Sucesos|16 nov 2012, 12:00 AM|5|POR Rainier Maldonado

Tristeza e indignación en el Evaristo Morales por triple asesinato del martes

El hecho demuestra la indefensión que padecen los ancianos en el país
La casa donde se cometieron los asesinatos.

SANTO DOMINGO. En las inmediaciones de la casa donde el miércoles pasado asesinaron a dos empleadas domésticas y una anciana de 83 años, el aire que se respiraba en la tarde de ayer era triste y melancólico.

Ahora la residencia se ha vuelto tristemente famosa porque al pasar la gente la señala, y al mirarla surge en sus rostros la indignación y probablemente la afirmación de que nadie está ya seguro en este país.

La casa está flanqueada por construcciones, una al lado y otra casi al frente. El ruido de los taladros de las retro cavadoras es casi lo único que se escucha a mediados de la tarde. Los conserjes de los condominios hablan de la zona. Para ellos no se parece en nada a sus nativos barrios, donde la cercanía, sea por marginalidad o por calor humano, se vive de manera distinta a las altas torres donde trabajan de 7:00 a.m. a 7:00. p.m.

De la pareja de esposos, afirman que nunca dieron problemas. Ni tampoco se les sentía. "El señor, cuando no estaba en sillas de ruedas manejaba él su vehículo, pero después lo llevaba su chofer". Cuenta una de sus vecinas que la señora era una devota católica, que de vez en cuando rezaba el rosario en su casa junto a algunos de sus vecinos. Su iglesia de referencia era la parroquia El Buen Pastor. De las domésticas, en tanto, también en el entorno se conoce poco. Sólo las veían salir del trabajo.

"Todo el mundo aquí está indignado, fíjate, eran ancianos y sus domésticas", dijo uno de los vecinos.

Por coincidencia, la palabra "indignado" fue la que con más veces se escuchó en el testimonio de los entrevistados de la zona al preguntársele sobre su estado emocional al conocer la noticia.

La presencia de la Policía Nacional se siente en la zona con las investigaciones. Se llevaron al guardia de seguridad del condominio de enfrente de la casa para interrogarlo. Mientras tanto, la orden que se ha dado a los conserjes de los condominios ha sido elevar la seguridad y mantenerse siempre "trancao".

Problemas de inseguridad

Una de las vecinas que pidió reserva de su identidad, rememoró que en la calle José Brea Peña la frecuencia de actos criminales es alta. "Se roban carros, asaltan a la gente cuando sale a caminar en las mañanas y es un azote, pero tampoco pasa la Policía, y la calle está mal iluminada. Quizás si hubiese vivido un funcionario cerca o una figura pública, nada de esto estuviera así, y quizás tampoco nada hubiera pasado".

Exigir una mejora en la infraestructura pública, que haya más luz, agua y seguridad es un legítimo derecho de los ciudadanos porque para eso pagan impuestos. Sin embargo, a través del diálogo con el personal de seguridad de las torres de las cercanías, quienes conocen la realidad del entorno, también se corrobora que la indefensión puede ser producto de la falta de interacción en las comunidades residenciales, agravada aún más cuando se trata de personas de avanzada edad.

La soledad que se observa en la calle Brea Peña es un escenario común en las zonas más urbanizadas de la ciudad, donde la interacción entre los vecinos es reducida. "Por aquí nadie se visita entre ellos. Comparten poco. Una vez un doctor en el edificio se enfermó y algunos vecinos ni siquiera sabían quién era", aseguró uno de los conserjes. Esto, con el agravante de que el modelo de las juntas de vecinos se agota y se usa más el de administración de condominios, lo que acentúa el carácter individual y no colectivo ampliado.

En su descripción sobre el suceso, el general Ney Aldrin Bautista, director de la Dirección Central de Investigaciones Criminales de la Policía Nacional, señaló que las puertas de entrada a la residencia de los esposos Vicioso en el Evaristo Morales, no fueron violentadas. Es decir, los atracadores entraron sin resistencia dispuestos a cometer el crimen. Indefensos, los ancianos y sus domésticas, no pudieron defenderse. Al final, tres vidas resultaron tronchadas, familias heridas por siempre y una sociedad consternada.

Detalles de la tragedia

El suceso ocurrió en la noche del martes. La Policía informó que fueron tres jóvenes, borrachos, quienes cometieron el triple asesinato. Ellos entraron, amarraron a las personas y les exigieron que les entregaran el dinero. Los cadáveres de la señora Teresa Batista de Vicioso, de 83 años, y su doméstica Josefina Suero, de 43, los encontró la hija de la señora Teresa. Estaban acostados en sus camas, con signos de estrangulamiento y golpes. El cadáver de Lourdes Valenzuela, también doméstica, se encontró amordazado, ahorcado y abandonado por la avenida Mirador Norte. El señor José Vicioso, de 86 años, esposo de la señora Teresa de Vicioso, fue amordazado, amarrado en su silla de ruedas y torturado. Pero sobrevivió.

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