De silla a trono
La historia lo indica, los liberales se tornan conservadores cuando gobiernan. La silla presidencial, con el ejercicio del poder, se hace trono. El discurso de los principios termina en el ejercicio más pragmático. La institucionalidad se posterga para favorecer el personalismo. Las circunstancias dictan las acciones y las conveniencias las motivan. El dirigente democrático se convierte en jefe. Los espacios de disenso se reducen. Las democracias tropicales se pierden por el espíritu servil de los que obedecen más que por inclinación dictatorial de los que mandan. Los ciudadanos que no se arrastran impiden el surgimiento de los que se encumbran. hfigueroa@diariolibre.com
Diario Libre
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