Urbanismo|16 feb 2013, 11:04 AM|5|POR Lourdes I. Fernández

Entorno de la UASD anarquizado por un gran mercado informal

Cerca de 100,000 alumnos asisten a la sede central cada día
Decenas de negocios informales rodean a la UASD
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SANTO DOMINGO. La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con 474 años de existencia que le dan prestigio y respeto en la comunidad académica local e internacional  cuenta con una matrícula aproximada de 181,000 estudiantes, entre la sede principal y las extensiones del interior,  está afectada por un entorno con negocios informales y formales que generan toneladas de basura cada día.


Cerca de 100,000 alumnos asisten a la sede central cada día, generando un flujo diario de personas muy dinámico en el sector donde está ubicado el campus.

Esta población flotante crea una gran demanda de servicios de transporte, comida, comunicación, libros, materiales, farmacia que la Universidad solo cubre parcialmente. Para llenar este vacío se han instalado negocios formales e informales en su alrededor que a diario mueven mucho dinero.

Los negocios formales están relativamente organizados, sin embargo, tampoco suplen el mercado, entonces vemos como los espacios públicos del amplio perímetro universitario se han convertido en un mercadito, donde se comercializa prácticamente de todo, los vendedores se van parando uno al lado del otro hasta crear un "punto comercial", su ubicación es anárquica, hay tramos donde se impide el paso libre de los peatones por las aceras y entorpece el tránsito de vehículos por las calles, la situación toma connotaciones más serias cuando vemos el inadecuado manejo y venta de alimentos, estos individuos pasan un promedio de 8 a 10 horas diarias en sus puntos de venta y sus necesidades físicas o de aseo se hacen donde sea posible, muchas veces en plena vía, es que no hay baños públicos disponibles.

Los desechos sólidos parecen cobrar vida propia, a pesar de los esfuerzos de las autoridades municipales, la limpieza parece una tarea imposible, los transeúntes tiran desperdicios al suelo, los vendedores acumulan sus desechos del día, no hay suficiente equipamiento que permita almacenar la basura hasta la recogida, entonces se improvisan pequeños vertederos, como si fuera todo un homenaje al desastre.

Algunos aspectos positivos se derivan de este fenómeno: la Zona Universitaria cuenta con uno de los mejores servicios de transporte público, empero,  es anárquico, muy pocos respetan las normas, las rutas de autobuses establecen paradas sin previo aviso y donde les parece mejor, con una ausencia total de controles por parte de las autoridades estatales, universitarias y mucho menos de la comunidad que vive en el sector.

 

Este gran caos provoca la queja de todos, residentes, comerciantes, transeúntes y universitarios, parecería que el entorno de UASD se ha convertido en tierra de nadie. Los vendedores por su lado ejercen presión al Gobierno para que no los quiten del lugar, los transportistas también hacen lo suyo, apelando a que están desempleados y son ¨PDF¨ padres de familia, status que parece darles cierta licencia para anarquizar y apropiarse de los espacios públicos, espacios que son de todos, las autoridades no toman acción y siguen aumentando el desorden haciéndose cada vez más inmanejable.

Muy complejo


El problema es complejo, urge una intervención que regule de forma definitiva y sostenible en el tiempo. Se debe llegar a un punto de equilibrio, teniendo en cuenta que la solución debe ser inclusiva y participativa, no puede salir del escritorio frío de un equipo técnico, junto a estos deben accionar todos los actores , comerciantes, transportistas, residentes y sobre todo los que dan origen a esta situación, los universitarios tanto autoridades como estudiantes, quienes deben asumir el compromiso de ser parte de la solución.

Es impostergable el establecimiento y aplicación de reglas claras que permitan que las actividades se desarrollen de manera ordenada y segura, entonces cada uno de los sectores se debe convertir en fiscalizador del cumplimiento de este proceso.

 

Santo Domingo es una urbe viva, en constante cambio, con grandes problemas, pero las mega-soluciones requieren más presupuesto, más aprobaciones, más técnicos, más tiempo, en fin son más difíciles de lograr, especialmente en tiempos de crisis, son momentos de promover una gestión urbana con soluciones sectoriales apegadas a un Plan Maestro y que involucre a todos los segmentos que intervienen, esto puede hacer la diferencia para convertir la ciudad en un espacio más vivible, más humano y más amigable en términos sociales, ambientales y económicos.

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