Venezuela|04 mar 2013, 12:23 PM|POR Diario Libre
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La última batalla del comandante Hugo Chávez

Un perfil del expresidente de Venezuela

SANTO DOMINGO. Hugo Chávez ha librado su última batalla. La muerte, que por años se le aparecía en sueños recurrentes, como una perseguidora mujer de largas uñas moradas, por fin lo ha alcanzado.

El expresidente venezolano Chávez pasó los últimos meses de su vida en guerra contra un cáncer que, a fin de cuentas, lo ha vencido.

Llegó a la escena política de una Venezuela tan rica en petróleo y en pobreza como decepcionada de la corrupción del bipartidismo.

En 1985, el joven oficial Chávez, que tenía secretas pretensiones presidenciales, rescató de su genealogía a su bisabuelo materno Pedro Pérez Delgado (Maisanta), una figura a medio camino entre el bandido y el revolucionario que solía usar como enseña una bandera negra con una carabela de tibias cruzadas, como los piratas.

En procura de una heráldica patriótica, en 1992, cuando estuvo preso por golpista, sus parientes le entregaron el escapulario de Maisanta, una joya familiar que ellos entregaban como profesión de fe de que él podría llegar a enrumbar a Venezuela por los caminos que aquel pariente había soñado en el siglo XIX.

Venerador de El Libertador Simón Bolívar desde la niñez, Chávez durante toda su vida no tuvo reparos en considerarse su sucesor. Hacía acopio de las propuestas del héroe que concibió la Gran Colombia, y en alguna ocasión llegó a hablar de ambos como una sola persona: "Lo que Bolívar y yo queremos es...".

"Bolívar resucita cada cien años", solía decir citando a Neruda y en una sutil referencia a sí mismo.

¿Pero, quién fue Hugo Chávez?

Hugo Chávez Frías, nació gracias a la labor de una comadrona el 28 de julio de 1956, en una casa de palma de Sabaneta de Barinas que solo fue su hogar hasta los cuatro años.

A causa de su precaria situación económica, sus padres cedieron la crianza de Adán y Hugo, los hijos mayores, a la abuela Rosa Inés, porque no podían sostener a seis niños.

Para mantenerlos, la abuela hacía unos dulces de lechosa que en Venezuela llaman arañitas, y el pequeño Hugo salía a venderlos por las calles de aquel humilde pueblo del llano que solo tenía luz eléctrica entre 6:30 y 10:30 de la noche.

El primer día que Hugo fue a la escuela no lo dejaron entrar porque llevaba unas alpargatas viejas que utilizaba. En el portal, la abuela y él lloraron de impotencia.

Aquel pequeño al crecer sería presidente de Venezuela y que, en 2006, en la Asamblea de las Naciones Unidas se referiría al presidente del país más poderoso del mundo, a George Bush, de esta manera:

"Ayer el diablo estuvo aquí. En este lugar huele a azufre".

El zurdo que se montaba

Con el Diario del Che Guevara en la maleta, Hugo Chávez ingresó en la academia militar en 1971, más por tener acceso al equipo de béisbol que por ganas de ordenar o recibir órdenes.

Por un guiño del destino, el cadete Chávez se destacó en la academia y en un desfile militar rindió honores al entonces presidente Carlos Andrés Pérez, el hombre al que luego intentaría derrocar.

Su espíritu conspirador afectó sus relaciones familiares. Dos veces se casó Chávez. La primera con su compueblana Nancy Colmenares, con la que tuvo cuatro hijos, y la segunda con la ex miss universo Marisabel Rodríguez, con quien tuvo una niña.

Por diez años, Chávez tuvo una relación de pareja con la historiadora Herma Marksman que, en 1994, terminó con él, un tanto perpleja por su mesianismo. Su compañera luego declaró en la prensa que el Chávez que salió de la cárcel, tras ser apresado por golpista, no fue el mismo que entró.

De hecho, desde 1992 habían contribuido a sus ínfulas las filas que, en los días de visita, hacía la gente fuera de la cárcel solo para conocerlo, para llevarse de él un autógrafo.

Un capellán del Ejército que fue la primera persona en entrar a su celda le entregó una biblia y le dijo al oído: "Levántate, que en la calle eres un héroe".

Los golpistas tenían dos líderes: Hugo Chávez y Francisco Arias Cárdenas, y votarían para decidir cuál de los dos sería el principal. Esa noche en la prisión Cuartel San Carlos -según el libro Chávez sin uniforme, de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka- el comandante de los golpistas con su tabaco en las manos fingió una voz de anciano y saludó a los soldados. Unos creyeron que era el espíritu de Bolívar, pero "la voz" aclaró que era Maisanta y pidió que apoyaran a su biznieto Chávez.

Los oficiales votaron 6 a 3 a favor de Chávez, que "se montó".

