia general de las Indias escrita por Antonio de Herrera cronista mayor de Su Magestad, y de las Indias, y de Castilla, y de otros autores que han escrito sobre el particular".

Por haber quedado inédita hasta 1975, la obra de Peguero no fue conocida por el segundo "historiador" dominicano, Antonio Sánchez Valverde (quien dicho sea de paso fue el primero en dejar consignado por escrito el término "dominicano" para los habitantes de la parte oriental de la isla en el siglo XVIII).

La obra más conocida de Sánchez Valverde no es, propiamente hablando, una obra de historia, sino más bien un memorial cuyo título explica su propósito: "Idea del Valor de la Isla Española y utilidad que de ella puede sacar Su Monarquía".

Publicada por primera vez en Madrid, en 1785, se convirtió rápidamente en la referencia obligada de viajeros, comerciantes y políticos europeos o norteamericanos interesados en conocer acerca del potencial económico de esta isla, así como de su historia.

La primera parte de esta obra de Sánchez Valverde es, justamente, una breve historia de colonial de Santo Domingo, y en la segunda parte el autor hace continuas referencias a ciertos hechos históricos como causas de la situación de la colonia en los años en que redactaba su obra.

La colonia francesa también tuvo sus "historiadores" tempranos. El primero, que deberíamos llamar "protohistoriador" fue el aventurero holandés Alexander Oliver Exquemelin, cuya obra sobre los bucaneros de América sigue siendo hoy una de las fuentes más consultadas acerca de los comienzos de la colonia francesa de Saint-Domingue, que luego se convertiría en la República de Haití.

Exquemelin escribió sus memorias de sus aventuras en la isla de la Tortuga y en la "tierra grande" de la Española como médico de los bucaneros y como bucanero él mismo, todo ello a mediados del siglo XVII.

Hubo otras crónicas de piratas, todas secundarias a las obras de los grandes cronistas franceses que se fascinaron tanto con la geografía y ecología de las Antillas y, particularmente con la isla de Santo Domingo. De éstas vale la pena mencionar las siguientes: César Rochefort, "Historia natural y moral de las Antillas de la América", publicada por primera vez en 1658 y en segunda edición en 1690. Esta obra tiene la novedad y utilidad de que contiene un diccionario de palabras caribes, muy útil todavía para los que deseen conocer aún más las variaciones linguísticas que se dieron entre los distintos grupos arauacos de poblaron las Antillas antes de la llegada de los Europeos.

Jean Baptiste Labat, cuya obra "Nuevo viaje a las islas de América conteniendo la historia natural de esos países, el origen, la moral, la religión y el gobierno de sus antiguos habitantes", fue una de las más leídas en Europa y las mismas Antillas luego de su publicación en 1722, lo que hizo necesario realizar una segunda edición en 1728, a pesar de que esta obra no es nada pequeña pues tuvo que ser editada primero en seis volúmenes y, luego, en ocho.

Jean Baptiste Du Tertre, por su parte, se hizo célebre por sus obras "Historia general de las islas de San Cristóbal, Guadalupe y Martinica y otras de la América", publicada en París en 1654, y por su "Historia natural y mofral de las Antillas de la Amperica, con un vocabulario caribe" publicada en 1658.

A estos escritores sucedió otro de singular importancia para los dominicanos, pues dejó una "Historia de la isla Española o de Santo Domingo escrita particularmente sobre las memorias del padre Jean Baptiste Le Pers, jesuita misionero en Santo Domingo".

Se trata del también padre jesuita Pierre Francois Xavier de Charlevoix, cuya obra salió primero en tres pequeños tomos entre 1730 y 1731, y en una segunda edición en dos grandes volúmenes en 1733, de la cual la Sociedad Dominicana de Bibliófilos ordenó una traducción al español que fue publicada por esta misma institución en 1977. Otro cronista mayor de la época colonial que dejó varias obras, muy importantes todas, fue Médéric-Louis-Elie Moraeau de Saint-Méry, nacido en Martinica. Viajero y estudioso incansable, Saint-Méry escribió dos grandes libros dedicados cada uno a las partes francesa y española de la isla.

El de la parte española fue publicado primero en francés, en Filadelfia, en 1796 con el título "Description topographique et politique de la partie espagnole de l'isle Saint Domingue avec des observations générales sur le climat, la population, les productions, le caractère & les moeurs des habitans de cette colonie & un tableau raisonné des différentes parties de son administration. Accompagnée d'une nouvelle carte de la totalité de l'isle", pero luego fue publicado en inglés en la misma ciudad en 1798.

La primera edición dominicana es de 1944, y la segunda, revisada también fue realizada por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos en 1976.

El de la parte francesa merece ser traducido al español por su extraordinaria importancia para comprender la historia colonial dominicana en el siglo XVIII. Su título en francés es: "Description topographique, physique, civile, politique et historique de la partie française de l'isle Saint Domingue".

Estos no son todos los historiadores de tiempos coloniales que se ocuparon de la historia de la isla de Santo Domingo. Hay muchos más, y de ellos nos ocuparemos la próxima semana.
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