La malicia ataca sin miramientos, pero la bondad prudente no responde igual. La malicia tiene los modales del arrabal, ensucia y rebaja. La bondad, siempre educada, muestra como gesto más hostil el silencio. La malicia es agresiva ante todo lo que es más noble. La bondad comprende que de lo retorcido no puede salir nada derecho. La malicia es enana pendenciera que enfrenta lo mejor. La bondad es un gigante que ennoblece lo peor. La malicia tira a los limpios al fango. La bondad intenta limpiar a los sucios y, si no puede, pasa sin tocarlos. Salpican: ¡aléjense del chiquero! hfigueroa@diariolibre.com
Aléjense del chiquero
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