La campaña está mostrando muchas realidades. Que la sociedad está extremadamente dividida. Que este gobierno no es el gobierno de todos los dominicanos, sino sólo el de sus seguidores. Que socialmente el espionaje telefónico no merece el repudio ni tiene castigo. Que el clientelismo está muy lejos de ser asumido como un grave freno al desarrollo; ni los políticos ni sus bases ven la ventaja de combatirlo.
Que las "injerencias" extranjeras sólo se rechazan si favorecen al contrario. Que la seguridad jurídica y el respeto a los derechos ciudadanos básicos no preocupan más allá del caso personal. Que la generación de relevo en los partidos es inexistente y que los casos puntuales que se pueden nombrar responden exactamente a los mismos comportamientos y mentalidades de sus predecesores. Que no hay ninguna diferencia ideológica sustancial entre las opciones que se presentan al votante. Que funciona repetir los mismos clichés políticamente correctos que se llevan cantaleteando desde hace al menos dos décadas.
Que no hay proyectos concretos para combatir los problemas concretos: ni para la creación de empleo, ni para la reforma de una policía y unos cuerpos militares corruptos y obsoletos, ni para combatir la corrupción que, de obvia y grosera, empieza ya a ser asimilada como normal.
Que cada vez es más caro hacer campaña y que por lo tanto, los partidos o movimientos pequeños no tienen nada que hacer en un futuro. Y que el liderazgo en los dos partidos grandes, gane quien gane... va a cambiar.
IAizpun@diariolibre.com
Que las "injerencias" extranjeras sólo se rechazan si favorecen al contrario. Que la seguridad jurídica y el respeto a los derechos ciudadanos básicos no preocupan más allá del caso personal. Que la generación de relevo en los partidos es inexistente y que los casos puntuales que se pueden nombrar responden exactamente a los mismos comportamientos y mentalidades de sus predecesores. Que no hay ninguna diferencia ideológica sustancial entre las opciones que se presentan al votante. Que funciona repetir los mismos clichés políticamente correctos que se llevan cantaleteando desde hace al menos dos décadas.
Que no hay proyectos concretos para combatir los problemas concretos: ni para la creación de empleo, ni para la reforma de una policía y unos cuerpos militares corruptos y obsoletos, ni para combatir la corrupción que, de obvia y grosera, empieza ya a ser asimilada como normal.
Que cada vez es más caro hacer campaña y que por lo tanto, los partidos o movimientos pequeños no tienen nada que hacer en un futuro. Y que el liderazgo en los dos partidos grandes, gane quien gane... va a cambiar.
IAizpun@diariolibre.com