Revista|22 sep 2010, 5:07 PM|POR Diario Libre

Niños lentos para aprender: ¿cómo ayudarlos?

Muchos padres y madres y, hasta maestros y maestras, nos inquietamos de más cuando vemos un niño con un ritmo de aprendizaje más lento que los otros. Y la verdad es que cualquiera se preocupa, especialmente si es "nuestro" hijo.

Dice mi madre que ni los dedos de la mano son parejos, viejita sabía esta, pues esto se aplica muy bien al aprendizaje de niños y niñas. Unos van a una velocidad y otros van a otra. Algunos parecen volar y otros parecen ir sobre una tortuga.

Lo primero que debemos recomendar a los padres y madres es: "que no cunda el pánico", ya que podríamos hacer más daño que bien al niño o a la niña. Mantener la calma será un poco difícil si "es nuestro niño"; sin embargo, y aunque parezca contradictorio, entonces es cuando mantener la calma es obligatorio para poder observar con cierta objetividad.

Hemos visto niños y niñas quienes en sus primeros años de escolaridad presentan una lentitud que mueve a preocupación; no obstante, con un seguimiento constante y un trabajo en equipo, coordinado por un buen orientador, en poco tiempo se logra llevar al niño a desarrollar un ritmo de aprendizaje normal.

En cierta ocasión en que en el centro educativo que laborábamos, teníamos un niño que no sólo tenía problemas de lentitud en su aprendizaje, sino que presentaba una conducta distorsionada, agresiva contra los demás y contra sí mismo. La madre era llamada por la maestra constantemente para comentarle la conducta del niño y la lentitud en su aprendizaje.

Cuando ya la madre, la orientadora y la maestra parecían darse por vencidas, nos pidieron una sugerencia y entonces decidimos revisar la "lentitud" de Israel. Decidimos darnos un tiempo para observar sin hacer nada, sólo observar y descubrimos muchas cosas sobre el niño que no sabíamos. Luego, hicimos un plan para llevarlo al ritmo que, según su nivel de inteligencia sabíamos que podía alcanzar. Y comenzamos a trabajar, partiendo de la premisa de que el aprendizaje, como todo en la vida, se puede acelerar.

La madre, con quien trabajamos primero, aplicó los consejos y sugerencias que cada día le daba la maestra. Hoy, el niño es un estudiante excelente, ha recibido reconocimientos y es un inquilino permanente en el cuadro de honor del colegio. Lamentablemente, no todas las historias tienen un final tan feliz como esta, sin embargo, con las siguientes recomendaciones creemos que muchas lo tendrán.

1ro- Observe a su niño o niña. Fíjese si hay algo que lo/la distrae. Si usted piensa que hay algo que le afecta, intente descubrirlo.

2do_ No salte a conclusiones a la ligera. Analice, sin desesperarse. Trate de mantener la calma.

3ro- Nunca, nunca, nunca compare al niño o a la niña. Él o ella es único/a. usted debe cuidar su autoestima y, créame cuando le digo que una de las cosas que más daña la autoestima de un niño, son las odiosas comparaciones. Cada niño/a tiene su propio ritmo. Si usted quiere acelerar ese ritmo, deberá seguir un proceso. Y siempre deberá contar con la ayuda de un/a especialista.

4to. Dele tiempo y espacio. Suéltelo/a. Desde luego, usted estará observando desde lejos, sin que él/ella lo note. Si después de observarlo/a, el especialista le confirma que el niño o la niña es lento/a, siga las instrucciones del / la profesional.

5to- Actúe con naturalidad, como si no hubiese problema alguno. Es difícil, ¿verdad? Se trata de nuestro/a hijo/a, entonces con más razón, para que no nos haga más daño la medicina que la enfermedad.

6to- Busque progresos lentos. Esto es clave, pues muchas veces queremos que las soluciones sean rápidas y, lamentablemente, casi siempre las soluciones efectivas a los problemas van a tomar tiempo.

Si cree que su niño o niña es lento o lenta, no se angustie. Converse con su maestra, con la orientadora, ellas sabrán qué hacer. Siga sus instrucciones.

Y por último, jamás culpe al niño o a la niña de su lentitud. Si usted nota que es por pereza, motívele a estudiar.

Recuerde, él o ella tiene su propio ritmo, que usted deberá respetar y comprender. Una maestra experimentada, y su objetiva observación, podrán determinar las causas de la lentitud del niño o la niña

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