MONEDAS - El disminuido dólar
Una de las pocas calamidades que no ha sufrido la economía mundial durante los últimos dos años es un desplome del dólar. Durante la época de burbuja que los precedieron, muchos (incluyendo The Economist) temían que los extranjeros, cansados del creciente déficit externo de Estados Unidos, harían tambalear el dólar y disparar las tasas de interés hacia el cielo. De hecho, ocurrió lo contrario. La crisis comenzó en Estados Unidos, y mientras más profunda se hacía, más se fortalecía el dólar, pues inversionistas temerosos buscaban refugio en los bonos del Tesoro. Entre septiembre de 2008 (cuando cayó Lehman Brothers) y marzo de 2009 (cuando tocó fondo el mercado de valores de Estados Unidos), el dólar subió casi un 13% sobre una base comercial ponderada.
Esa historia merece la pena tenerla en cuenta al evaluar la última ola de mal humor sobre el futuro del dólar. Durante los últimos seis meses, el dólar ha ido disminuyendo de manera constante, llegando al mínimo de 14 meses contra una cesta de monedas principales y $1.50 contra el euro esta semana. La caída ha puesto nerviosos a los políticos en las economías cuyas monedas están aumentando, en particular Brasil, donde ha sido establecido un impuesto del 2% a las entradas de capital extranjero. Junto con la extraordinaria imprecisión de la política estadounidense, la debilidad del dólar también ha reavivado los temores de una caída de la moneda. Con el déficit presupuestario en los dos dígitos y las hojas de balance de la Reserva Federal hinchadas, los tenedores de dólares, una vez más, están pronosticando que la caída podría llegar a ser una derrota y significar el fin del estatus del dólar de los Estados Unidos como moneda de reserva del mundo.
La declinación del dólar se ha magnificado. Se exagera la magnitud de la caída y no se entiende la causa. Gran parte de la reciente debilidad simplemente revierte la anterior fuga de dólares a refugios seguros -una señal de optimismo de los inversionistas que poseen los activos más riesgosos-, en lugar de los temores sobre la divisa de Estados Unidos. Sobre una base comercial ponderada, el dólar hoy está cerca de donde estaba antes del fracaso de Lehman. El rendimiento de los bonos del Tesoro no ha aumentado y el "spread" sobre los activos más riesgosos en dólares continúa reduciéndose. Si los inversionistas estuvieran cada vez más recelosos del dólar, debería haber ocurrido todo lo contrario.
Además, un dólar más débil es lo que cabría esperar, dada la relativa debilidad cíclica de la economía de Estados Unidos. Gracias a la resaca de la crisis financiera, la recuperación de Estados Unidos será más lenta que la de otras economías, especialmente las emergentes. Eso sugiere que la política monetaria de Estados Unidos seguirá siendo imprecisa por más tiempo, empujando al dólar hacia abajo. Un dólar más débil también debería contribuir a reequilibrar la economía mundial, ayudando a reorientar la economía de Estados Unidos hacia las exportaciones. Así pues, en general, esto debe facilitar y no obstaculizar la recuperación mundial.
Aún preocupado después de todos estos años
Eso no significa que los temores de los que se preocupan carezcan de fundamento. Tres peligros persisten. En primer lugar, la caída del dólar está distorsionada. La economía más dinámica del mundo, China, ha mantenido su moneda atada firmemente a la moneda estadounidense. Esto está obstaculizando el ajuste de la economía de China, lo que alimenta peligrosas burbujas de activos nacionales, e impone una carga innecesaria en las monedas de otras economías más flexibles. En segundo lugar, las políticas fiscales y monetarias de Estados Unidos son insostenibles. El peso de la carga de la deuda se duplicará y, con las políticas de hoy, seguirá aumentando durante una década. En tercer lugar, la crisis financiera ha acelerado el cambio relativo de peso económico fuera de Estados Unidos, lo que acelerará la posterior erosión de la posición dominante del dólar.
Aun así, es poco probable que se provoque una crisis repentina. Aunque el desorden fiscal de Estados Unidos va a durar por años, no es agudo. La inflación no se disparará de repente. Sin el euro ni el yuan preparados para sustituirlo, el dólar no perderá rápidamente su categoría de moneda de reserva. La lección del año pasado es que sigue siendo una divisa para huir con ella, no de ella.
Nada de esto absuelve a los políticos estadounidenses de tomar las decisiones difíciles. Sin embargo, un peligroso derrumbe del dólar es poco probable.
Durante los últimos seis meses, el dólar ha ido disminuyendo de manera constante, llegando al mínimo de 14 meses contra una cesta de monedas principales y $ 1.50 contra el euro esta semana. La caída ha puesto nerviosos a los políticos en las economías cuyas monedas están aumentando, en particular Brasil.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com