Cuando al día siguiente Arias le dijo que aclarara que lo del espíritu había sido una broma, Chávez exclamó que todo empezó como un relajo pero luego sintió dentro una fuerza superior.

"Por ahora" nos vencieron

En el golpe de estado de febrero de 1992 a Carlos Andrés Pérez, murieron 30 personas y estuvieron involucrados 2,367 uniformados pertenecientes a diez batallones. La acción fracasó, porque alguien los delató y terminaron en la cárcel.

"Me sentí como un tigre enjaulado. No sabía cómo enfrentar esto, cómo dirigir", diría después Chávez que había concebido el golpe animado por el disgusto general de la población.

Preso, cuando le pidieron llamar a sus oficiales leales a deponer las armas, Chávez les pidió a los militares de Carlos Andrés Pérez que le dieran tiempo para lavarse la cara y ponerse su boina roja antes de dirigir el mensaje televisado.

"Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el regimiento de paracaidistas de Aragua, en la brigada blindada de Valencia.

Compañeros, lamentablemente, por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros aquí en Caracas no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá. Pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones, y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor, así que oigan mi palabra, oigan al comandante Chávez, quien les lanza este mensaje para que, por favor, reflexionen y depongan las armas, porque ya, en verdad, los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, su desprendimiento, su valentía ante el país y ante ustedes asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias".

El "por ahora" en el breve discurso de Chávez quedó en la sociedad como una amenaza y como una esperanza. Inspiró canciones lo mismo que recelos y espionaje.

De los cuarteles al palacio de Miraflores

Hugo Chávez cambió de estrategia para lograr el poder: la vía democrática. Se presentó como candidato presidencial de una coalición de partidos: el Polo Patriótico.

La alianza la conformaban el Movimiento V República (MVR); el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP); el Movimiento al Socialismo (MAS); El Partido Comunista de Venezuela (PCV) y Patria Para Todos (PPT).

Ganaron con un 56.44% de los votos el 6 de diciembre de 1998. Le esperaba un quinquenio de altibajos. En enero de 1999 tuvo su primer encuentro con Bill Clinton, el presidente de Estados Unidos, y le regaló el libro Bolívar Forever.

La fricción entre ambas naciones empezó cuando, cinco meses después, Chávez se opuso a que los aviones antinarcóticos de EE.UU. sobrevolaran territorio venezolano.

En 2002, el 11 de abril, Chávez sufrió por 47 horas un poco de su propia medicina. Acababan de darle un golpe de estado. En aquel momento, que se vio apresado y despojado del poder, pensó -quizás con razón- que si le sucedía algo podía armarse una guerra.

Aunque quisieron obligarlo a renunciar, no lo hizo y envió un mensaje al presidente cubano Fidel Castro, que lo llamó a Miraflores y lo exhortó a salvar a su familia, salvarse él y no inmolarse, según contó a Miguel Bonasso, que lo publica en su libro Entrevistas con líderes de América.

"Mira, te voy a decir algo, salva a tu gente y sálvate tú, haz lo que tengas que hacer, negocia con dignidad, pero no te vayas a inmolar, Chávez, porque esto no termina aquí. No te vayas a inmolar", le dijo Castro en una llamada desde la Habana.

Hubo veinte muertos y más de 110 heridos. Pero aquello no pasó de ser un susto. Cuatro años después, en 2006, Chávez se presentó a las elecciones y ganó con un 62.84% de los votos.

Con un discurso sobre el origen y la lucha contra la pobreza como lema, dividió a su manera el país entre pobres y ricos. Y caló como el esperado redentor entre los primeros que son el 80% de la población venezolana.

Armamentos y conspiraciones

Chávez reconoció que tenía cáncer en junio de 2011. Su ausencia había despertado suspicacia tanto en su país como fuera de él. Se trataba de un año preelectoral y su partido esperaba llevarlo como candidato por tercera vez.

En Cuba, Fidel Castro que fue su mentor y guía, puso a su disposición personal médico y alojamiento cuando lo operaron y en las rondas de quimio y radioterapia.

El 29 de diciembre de ese año Chávez, eterno conspirador, lanzó la pregunta retórica de que si no les parecía raro que varios presidentes y líderes de Latinoamérica estaban padeciendo cáncer.

En esa época había varios mandatarios o líderes considerados de izquierda de la región que sufrían cáncer, como la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; su antecesor, Luiz Inacio Lula da Silva; el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, y la presidenta argentina, Cristina Fernández.

En una ocasión, Chávez le confesó a Bonasso que se encontró en sueños con la muerte, "esa mujer madura pero bella", y le dijo: "No, no, no, oye ¿qué derecho tienes tú para llevarme a mí qué voy a hacer después con esos niños?". Se refería a los niños pobres que quedarían a merced de "los traidores".

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