Yzaguirre en los cerros de Úbeda
Los gringos tienen formas raras de apretar...
El embajador norteamericano quisiera echar agua al vino cuando no cree lo que del padre Hartley pueda afectar el país. Aunque sin dudas esa uva no pertenece a la Viña del Señor.
El diplomático no conoce los antecedentes y menos el propósito final del cura inglés, que no es el respeto a las leyes laborales. Decir que aquí hay esclavitud llora ante la presencia de Dios. Tampoco apreció el ánimo de los comisionados que lo acompañaron en su visita a la Cancillería, que no sólo repitieron las advertencias del prelado, sino que se comportaron como imperialistas.
Que es la conducta que también observan con los azucareros, el sector del cual quiere tomar venganza el incansable y fatídico Hartley. Él cree que ellos lo sacaron del país.
Los norteamericanos no llegan, irrumpen, y sin ni siquiera sentarse, hacen un alerta ominoso a sus anfitriones. Que cuidado si toman represalias contra los trabajadores o los denunciantes.
Asumen todo como una verdad absoluta e irrebatible. Y lo grave es que no solo son fiscales, también jueces. Someten, pero igual juzgan y condenan. Al país se le viene el mundo encima, y el embajador Yzaguirre ni se entera.
Diario Libre
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